Los valores fundamentales y “lo que la naturaleza nos enseña”

por Óscar Lazo, Rocío Nuche, Tomás Ojeda y Bernardita Riesco*

(cc) veritascapitur.cl

Muy pocas veces en las últimas décadas los obispos de todas las iglesias Cristianas han hecho declaraciones conjuntas sobre temas de debate público. El lunes 3 de octubre lo hicieron para hablar sobre los “valores fundamentales” que se consagran en el matrimonio, la familia y la defensa de la vida humana. En su carta, dirigida al Presidente de la República, miembros del Poder Judicial y legisladores de ambas cámaras, hicieron explícitas sus aprehensiones respecto a los proyectos de ley de Aborto terapéutico, de Acuerdo de Vida en Pareja (especialmente entre personas del mismo sexo) y respecto a la inclusión del término “orientación sexual” en el proyecto de ley Anti-discriminación. Califican estas iniciativas como “atentatorias al desarrollo de valores e instituciones fundamentales” en un país cuyo 85% se declara cristiano.

Pese a la limitada difusión y cobertura mediática, la carta impactó de diversas maneras a cristianos de diferentes iglesias chilenas, y nos ha entusiasmado a discutir y reflexionar más profundamente respecto al efecto de este llamado conjunto de nuestros pastores, sobre todo entre quienes reconocemos en ellos cierta autoridad y conocimiento sobre estas materias valóricas. Confiamos en que la diversidad que nuestra reflexión expresa, contribuya al diálogo como medio privilegiado de colaboración con los pastores y toda la comunidad.

En primer lugar, llama la atención situar al mismo nivel de atentado contra los valores fundamentales al aborto, las uniones civiles y al uso del término “orientación sexual”. Sobre todo si nos hacemos cargo con responsabilidad y caridad del efecto que este discurso tiene sobre las personas afectadas, ya sea por su condición o por las elecciones que han abrazado. Ciertamente, la defensa de la vida humana desde antes de nacer no puede ser asumida como sinónimo de perseguir moralmente a las madres que se constatan en situaciones límite, sino como la necesidad de convencer fraternalmente de cuánto valor tiene la vida humana en cualquier estadio. Peor aún, dicho juicio moral no puede compararse arbitrariamente con lo que viven los sujetos homosexuales y heterosexuales frente a la posibilidad de ser discriminados o de acceder a modos de formalizar civilmente su unión de hecho. Al culpabilizarlos por dañar la familia, el matrimonio y la vida, se les inflinge a todos estos compatriotas un daño innecesario, validado desde un sitial de autoridad que pareciera irrefutable.

Una lectura discernida del documento nos obliga a preguntarnos por la definición de familia y qué país se funda sobre esta base. Lo primero que habría que advertir es que la diversidad de realidades familiares nos dejan ver con creciente fuerza que el sacramento del matrimonio no sería el único lugar donde la familia se manifiesta en plenitud. En ese sentido, lo fundamental es que los valores sean vividos, enseñados y aprendidos en una familia concreta, cualquiera sea su historia y circunstancias peculiares, más allá de la generalización de una familia ideal. Habría que discutir seriamente las razones por las cuales algunos creen fehacientemente que las leyes de unión civil y de no-discriminación en contra de los homosexuales dañan a la familia, cuando en el ámbito académico se acumula creciente evidencia de lo contrario. En estas realidades se expresa la diversidad de estilos y formas con que el amor humano se consagra y vuelve fecundo, y resulta pretencioso que las iglesias cristianas nos arroguemos su definición y delimitación. Nuestra certeza de que la familia es iglesia doméstica, no nos faculta para tratarla como una invención original del cristianismo. Más bien, la familia nos inspira el respeto de una institución cuyo sentido y estructura son un regalo que nos precede.

En la ética cristiana concurren necesariamente la mirada de amor que aprendemos del Padre Dios y la denuncia profética para restaurar y cautelar la dignidad del sujeto humano. Tememos que la carta de nuestros pastores deja fuera a personas que, optando por la fidelidad a lo que naturalmente sienten como verdadero, encarnan la diversidad que toda sociedad democrática debiese acoger y respetar. Valorar sólo algunas manifestaciones de la naturaleza y tildar otras como errores o desviaciones es justamente no reconocer “lo que la naturaleza nos enseña acerca del amor humano, la vida y la familia”, cuya principal y más evidente característica es la diversidad.

Quizás el Pueblo Fiel pueda y deba exigir de sus Pastores transparentar el diálogo, junto con acompañarlos con cariño y cercanía en su ministerio episcopal para fortalecerlo. Estar dispuestos a caminar juntos hacia una comunidad más inclusiva y más dialogante con la sociedad y sus signos no nos pondrá en peligro, al contrario, enriquecerá la relación entre nuestras iglesias, cada uno de nosotros y su Señor.

* Óscar, Rocío, Tomás y Bernardita; neurobiólogo, médico, psicólogo y socióloga, respectivamente,  son jóvenes profesionales que participan de CVX adultos.

 

39 comentarios »

  1. Carmen Luz Güemes A.

    02/11/2011 at 12:40

    A etas alturas y dado lo que uno ve en los medios de comunicación más conocidos, me pregunto si de verdad lo que expresan “Confiamos en que la diversidad que nuestra reflexión expresa, contribuya al diálogo como medio privilegiado de colaboración con los pastores y toda la comunidad” tiene algún efecto, o si nuestros pastores, realmente tienen un deseo profundo de querer dialogar y escuchar al Pueblo Fiel.
    Los felicito por la perseverancia y el no querer bajar los brazos.

     
  2. Nicolás de la Maza

    02/11/2011 at 15:36

    “Más bien, la familia nos inspira el respeto de una institución cuyo sentido y estructura son un regalo que nos precede.”

    ¿Cuál es “ese” sentido? Yo creo que lo central pasar por ahí. Si no hay acuerdo en eso, el fondo, difícilmente podemos pasar a hablar de las formas.

     
  3. jossasj

    02/11/2011 at 16:05

    Con mucho aprecio por el esfuerzo que este grupo multidisciplinar quisiera aportar con algunas reflexiones que tienen que ver más bien con el método.

    Encuentro válido los puntos sostenidos por ustedes. A mí también me sorprendió lo poco matizada y la ausencia de un talante pastoral (no es lo mismo declarar el talante que tenerlo). Me dije en su momento que esto se debía a la entendible falta de sintonía de este (¿primer?) esfuerzo ecuménico de este tipo.

    Con todo creo que la CVX adulta debe también, espiritual y metodológicamente, una acogida a lo que en el fondo se quiere proponer o defender en la carta de los obispos y autoridades eclesiales.
    El hecho de que son autoridades de la Iglesia, nos pide un forma y metodología de acogida de la proposición del prójimo especialmente atenta y delicada sobre todo si vamos a disentir en la forma y/o contenidos de fondo.

    Además, en los tema de la vida, la familia sexualidad, como en otros aspectos de la vida humana, hay una enorme gama de valores a ser estimados, sopesados y jerarquizados.

    Porque las diferentes opciones política, económicas, familiares, de pareja, sexuales tienden a conducir a diferentes realidades y resultados de los cuales nosotros somos responsables (“más acá” de lo que el Señor haga con nuestro barro, porque nuestro actuar no le quita su señorío misericordioso).

    A veces me da la impresión que la comprensión y la misericordia llegan demasiado rápido y que los temas no están suficientemente desplegados en su complejidad, lo que a la larga produce una comprensión superficial y una misericordia inadecuada.

    Como las opiniones y/o juicios de ustedes tienen un sustrato y horizonte ético político, echo de menos en el equipo personas que puedan iluminar desde la fenomenología, la ética y el derecho. Por supuesto podemos, desde el sentido común de nuestra humanidad, emitir juicios sobre lo bueno y lo malo sin ser expertos, pero no creo que esté en la intención de tan selecto grupo hacerlo. Sobre todo que el diálogo que ustedes impulsan necesita esa transparencia, que con la ayuda de ideas lo más claras y distintas que se pueda, muestra no sólo la honestidad del diálogo sino también la hondura debida a la profundidad de los temas.

    Mucho ánimo en todo lo que contribuya buenamente a la opinión pública en la Iglesia… esta última es una contribución a la cultura que no puede seguir esperando.
    Muchas gracias.

     
    • Ber Riesco Binimelis

      07/11/2011 at 14:08

      Javier, muchas gracias por tus palabras, comentarios y propuesta/corrección fraterna y cariñosa.
      Nos anima a seguir perfeccionando el método, creciendo en profundidad y enriqueciendo la reflexión para aportar a la discusión de tantos temas en los que nos hemos quedado cortos, como CVX y como Iglesia, al buscar responder las preguntas ¿que hay de Dios y de palabra de Dios en cada situación? ¿qué diría/haría Cristo frente a tal escenario? entre otras.
      Esperamos que otros tantos se animen a ser voz y testimonio de lo que el Señor nos revela como pueblo fiel cuando nos abrimos a la acción del espíritu y al diálogo honesto, fraterno, respetuoso y responsable.

       
  4. Nicole Vásquez

    02/11/2011 at 16:36

    Muy buena reflexión! Muchísimas gracias a los autores. Creo que refleja la opinión de muchos miembros d ela Iglesia que no nos sentimos representados/as con lo expuesto en la carta de los obispos. Espero que sigamos avanzando en espacios de diálogo y opinión tanto en nuestra Iglesia como en nuestra sociedad, para que nadie quede afuera por miedo a abrir nuestra mirada y dejar que “lo distinto” sea parte del mensaje cristiano, haciéndose familiar y fraterno, tal como Jesús lo trasmitió.

     
  5. Miguel Espinoza

    02/11/2011 at 17:35

    Primero felicitarlos por el texto. Justo esto coincide con la exposición del programa “Esto no tiene nombre” de TVN. Parto por decir, que ayer sentí una profunda tristeza por mi Iglesia Católica, pena de ser católico. Nunca he dudado de la existencia de Dios, pero por primera vez me pasó que dudo de la institucionalidad católica, de su actuar, de su carisma. El concepto de Dios, acerca a un ente compasivo, empático, conocedor de ser humano en toda su manifestación, respetuoso y contenedor del dolor humano ayer simplemente desapareció del discurso de este sacerdote (no puedo recordar su nombre en este momento). No podía creer que su respuesta ante la consulta del periodista sobre si la profesora lesbiana (que acusa discriminación laboral por su condición) no hubiese dado a conocer su condición sexual, ésta hubiese seguido siendo idónea para ejercer como profesora de religión, él contesto que sí. No puedo creer que la Iglesia en que creo, es capaz sacar de ejercicio a una docente competente por su condición sexual, solo porque ama a una mujer y no a un hombre, pero que puede llegar a conocer el amor de Dios tanto como un heterosexual, a menos que Dios tuviese tratos especiales por condición sexual. La ética de las iglesias hoy esta a un nivel de poca concordancia entre lo profesado y los actos, y esa es la gran crisis que aleja cada vez más a las personas de su seno. Hoy muchos son cristianos o creyentes y no mencionan la atribución católica. Y el 70% que se declara católico en Chile esta relacionado con el ‘status’ que genera, el valor social que aun tiene. Las Iglesias tienen un temor fundado sobre discutir temas de la sociedad del 2000, porque aun viven en el 1500. Creo que el pueblo fiel ya esta exigiendo, aunque no de la manera correcta: dejando iglesias vacías, donde gran parte de quienes asisten son personas mayores. Esa tal vez sea la manifestación más clara del descontento con su doctrina. Un abrazo!

     
  6. Isidora Mosella

    06/11/2011 at 18:54

    Jesús aceptaba a las prostituas, ladrones, pecadores, etc..Y, ¿la Iglesia “moderna” no es capaz de aceptar a homosexuales, cuando se supone que uno le tiene que ser fiel al amor sincero que uno siente? Entonces, ¿que espacio tienen ellos para desarrollar su amor por la familia y el sueño de formarla?
    Los tiempos han cambiado, y las personas tienen que darse cuenta que TODOS tenemos derecho a tener familia, a pesar de nuestra inclinación sexual, ya que es la base de la vida que nos permite dejar algún tipo de legado a herencia a nuestra descendencia. Pero entonces, ¿si considera la Iglesia a los homosexuales un atentado contra el concepto de familia, qué oportunidad tienen ellos de llegar a ser plenamente felices?
    La sociedad, y especialmente la Iglesia, tiene que empezar a cambiar su cultura, ya que o sino nunca todos, TODOS, vamos a tener un espacio digno en este mundo, ya que hasta ahora siempre hay una razón por la cual criticarte o excluirte.
    Bueno, esa es mi opinión, no tiene muchos fundamentos pero creo que todos tenemos el derecho de amar a quienes queremos, sin dejar de sentirnos dignos o raros.
    Gracias por la columna, muy buena!

     
  7. Pato Acevedo

    14/11/2011 at 22:36

    Ya que la invitación es al diálogo, dialoguemos. Y ya que dialogamos entre católicos, tomemos como punto de partida el Catecismo de la Iglesia Católica, recordando que todos estamos llamados a la castidad.

    Entonces cabe preguntarse ¿de qué forma puede ayudar a vivir la castidad una legislación que ampara las uniones de hecho?

    Uno puede decir “no es labor del Estado promover la castidad” pero estaremos de acuerdo en que sí es la labor de los pastores cristianos, y en ese sentido, la declaración de los pastores no corresponde más que a su justa y necesaria labor.

    La otra opción es decir “los homosexuales no están llamados a vivir castamente”, pero ese ya no es un diálogo entre cristianos.

     
  8. Oscar

    15/11/2011 at 17:44

    Agradecemos muchísimo todos los comentarios. Estamos felices con la empatía de muchos que indignados con la falta de tolerancia, quieren responder con cariño y diálogo diverso, proponer y corregir fraternalmente.

    Me parece estupenda la idea de Javier Ossa sj de incluir perspectivas de horizonte explícitamente ético y político en nuestro análisis. Y de hecho, con toda patudez lo invito a sumarse a las reflexiones que en adelante propongamos con este grupo espontáneo, que con un poco de suerte podrían volver a ser columnas.

    Me alegra también el comentario de Pato Acevedo, porque ilustra de buena forma el sentir de fieles católicos que abrazados al catecismo sienten temor o culpa frente a cierta diversidad. Me parece que la respuesta más sencilla tiene que ver con que la castidad es fruto de la libertad, y si necesitamos a la ley para sostenerla, entonces nuestra libertad es un artefacto de la ley. En una segunda capa, habría que decir que si el catecismo (expresión oficial, pero no única de la tradición pedagógica de la iglesia) no dialoga con el sentir del pueblo fiel y con los signos de los tiempos, entonces el catecismo no sería palabra de humanidad.

    Yo creo en un catecismo que es palabra de humanidad, y para salvar el que tenemos, creo en que la fidelidad y la apertura al amor de Dios más allá de la identidad de género son el modo en que los homosexuales están tan llamados como todos a vivir la castidad. Una castidad que tendrá que encontrar modos nuevos de ser fiel al evangelio y que nos empujará a cuestionarnos los viejos modos de separar el mundo.

    Este es el modo de discutir de los cristianos: cómo encarnar creativamente el supremo mandato de ser discípulos del amor de Dios y profetas del evangelio de Jesucristo. El catecismo está hecho para el hombre y no el hombre para el catecismo.

    Esto, por supuesto, es mi humilde opinión.
    Un abrazo,

    OM.

     
  9. Pato Acevedo

    15/11/2011 at 22:25

    Oscar, entiendo que no es tu intención ofender, pero atribuir una opinión al temor o culpa que pueda sentir el otro no es una forma constructiva de dialogar. Lo mejor es no tratar de analizar al otro, sino sus opiniones.

    Propongo como punto de partida el Catecismo, porque en toda conversación se requiere un punto de partida común, y este es un documento maravilloso que la Iglesia pone a disposición de todos los católicos, precisamente como fundamento para dialogar y con un contenido conocido.

    En cambio, el “evangelio de Jesucristo”, desde que se le separó del Magisterio, lamentablemente ha llegado a ser un concepto vago, que se presta para que cada uno lo llene con sus propias opiniones.

    También podemos conversar acerca de si el Catecismo es o no un punto de partida común, o qué significa la castidad en una persona que sufre de atracción hacia el mismo sexo, pero eso ya nos alejaría demasiado del tema ¿no?

     
    • Ber Riesco Binimelis

      16/11/2011 at 09:49

      Estimado Pato Acevedo,
      a pesar de que concuerdo con lo que señaló Oscar Lazo, no quiero con esta respuesta entrar en la discusicón acerca del catecismo, sino más bien proponerte considerar las palabras que usas, las causas y efectos que tienen.
      Me parece que si alguien “sufre” de atracción hacia alguien del mismo sexo (como tú indicas), es sólo porque la mirada enjuiciadora y poco misericordiosa de otros a quienes les complica -al menos- su condición, lo hace sufrir y sentirse menos digno ante sus ojos, lo que a mi parecer está lejos de la mirada amorosa de Dios que busca restaurar a quien ha sido disminuido en su humanidad.
      Propongo leer esta breve columna de Juan Diego Galaz: http://diario30.com/cultura/parcialmente-humanos/ podría iluminar nuestra conversación.

       
      • Pato Acevedo

        16/11/2011 at 17:25

        Me parece una precisión razonable.

        Cambiemos entonces la palabra “sufre” por “siente”.

         
    • Oscar

      16/11/2011 at 17:55

      Pato,
      solo se me ocurren tres modos con que el hombre construye la idea de lo que está “mal”: el temor, la culpa y la imitación. Cuando menciono los dos primeros, lo hago sin ánimo de agredir, sino para distinguir estos dos mecanismos.

      Lo que sugiero, como también sugiere la tradición de la iglesia, es construir nuestra moral por la vía de la imitación de Jesucristo. No me parece ni descabellado ni vago, toda vez que el catecismo a menudo cita la misma fuente.

      Por lo demás, no veo cómo mi respuesta puede ser contradictoria con el catecismo. Al revés, si quieres partir del catecismo, propongo ponerlo en el contexto del amor de Dios y leerlo TAN, pero TAN bien, que de su aplicación brote una libertad disponible para amar sin distinciones.

      Si no se puede, alguien nos hizo trampas. Y no fue Dios.
      Un abrazo,

      OM.

       
  10. Pato Acevedo

    16/11/2011 at 19:42

    “el hombre construye la idea de lo que está “mal” solo a partir del el temor, la culpa y la imitación”

    Es no es cierto.

    La razón nos indica aquello que está mal, cuando se opone a algo que hemos determinado que es un bien. Por ejemplo, si hemos determinado que Dios es el Bien, todo lo que se oponga a Él está mal. Si la Vida es un bien, la muerte está mal.

    Ya tengo dos ideas de lo que está mal, sin recurrir más que a la lógica y no al miedo, la culpa o la imitación

    No sé si tu respuesta se opone al catecismo, porque no has respondido la pregunta que hice ¿Cómo debería un homosexual vivir la castidad a la que el Catecismo invita a todos los hombres?

     
    • Tomás Ojeda

      17/11/2011 at 14:00

      La castidad sería una invitación abierta y disponible para todo hombre y mujer, sin distinción ni categorías; una virtud que puede ser vivida según el estado de vida que cada cual ha discernido y elegido; un llamado que no niega la sexualidad del hombre, sino que la integra dentro de un horizonte específico que no sería excluyente ni privativo para algunos pocos.

      Creo que la pregunta por la homosexualidad debiese responderse de igual manera y con la misma claridad con que comprendemos su respuesta en el caso de los heterosexuales. Tiendo a pensar que la dificultad aparece cuando el estado matrimonial no es un horizonte posible para los homosexuales, cuando desconfiamos de su capacidad para amar y ser fieles, cuando el fantasma de la promiscuidad los condena como incapaces de establecer relaciones afectivas sanas, cuando como Iglesia condenamos sus actos como desordenados, y no acogemos a la persona de manera íntegra en su condición y conducta.

      Si estuviésemos de acuerdo en estos puntos, si pudiésemos dialogar sin anteponer juicios, evidencias científicas de uno u otro lado, argumentos más o menos verdaderos, creo que la pregunta por la Castidad en el caso de los homosexuales no sería tema.

      En ese sentido, “una legislación que ampara las uniones de hecho” entre personas del mismo sexo, humaniza y dignifica el proyecto de pareja que dos sujetos quieren construir, expresando, con ello, “la diversidad de estilos y formas con que el amor humano se consagra y vuelve fecundo”.

       
      • Pato Acevedo

        17/11/2011 at 15:42

        Entonces, lo que propones es que la Iglesia deje de enseñar que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados ¿Estoy en lo correcto?

        En todo caso, si la Iglesia hiciera eso, todavía no podría “acoger” a los homosexuales, porque todavía les estaría vedado el matrimonio, y tendría que decir que las relaciones mantenidas bajo una unión civil sería equivalente al adulterio.

        Para evitar esto, la Iglesia tendría que decir que las relaciones homosexuales no son adulterio cuando se realizan bajo una unión civil, y en ese caso tampoco lo serían para una pareja heterosexual; o decir que los homosexuales tienen el derecho de casarse por la Iglesia.

        Uff! No sé, ambas posibilidades me parece que va más allá de la enseñanza cristiana tradicional sobre el matrimonio.

         
      • Oscar

        29/11/2011 at 12:01

        Tomás,
        me pareció fantástica esta respuesta. No la había leído. Y creo que en algún momento deberíamos escribir sobre la castidad, desde las identidades distintas que vivimos, desde la orillas diferentes respecto del matrimonio.

        Buena.

        Un abrazo,

        OM.

         
    • Oscar

      29/11/2011 at 12:10

      No puedo imaginar una definición más circular y no operativa de “mal” que: “lo que se opone a algo que hemos determinado que es un bien”. Eso no es lógica, Pato.

      Al revés, criados como somos por Dios, descubrimos el mal por oposición, y nos identificamos con el bien. En la caída (el pecado de origen) experimentamos la ausencia que revela “el mal”. No queremos estar sin Dios, nos da miedo, por eso lo buscamos a Él que es el mayor bien.
      Nos da miedo que nos maten, por eso la vida es un valor. Nos da culpa matar.

      Estoy tratando de argumentar desde categorías antropológicas más generales que la simple imposición moral del “bien” y el “mal” como la herencia de una tradición.

      Mi tesis es que si nuestra tradición religiosa y la revelación que Jesucristo ha concretado no resisten una revisión profunda, entonces en algún punto perdimos el rumbo. La verdad que nos revela la fe debería conducir a todos los hombres a la plenitud de la vida. No solamente a los heterosexuales conservadores, casados con la mujer de su vida, que gozan de buena facha, buena salud, capacidades cognitivas sobresalientes y tarjeta de crédito internacional, sino a TODOS.

      No sé si me entiendes.
      Un abrazo,

      OM.

       
      • Pato Acevedo

        29/11/2011 at 18:17

        La verdad, no mucho. Si tratas de argumentar desde categorías antropológicas particulares, deberías explicitarlas para que podamos conversar, así como yo he puesto como mi punto de partida el Catecismo.

        Es falso que la vida es un valor porque nos da miedo que nos maten, pues de ser así, se seguiría que quien no es un valor la vida de quien no tiene miedo de morir, como el mártir, un bebé o una persona en coma. Tampoco es verdad que a todos nos dé culpa matar.

        La revelación de NSJC no puede ser revisada, sólo profundizada, porque al minuto en que uno se pone a enmendarle la plana al fundador, se ha puesto a sí mismo como fundador y ha dejado de ser un discípulo. Entonces lo más sincero es dejar de llamarse “cristiano” y decir “síganme a mí”.

        Y desde ya, “profundizar” no es excusa para poner cualquier cosa en boca de NSJC, uno tiene la carga de demostrar que aquello que parece nuevo, es un desarrollo orgánico de los principios previos, como explica John Henry Newman

         
  11. Tomás Ojeda

    17/11/2011 at 22:30

    Ciertamente van más allá del Catecismo y la enseñanza cristiana tradicional! Eso es lo interesante del asunto: pensar los supuestos y dialogar de manera creativa con la Doctrina.

    No es sólo responsabilidad de nuestros Pastores ser voz sobre aquellos temas que nos competen como ciudadanos y católicos, ni tampoco se agota la discusión con lo expuesto en Documentos y Cartas. El laicado, “pueblo de Dios”, también es Iglesia: discute, propone, cuestiona, denuncia, colabora… En esto somos todos responsables.

     
    • Pato Acevedo

      18/11/2011 at 23:04

      ¿Queremos ir más allá de la doctrina tradicional?

      Jesús nos invita a ser sus discípulos, a seguirlo a Él y no a encontrar un camino propio, creo yo. Y, puesto que no he recibido ninguna revelación privada, eso implica necesariamente escuchar a los que estuvieron en contacto directo con Él, y esto, a su vez nos lleva a volver a las fuentes, aunque eso escandalice a nuestros modernos oídos.

      Pero nos desviamos del tema.

      ¿Cuál crees que debe ser la opción a la Cristo llama a la Iglesia, luego de acoger las relaciones homosexuales? ¿Acoger también el matrimonio entre homosexuales? ¿o alterar la enseñanza sobre el adulterio? ¿o hay una tercera posibilidad?

       
  12. Tomás Ojeda

    20/11/2011 at 12:01

    De acuerdo! Si se trata de volver a las fuentes, el Evangelio me parece un excelente punto de partida.

    Partiría por revisar los conceptos de matrimonio y familia, discutirlos de manera honesta y ponerlos en diálogo con todo tipo de evidencia. Me encantaría que en la discusión estuviesen todas las posturas representadas y que participara toda la comunidad.

    Si como resultado de esto nos damos cuenta que resulta necesario “renovar” discursos y/o “modificar” supuestos (prefiero estos verbos antes que “alterar”), bienvenido!

     
  13. Pato Acevedo

    20/11/2011 at 21:01

    Ok, ¿En qué sentido se debería revisar el concepto de matrimonio? ¿En qué texto de cual de los cuatro evangelios te fundarías para esa revisión?

     
  14. Sebastián Fernández

    20/11/2011 at 23:21

    Quisiera hacer algunos comentarios a este debate, que me parece muy interesante.

    Primero, Patricio, noto que el debate sobre la Doctrina de la Iglesia antecede las preguntas que haces sobre Matrimonio, Adulterio y Homosexualidad.

    En la medida que no estemos dispuestos a cuestionar la Doctrina, y sobre todo en profunda libertad, este debate no tiene sentido, puesto que todo aquello que contradiga el Catecismo estaría siendo automáticamente descalificado.

    Ante eso, quisiera recalcar que el Catecismo – que no dudo que sea un documento maravilloso – no es el Evangelio, sino que muestra la Doctrina de la iglesia de la actualidad.
    El Magisterio ha sido dinámico en el tiempo. Así, antes la persona con Epilepsia era considerada endemoniada. O celebrar la Misa en idioma vernáculo podría haber sido algo que “está mal”.
    Hoy sabemos que no es así.

    A la luz de los recientes avances científicos sobre Homosexualidad, quisiera reflexionar con ustedes acerca del valor que cobran los Proyectos de Pareja a quellos que no pueden, por su propia naturaleza, enamorarse de personas del sexo opuesto.

    Todo lo que Dios ha obrado “es bueno”, y todo el Ser Humano es su reflejo. Si Él creó el enamoramiento entre dos personas del mismo sexo, esto fue por qué? ¿Qué sentido tiene que dos personas del mismo sexo se enamoren? ¿Qué origina un Proyecto de dos Personas del mismo sexo que viven en pareja por años y cuyos frutos de fidelidad y entrega son conocidos por muchos? ¿Acaso estos frutos…no debiesen existir?

    Ante conocidos casos de parejas del mismo sexo con innegables frutos de fidelidad y entrega, me pregunto ¿De dónde viene toda esa Virtud? No tengo otra respuesta que decir “viene del Señor”.

    Otro fruto muy fuerte es aquel que se ve en personas que han recibido la Vocación del Celibato. En su completa y profunda libertad, estas personas eligen permanecer célibes como Proyecto de Vida.

    ¿Qué pasa con aquellas personas que no sienten el llamado al Celibato?

    ¿Deben estas personas acoger el Celibato como la única opción que les queda? ¿Por descarte? Si es así…¿es eso una Vocación de Verdad como nos lo enseña el Señor? ¿Qué tendrá en la conciencia una persona que decide vivir célibe porque “no le queda otra”?

    Por esto, considero que en el actual Catecismo existe un pequeño vacío: los Homosexuales no tienen una acogida o espacio para ejercer su Vocación de forma libre y verdadera.

    Pero como el Catecismo es un documento maravilloso, sabemos que existe una Maestra para la toma de decisiones de un Cristiano: la Conciencia.

    Sobre todos los mandatos, preceptos y leyes que crea el hombre siempre prima la conciencia que nos regaló Dios a cada uno para gobernar nuestros actos. “No es malo lo que entra al Hombre, sino lo que sale del corazón de cada hombre” Mc 7, 15-16.

     
    • Pato Acevedo

      21/11/2011 at 15:17

      Gracias por intervenir. Ya que tanto pido que respondan mis preguntas, intentaré responder las tuyas.

      Primero, no estoy tan interesado en cuestionar la Doctrina, como en conocer la Verdad, que es Jesús. Soy más un discípulo que un fundador.

      El Catecismo es un punto de partida para toda discusión entre católicos, para eso existe. Claro que es perfectible, como toda obra humana, pero el católico que vaya contra él tiene la carga de probar su punto, y no viceversa. Esa es la gracia de tener un Catecismo universal y la diferencia entre ser católico o protestante.

      El Magisterio ha sido dinámico en sus aplicaciones, pero estable en sus principios. Si dijéramos que el Magisterio es infinitamente mutable, y adaptable a los tiempos, entonces llegaríamos al absurdo de decir que el bien es relativo.

      El enamoramiento como criterio de bondad y aprobación divina es claramente deficiente. Basta pensar en tantas relaciones adúlteras que existen, donde también se puede verificar la estabilidad y la entrega mutua, y no por ello se propone que la poligamia sea la regla general.

      No veo cuál sea el problema con el celibato (que no es más que permanecer soltero). Muchos hombres y mujeres no hacen profesión de votos religiosos, pero nunca se casan, y viven en natural castidad. No es una “vocación por descarte” ni nada de eso, simplemente es no estar casado, y lidiar con las tentaciones de ese estado, tal como lo hacen los casados y los religiosos.

      Si la conciencia es la sola guía en la toma de decisiones de un cristiano ¿cuál es la diferencia entre ser cristiano y no serlo? el ser cristiano ¿no debería afectar la forma en que decidimos?

       
  15. Sebastián Fernández

    24/11/2011 at 16:22

    No podemos dar respuesta a todas tus preguntas de más arriba porque implicaría discutir un compendio de Teología, Filosofía y complejos principios que sostienen la Doctrina actual de la Iglesia, y no creo que eso sea el propósito de este Foro.

    Precisamente porque también persigo conocer más la Verdad, que es Jesús, estoy particularmente interesado en no evadir ningún cuestionamiento. Creo que evadir el cuestionamiento equivale a esconder la cabeza en la Arena.

    La Verdad nunca será derribada, por ningún cuestionamiento. Es inamovible, y por eso, los católicos no le tenemos miedo a nada, y menos a los cuestionamientos.

    La Doctrina no es un Evangelio. También me considero más un discípulo que un fundador, pero un discípulo de Jesús, no de la Doctrina. De la Doctrina me siento miembro y también partícipe de su entendimiento, y aunque de una forma minúscula, también de su desarrollo y evolución.

    Concuerdo con que el Catecismo sirve como punto de partida, pero ya vimos que es dinámico en el tiempo.

    Por supuesto que los principios del Magisterio no han cambiado desde que Cristo fundó la Iglesia. Por eso mismo en el siglo XXI estamos entendiendo fenómenos recientes como el de la Homosexualidad o la Epilepsia de una nueva forma gracias a lo que nos dice la Ciencia, pero usando los mismos principios de siempre.
    A la luz de los principios de la Familia, que no excluye a ninguna persona, repito que no podemos ignorar el tema de la Vocación de aquellos que no pueden, por su propia naturaleza, enamorarse de personas del sexo opuesto. Los Homosexuales, los Epilépticos y los Heterosexuales, todos pertenecemos a la Familia, y todos tenemos un deseo natural a formar una familia. La familia de los Homosexuales también debe ser protegida, porque como toda célula que derrama amor a los demás, también aporta a la construcción del Reino de Dios.

    ¿O acaso los matrimonios entre estériles debiesen estar prohibidos?

    Esto nos llevará inevitablemente al debate sobre la procreación, y seguramente mencionarás que ésta es parte imprescindible de la pareja. Disiento, porque a veces Dios crea Eunucos que dan frutos a través de la pareja de otras formas que no consisten en la procreación.
    El enamoramiento per se no es un criterio de bondad, pero yo preguntaba arriba por qué los Homosexuales se enamoran y son capaces de formar familia fiel y entregada, para qué es esta Virtud de esas parejas, y cómo se canaliza. Más aún, ¿cómo estamos incentivando a que esto ocurra? ¿Qué hacemos como Iglesia para integrar a los homosexuales a la Familia e incentivarlos a un proyecto para toda una Vida?

    Tristemente, hoy es más fácil para un Homosexual encontrar sexo en la calle que apoyo de una comunidad cristiana.

    No hay un problema con el celibato en sí. El problema es cuando el celibato aparece como una obligación dado que “no te queda otra”, porque la que tú realmente puedas sentir como Vocación, que es casarte para toda la Vida, te es negada por tu comunidad, que para los Católicos, es la Iglesia. En este caso, el celibato no sería verdaderamente celibato como Vocación, sino más bien una especie de cinturón de castidad impuesto por la comunidad. ¿Corresponde eso al espíritu que Jesús nos enseña? Yo creo que no.

    La conciencia es la sola guía para la toma de decisiones de un cristiano pero entendemos que el cristiano es aquel que se deja moldear conforme al Evangelio y se deja aconsejar (no mandar!) por su comunidad, la Iglesia. Finalmente, une a su conciencia su experiencia de Fe y todo lo que encuentra a través de la Oración. En esta enorme libertad y unión espiritual, trabaja la Conciencia del Cristiano, con la que creo que debe elegir su Vocación.

     
  16. Pato Acevedo

    25/11/2011 at 21:13

    Es un error suponer que la homosexualidad es un fenómeno reciente, era conocida en el Antiguo Testamento y ampliamente aceptada por los griegos. La ciencia no ha descubierto nada nuevo acerca de la homosexualidad, lo reciente es el cambio de actitud de la cultura hacia las personas y la sexualidad.

    ¿A qué te refieres con “Los principios de la familia, que no excluye a ninguna persona”? Si quieres decir que todos deberían tener un lugar en su familia, estoy de acuerdo; si te refieres a que todo lo que yo quiera debe ser reconocido como familia, no. Por ejemplo, si yo abandono a mi mujer y creo una nueva relación, sería muy injusto para mi esposa que yo dijera “todos deben reconocer mi nueva relación como una familia”.

    En cuanto a la forma en que acogemos a los homosexuales, es la misma pregunta que yo hago ¿Permitimos que se casen por la Iglesia? ¿Que tienen permiso para cometer adulterio? ¿Alguna otra opción? No creo que responderla sea tan largo.

    Mi posición parte de la confianza que Nuestro Señor es exigente con todos por igual, y cada uno debe asumir las tentaciones que le ha tocado sufrir, confiando en que Dios nunca nos privará de la gracia necesaria para enfrentarlas. En ese sentido la situación de un homosexual no es esencialmente diferente de la de un heterosexual soltero, o de un hombre casado cuya esposa se encuentra en coma por mucho tiempo.

     
  17. Tomás Ojeda

    27/11/2011 at 21:22

    El concepto y definición de familia hay que calificarlo según cada caso: no existe una definición absoluta que pueda ser exigible para todos, aun cuando lo establezca así el Catecismo. El esfuerzo reflexivo de esta columna apela a este punto: ampliar los conceptos, acoger la realidad desde su complejidad y tratar de ofrecer una respuesta cristiana, como laicos y como Iglesia, a la situación que viven muchas de las personas que pudieron sentirse tocadas con varios de los puntos expuestos por los Obispos. Nos dimos cuenta que el Magisterio “nos queda corto” y que, en ningún caso, la homosexualidad sería una realidad que atente contra la vida, la familia y el matrimonio.

    La novedad del discurso científico acerca de la homosexualidad, radica en el hecho que deja de considerarla como una patología de tipo psiquiátrica que debe ser abordada como trastorno o desviación. Este giro es importante ya que si bien existiría cierto acuerdo en la comunidad científica respecto a este punto, existen en la actualidad muchas personas vinculadas a la salud mental que ofrecen alternativas terapéuticas de tipo curativas que operan bajo el supuesto de que la homosexualidad sería una desviación, un desorden y una reacción de tipo traumática. Tiendo a pensar que ciertas afirmaciones del Magisterio de la Iglesia respecto a la conducta (y condición) homosexual operan bajo supuestos que, muchas veces, se sostienen desde la ciencia y el saber, obviando evidencias y filtrando aquellas que mejor se ajustan con sus principios. Un ejemplo claro de ello sería lo que antes mencioné a propósito de las así llamadas “conductas intrínsecamente desordenadas”. No se puede dialogar con la ciencia sin evaluar críticamente los alcances que tienen afirmaciones como ésta…

    No se trata de “permitir” que los homosexuales se casen, el asunto no pasa por un tema de permisos o licencias. Se trata de pensar qué hacemos como Iglesia frente a la realidad de personas que, en conocimiento de su naturaleza y consecuentes con su vocación como laicos/as, optan por amar a una persona del mismo sexo, expresar ese amor a través de gestos, palabras y acciones, y celebrar ese amor con quienes han sido testigos de esa relación. Ojalá que en este caso, la “tentación” que se “asuma” y se “sufra” sea aquella que amenace con alejarlos de su proyecto de pareja, que cuestione su fidelidad y lealtad. En esto, tanto homosexuales como heterosexuales, tenemos un desafío común.

    Antes que responder a tu pregunta sobre el matrimonio, me parece importante establecer cierto nivel de acuerdo respecto a los puntos que se han discutido, ya que el estado de cosas actual hace imposible pensar en el asunto sin que, necesariamente, dialoguemos con las definiciones de matrimonio y familia que manejan la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

     
    • Pato Acevedo

      28/11/2011 at 12:21

      Ok, no se trata de permitir que los homosexuales se casen ¿De qué se trata, entonces?

      El cristianismo enseña que cualquier expresión de sexualidad fuera del matrimonio constituye adulterio, y es claro que nunca un cristiano puede recomendar a otro que cometa un pecado. ¿Diremos entonces que ciertas relaciones sexuales fuera del matrimonio no son pecado?

      Alguien puede optar por amar a otro (del mismo o de diferente sexo), pero otra cosa es que la Iglesia deba aceptar ese amor. Como ya lo he dicho, y estuviste de acuerdo conmigo, el enamoramiento no es criterio de bondad.

      Te invito a proponer los puntos de acuerdo acerca de los aspectos del matrimonio y la familia que deberían revisarse.

       
      • Oscar

        29/11/2011 at 12:18

        A todo esto, la experiencia de relación comunitaria así como un estudio conncienzudo de la evidencia científica disponible ha despejado en mi opinión todo prejuicio respecto al matrimonio entre homosexuales.

        Creo que si los hombres de relativamente-buena voluntad con nuestra limitada inteligencia para entender la profundidad del amor podemos llegar a desprejuiciarnos y promover la opción de los homosexuales a contraer matrimonio, seguramente Dios desde siempre lo ha visto como posible, bello y bueno.

        Quiero decir con esto que la iglesia debería sentirse no solo autorizada, sino LLAMADA a revisar cómo sus costumbres (sus prácticas y sus limitaciones) reflejan la práctica del amor cristiano. Y sí, permitir y promover el matrimonio entre homosexuales, para no exponerlos a vivirse el amor de pareja, el amor de la vida como si fuera adúltero.

        esop,

        OM.

         
      • Tomás Ojeda

        30/11/2011 at 12:00

        Las categorías “adulterio” y “pecado”, en el caso del ejercicio de la sexualidad fuera del matrimonio, me parece que son juicios que no serían aplicables para quienes no tienen la posibilidad de optar por el matrimonio, ya sea por su condición sexual o por cualquier otro motivo. Por lo mismo, la solución del celibato deja de ser una opción en el caso de aquellos/as que no se sienten llamados a vivirlo. En esto estoy de acuerdo con Sebastián, ya que para muchos/as el celibato sería una alternativa por defecto.

        Respecto a los puntos a revisar, creo relevante realizar ese ejercicio sobre aquellos donde tenemos mayor discrepancias. Por lo pronto, creo que antes de discutir acerca de la familia y el matrimonio, me parece relevante tener claridad sobre el rol que juega la sexualidad en la vida humana, ya que inevitablemente, al hablar sobre familia y matrimonio, tomamos posición acerca de la función procreativa que tiene el acto sexual, el valor del otro como alteridad y complemento, los hijos, etc.

        Si lo anterior aparece en la discusión, habría que preguntarnos por las posibilidades de juzgar a la homosexualidad dentro de este “marco conceptual”. Ciertamente eso no sería posible dada la realidad de los sujetos que se reconocen como homosexuales. Además, la sexualidad no se limita sólo al “coito” o relaciones de tipo penetrativas. Los besos y las expresiones de cariño también serían manifestaciones de nuestra sexualidad y esto, sin dudas, es algo que todas las personas necesitan experimentar y que Dios también lo quiere.

         
  18. Pato Acevedo

    01/12/2011 at 10:06

    Hay expresiones de cariño, como entre una madre y un hijo, que todos necesitamos; hay otras, reservadas sólo a las parejas y que son expresión de la sexualidad, que no todos experinetan. Por ejemplo, NSJC, San Pablo, Nuestra Señora, San Juan Bautista, todos ellos son modelos de vida cristiana que nunca se casaron, y ya sabemos que no andaban experimentando, por eso de que “el que mira a una mujer con deseo, ya pecó con ella en su corazón”.

    No hay que olvidar que, por toda la libertad que trajo NSJC en cuanto a la ley ritual judía, también estableció una ley moral mucho más estricta: Se les dijo “no maten”, pero yo les digo el que desea mal al prójimo ya se hizo culpble del homicidio.

    Entiendo que la prohibición de consentir en pensamientos impuros, se extiende también a quienes sienten atracción hacia el mismo sexo.

     
  19. Pit

    04/12/2011 at 13:54

    NSJC dijo: “Ámense los unos a los otros, así como yo los he amado”, si seguimos este mandamiento y amamos a nuestro prójimo de esta manera, ¿porque motivo restringirlo y no AYUDARLO a ser feliz, a poder amar libre y sanamente?,
    ¿alguien sale dañado o alejado del camino de Dios por esto?,
    claro que no, por el contrario, las parejas homosexuales están pidiendo la bendición y protección de su amor a la iglesia, osea, quieren seguir sirviendo a Dios bajo sus leyes.
    NSJC dijo: “Vengan a mi quienes tienen sed, yo los saciaré”, nuestros hermanos homosexuales tienen sed de la protección de SU IGLESIA, ¿porque la misma, que se dice Cristiana, les negaría esta necesidad de amarse bajo las leyes de la iglesia?.
    El tema CASTIDAD se dice que es una “opción”, pero de acuerdo a los planteamientos de la iglesia ¡¡no lo es!!, de hecho es el único camino si se quiere ser cristiano, ¿¿¿es eso amor por el prójimo???, ¿no sería egoísmo?. Lo anterior se resume en lo siguiente: “Te amo como prójimo (ya que Cristo así lo establece y soy Cristiano), pero no quiero que formes familia con quien ames, no expreses tu amor frente a los demás miembros de la comunidad, no adoptes niñ@s, vive la castidad, es una “opción” que te ofrece la iglesia para permanecer en ella, DA GRACIAS POR LO QUE SE TE OFRECE”, ¿que tipo de amor es ese?, ¿es amor realmente o es la manera (aunque suene fuerte) de “deshacerse del problema”?. Para mi, en lo personal, pensando de buena manera, creo que no se tienen las cosas claras a nivel de iglesia, pro eso tanto caos con el tema. Pensando de mala manera podría decirse que es cinismo (soluciones fáciles para un tema complicado, pero que lamentablemente afecta a muchos hermanos, si se les ama, ¿porque no hacer algo por ellos?, ¿acaso no le das de comer a los hermanos que tienen hambre, no les das de beber a un pobre hombre sediento en un caluroso día de verano con todo el sol reflejándose y expandiendo su calor desde el pavimento?, así se deben sentir las parejas del mismo sexo que tienen hambre de la bendición de la iglesia.

     
    • Pato Acevedo

      06/12/2011 at 10:29

      Tienes razón en que la castidad no es una opción. Es la única forma de ser católico, y la Iglesia no puede “bendecir” conductas contrarias a la castidad… y eso es amor al prójimo, porque los vicios contra esta virtud destruyen el amor de Dios en nosotros.

      El amor que una persona pueda sentir no basta para que la Iglesia bendiga su relación. Piensa, por ejemplo, en el adúltero que se ha enamorado de una mujer más joven y por ese amor abandona a su esposa y a sus hijos ¿Podría él decir que la Iglesia es cruel por no bendecir y proteger su nueva relación?

      Cristo tiene reglas duras para el sexo (Mt 5,27-28) y el matrimonio (Mt 5:32), más duras que la ley de Moisés, y es el mismo Jesús que predicaba el amor a los enemigos y la aceptación de todos. Lo que digo es que no puedes tomar una parte y dejar la otra.

       
  20. Sebastián Fernández

    05/12/2011 at 21:04

    Pato, permíteme acotar algo respecto de lo que dices sobre la homosexualidad histórica: en el pasado, y hace menos de 100 años, no se conocía la homosexualidad como realidad amorosa. En ningún momento hablé de la homosexualidad como un fenómeno reciente; lo que es reciente es lo que hoy sabemos de homosexualidad.

    Los griegos practicaban una viciosa homosexualidad con objetivos de placer, y hasta de exaltación del ego. Grandes centuriones, tribunos y otros romanos de poder continuaron con estas prácticas usando esclavos jovenes, que de amor de pareja y proyecto de vida no tenían nada que ver. A ellos se refiere Pablo cuando habla de homosexualidad en sus cartas. A ellos se refiere toda la tradición de la Iglesia sobre homosexualidad.
    Pero en este debate estamos hablando de amor de pareja, no de conductas homosexuales egoístas aisladas de un contexto de proyecto de vida.

    Es a la luz de esta nueva forma de conocer la homosexualidad que creo debemos entender la homosexualidad de una manera diferente a la que se ha venido haciendo desde hace miles de años. Hoy la ciencia ha demostrado que las personas homosexuales no están incapacitadas para llevar una relación de pareja en fidelidad y estabilidad.

    En nuestra Iglesia, la diferencia entre un heterosexual soltero y el homosexual soltero consiste en que el heterosexual soltero siempre tiene la posibilidad de casarse, y por lo tanto puede elegir su vocación. El homosexual no.

    El heterosexual puede elegir el matrimonio. En cambio, según el catecismo actual, el homosexual no tiene ninguna alternativa que no sea el celibato permanente. Que termine viviendo en eso por defecto sería una condena obligatoria que se contradice con la realidad de que se pueden enamorar y entregar a un proyecto de vida de pareja.

    ¿Qué significa este potencial que los homosexuales tienen para enamorarse y formar familia? ¿Por qué existe? Cuando están enamorados, ¿por qué Dios puso eso talento ahí?

    De seguro no para que lo esconda en la tierra. El Patrón, es un Patrón exigente.

     
    • Pato Acevedo

      06/12/2011 at 10:51

      Hablando de historia, también convendría anotar que hace 100 años no se relacionaba la sexualidad con el amor: los matrimonios eran concertados, no importaba si los novios se amaban o no, sólo el acuerdo de sus familias, y por lo mismo se aceptaba que el hombre tuviera tantas amantes como pudiera mantener. Incluso en la Corte del rey de Francia, la concubina del rey tenía su lugar oficial y su palacio.

      En nuestra iglesia, un hombre (hetero u homosexual) puede casarse con una mujer ¡y ni siquiera tiene que estar enamorado de ella! basta con que el consentimiento (que no el amor) sea mutuo. Estos son el tipo de reglas que te quedan de seguir a un profeta que vivió hace dos mil años, pero ¡qué le vamos a hacer! no es como si nosotros le fuéramos a enmendar la plana a Jesús.

      El varón homosexual tiene la opción del celibato o del matrimonio con una mujer, tener hijos, formar una familia. ¿Que no es la persona de quien él está enamorado? es una situación delicada y lamentable, donde se le debe acoger y acompañar, pero tampoco es tan diferente de otras condiciones difíciles en que se encuentran los católicos por seguir a Cristo, como las parejas infértiles que no pueden recurrir a la FIV, o al divorcio cuando ya no se sienten enamorados uno del otro. En cada una de estas circunstancias, la Iglesia sólo puede reiterar el mensaje de esperanza de NSJC y confiar en que Dios nunca nos tienta más allá de Su gracia.

       
  21. Sebastián Fernández

    07/12/2011 at 21:12

    ¿Planteas entonces que el estar enamorado no es parte fundamental del Matrimonio?

    Entonces este debate se cierra fácilmente por mi lado: soy de la convicción de que estar enamorado forma parte intrínseca de la vocación al Matrimonio. Los “matrimonios” arreglados no corresponden a las “reglas” del profeta que conozco de Jesús de Nazareth. Me baso en el ejemplo de mis Padres y muchas parejas enamoradas que conozco que son capaces de emprender Proyectos de Vida. Y el enamoramiento lo regala Dios: nadie lo puede causar “apretando un botón”. Nadie conoce a su futuro cónyuge simplemente por casualidad.

    Concubinas, Padres biológicos ausentes, Madres alejadas y vínculos orientados a lo práctico-material me parecen de lo más farisaico y alejado de lo humano que tiene la historia occidental. Menos mal que hemos avanzado en esto! De estas relaciones hipócritas me parece que nacen la infidelidad, engaños, mentiras, y otros pecados que terminan dañando a mucha gente, y en particular, a la Familia como la conocemos en Jesús, José y María.

     
    • Pato Acevedo

      09/12/2011 at 09:46

      Sé que para nuestra sensibilidad moderna es chocante lo que digo, pero no puedo llegar a otra conclusión, porque así lo indican los evangelios.

      Si decimos “el enamoramiento es esencial para el matrimonio”, debemos decir también que, una vez terminado el enamoramiento necesariamente debe terminar el matrimonio. Tampoco nada tendríamos que objetar al esposo que abandona a su mujer y sus hijos por haberse enamorado de otra mujer… mientras lo haga abiertamente.

      Contra esto, los evangelios nos cuentan que NSJC derogó el libelo de divorcio, permitido por Moisés, e indicó que, unidos por Dios en matrimonio, no hay poder humano que los pueda separar (Mt 19,6).

      Si alguno me muestra que en realidad NSJC no quiso decir eso, y que por lo tanto los cristianos pueden divorciarse cuando ya no están enamorados, podría considerar que el enamoramiento es esencial para el matrimonio, pero mientras tanto, debo seguirlo a Él.

       
  22. Sebastián Fernández

    11/12/2011 at 09:58

    No creo que sea la forma de seguirlo a Él, porque estás ignorando el que uno puede aprender a cuidar el amor de pareja, de forma que el enamoramiento permanece por toda la vida y cumple su rol, como Dios lo creó. No sé qué entiendes por “enamoramiento”, pero por ningún motivo se debe desconectar de “lo que viene después”.

    El enamoramiento podrá comenzar con el modelo rápido y romántico al cual quizás te refieres, pero no me cabe duda que se debe cuidar, “regar” y alimentar. No se trata de vivir el puro “batallón de mariposas interior”, sino que de encaminarlo y canalizarlo para un proyecto de vida. Tomo a mis Padres y el ejemplo de muchas otras parejas; el matrimonio se nutre a partir del desarrollo de ese enamoramiento que alguna vez comenzó como historia de amor y que en el tiempo se trabaja con una enorme perseverancia, humildad, entrega y por cierto, paciencia. Si esto no se pudiera lograr, entendería lo que dices, pero el enamoramiento es algo para toda la vida, no de un momentito! De hecho, es un sentimiento tal que uno está dispuesto a embarcarse lejos, sin retorno, porque se está seguro de poderlo desarrollar más para llevar la pareja a la plenitud.

    Entonces, ¿por qué como Iglesia insistimos en privar a los Homosexuales de este tipo de proyectos?

     

Escribe un comentario