Archivo por año: 2018

Todos Somos Las Condes

Lapidar (aunque sea digitalmente) al que está haciendo algo evidentemente mal es más fácil que mirar cuánto de eso también puede estar en mis modos de proceder. Algo así como recordar ese pasaje en el que Jesús, en vez de defender a la acusada, les interpela su propia realidad a los acusadores: -“El que esté libre de pecado…” (Jn 8,7). Con eso podemos cambiar el ataque a la persona, por el educar y corregir.

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Dos caminos hacia la paternidad

¿Qué significa asumir la función de padre hoy? Más específicamente, ¿cómo debe acontecer esa peculiar autolimitación del padre que propicia, en esa espera, el acompañamiento del otro en cuanto otro?

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Hablar de la crisis

Tras días pensando y debatiéndome entre mis tendencias o a callar o a tratar de decir algo brillante sobre lo que estamos viviendo, me di cuenta de la trampa. Es la misma dinámica que ha enfermado a nuestra Iglesia. Es la inclinación a callar todo aquello que no se puede decir con finura o de manera claramente explicativa. Es la fantasía autocreada de que si hablamos, debe ser con altura moral, casi sin imperfecciones, desde arriba del púlpito, con inusitada claridad. Es la trampa del ego que esconde una interioridad dañada y frágil.

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Tiempo de verdad y reparación

En el proceso que está viviendo la Iglesia chilena a propósito del ocultamiento de los delitos cometidos por sacerdotes, se han dado acciones de justicia, pero la verdad y la reparación han estado ausentes.

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Una mujer fantástica… y ¿un diputado cristiano?

Ser cristiano significa reconocerse en el proyecto del Reino de Dios y luchar por él, y eso implica buscar que cada ser humano sea reconocido plenamente como tal sin importar su condición. Un discurso como aquel que expresó el diputado Leonidas Romero, que busca restringir la vida como sinónimo de libertad y dignidad para otro ser humano, no es ser cristiano.

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La fragilidad, el espejo y el regalo como principios de lo espiritual en Tarkovski

Hoy, nos encontramos en un escenario en que la madre técnica ha engendrado otros aparatos, otras pantallas y, con ello, otras formas de comunicación y organización. Sin embargo, el desequilibrio persiste: cuanto más ordenados están los objetos -siempre ahí, expuestos en la góndola para nuestro uso-, y más sociológicamente están contabilizadas las personas, tanto más resplandece la profunda desorientación del espíritu, anémico como está de símbolos, de silencios y de auténtica trascendencia. 

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