Archivo por mes: octubre 2014

Iglesia de Santiago: diálogos y silencios

Una gran parte de la Iglesia observa perpleja cómo pastores reconocidos, admirados y queridos son puestos en el banquillo sin que se diga por qué ni por quiénes. Hechos como éstos nos deberían hacer reflexionar profundamente sobre los canales de diálogo y escucha que hay al interior de la Iglesia.

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La privatización de lo humano

La convivencia nos pone permanentemente frente a la tensión entre los bienes individuales y los comunitarios. Nos obliga al discernimiento y al diálogo. Nos pide buscar formas creativas de maximizar la libertad, no sólo minimizando la interferencia de unos con otros, sino promoviendo la colaboración.

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Favoritismo y favor celestial

Muchos fieles entienden su cristianismo en claves paganas. Van a misa por chupamedias, para verse beneficiados por el gran proveedor celestial de bienes y servicios. Los más devotos rezan rosarios y letanías para ejercer un control sobre la voluntad divina. Cumplen el culto a cambio de salud, fama y éxito.

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“Sube a nacer conmigo, hermano”

Detrás de la belleza y grandilocuencia de esta construcción de piedras, se esconde dolor y sangre derramada. No debemos pacificar el sufrimiento, porque si ponemos atención a la experiencia humana escucharemos gritos pidiendo ayuda.

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Herederos

La herencia de los hijos de Dios es, a veces, desierto; otras veces, tierra prometida. Qué Reino más curioso. No lleva patria, sino pobreza. No trae riquezas, sino la alegría de quien no tiene donde descansar tu cabeza. En este Reino, no existen las damas ni los caballeros. No hay vida cortesana, ni triunfos, ni honores.

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Prostitutas y cobradores de impuestos

El Mesías salía con sus discípulos para buscar a los de lejos, para sanar a los heridos y crear un lugar para los perdidos. El Reino de Dios es eso: amor sin condiciones, compasión sin límites y misericordia sin fin. Jesús no propuso asistencialismo para los desastrados. El Reino es la comunidad de los desastrados.

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“Yo no te condeno”

Caminamos, como los fariseos, con una piedra en la mano lista para ser lanzada apenas aparezca el primer culpable, obsesionados con el pecado ajeno, sedientos de crímenes televisivos. Nuestra sociedad de exclusión y desigualdad se sostiene en la mantención de un desorden organizado que condena y separa a buenos de malos.

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