Columna

Medir la pobreza en Chile: ¿tema de economistas?

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Debemos recibir con alegría la noticia de que Chile quiera cambiar la forma en la cual se mide la pobreza. Sin duda, en veinticinco años las cosas han cambiado: el modo de alimentarnos, de movilizarnos, de celebrar, etc. Se trata de un desafío de mucha relevancia para el futuro de políticas públicas que beneficien efectivamente a quienes más requieren de ellas. Dadas las características y avances de Chile en su camino al desarrollo (y en no menor medida por el escándalo que se vivió en torno a la última encuesta Casen de 2012 y las diferencias de criterio a la hora de establecer si los números sobre pobreza subían, se mantenían o bajaban), se hace necesario una nueva mirada a un fenómeno que, de distraernos, puede hacernos perder rápidamente la perspectiva de lo que está en juego: las condiciones de vida de cientos de miles de familias. Por ello, hay que celebrar que se forme una comisión (una más, hay que decirlo), para reflexionar en torno al tema y ofrecer propuestas al gobierno.

Ahora bien, sin querer quitar valor a la iniciativa, ni menos al esfuerzo generoso de quienes comenzarán a participar de ella, no hay que dejar de reflexionar en torno a la lógica que hay detrás de la conformación de esta nueva comisión. Se trata de diez personas: cuatro provenientes del mundo social (Fundación para la Superación de la Pobreza, Techo, Hogar de Cristo y América Solidaria) y seis economistas de distintas tendencias. El grupo no se autoconvocó, sino que fue requerido desde el gobierno. Al leer entrelíneas, lo que se está tratando de decir con esto es que las cuatro primeras personas aportarán el conocimiento de la realidad de la pobreza palpada día a día en instituciones muy representativas para Chile, y otras seis (todas economistas), serán quienes pondrán su técnica al servicio del objetivo común: una nueva forma de medir la pobreza.

Es sorprendente que en un país como Chile, en donde va quedando claro una vez tras otra el que los problemas y descontentos exceden por mucho la lógica de comprensión de la economía, se convoque para un grupo de expertos que tocará un tema tan sensible como la medición de la pobreza solo a economistas por la parte técnica. ¿Acaso la antropología, la sociología u otras ciencias sociales no tienen un aporte relevante que hacer en el debate sobre la pobreza? ¿Y la filosofía, con su mirada específica desde la ética? ¡Incluso la teología moral podría tener algo que decir! Hoy, más que nunca, la pobreza entendida en su multidimensionalidad, necesita de acercamientos diversos que permitan mirar el fenómeno con la mayor perspectiva posible. Evidentemente hay elementos culturales, antropológicos y sociológicos necesarios de ser observados, más allá de la mirada que la economía o el serio trabajo en terreno tienen de hecho.

La exclusiva mirada económica, sobre todo en el último par de años en Chile, ha sido más el detonante de los problemas que su perspectiva de solución. Por otro lado, pensar que marginar a la economía de su derecho a observar los fenómenos sociales puede ser una solución, es de una tremenda ignorancia e ingenuidad. Pero no lo es menos la actitud de aquéllos que creen que sólo es la economía la que nos asegura, en su dimensión técnica, una mejor manera de medir la pobreza en Chile, y, en consecuencia, poder llegar a una alternativa que pueda redundar en una vida más digna para millones de chilenos.

 

* Cristóbal es jesuita, sociólogo de la UAH y estudia teología en la P. Universidad Católica de Chile. 

 

Cristóbal Madero, SJ.

Cristóbal Madero, SJ.

Chileno, estudia licencia en Teología en Boston College, Estados Unidos.