9 consejos para estudiar

(cc) Pink Sherbet Photography

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Los estudios pueden ser para los jóvenes algo así como la inevitable rutina que parece corresponderle a cada ser humano como tributo para poder alimentarse, la cuota de “deberes” en que gastamos la mayor parte de nuestro día. Así, en un inicio de año cargado de noticias –con nuevo Papa y muerte de Chávez incluidas–, los estudios pueden ser un “mal tolerado” al que habrá que hacer frente cuando venga la primera prueba.

Sin embargo, de vez en cuando nos encontramos con alguien al que vemos estudiar con gusto, con deseo. Pensamos: “¡qué ganas de estudiar algo que me apasionara tanto como a él lo apasiona lo que estudia!”; o “¡claro!, es que ella tiene capacidades que se lo hacen muy fácil”; ya, en el extremo de la rabia, “¡es que ese tipo no tiene vida!”. A veces nosotros mismos nos hemos experimentado particularmente interesados en un tema estudiado, pero luego volvemos a desinteresarnos o nos encontramos con una materia que parece absolutamente inútil, además del desastroso profesor que la imparte…

Lo que pretendo es proponer algunas ideas para: (1) estudiar con sentido; y (2) ser BUEN estudiante. Lo segundo puede sonar un poco extraño. A veces asociamos ser buen estudiante a tener habilidades, contar con una buena formación de base o conocer ciertas técnicas de estudio. Lo que he ido intuyendo –vamos a decir que, en realidad, es algo más viejo que el hilo negro– es que ser buen estudiante también pasa por ciertas actitudes que hacen provechoso el estudio, que lo hacen fecundo (lo que en la old school se llamarían “virtudes morales”). No garantizan excelentes notas, pero sí un aprendizaje valioso. La espiritualidad cristiana nos enseña algunas de esas actitudes.

1. Salva la proposición del prójimo. esta expresión de san Ignacio de Loyola es notable. Todos hemos tenido profesores con los que no compartimos su manera de pensar, con métodos didácticos desastrosos, aburridos, insoportables o derechamente malos. Nos desgastamos rumiando la rabia que nos da. La consigna creo que debe ser “no le pidas peras al olmo”. Aprovecha lo que puedas aprovechar de ese profesor: tal vez, las lecturas que da son buenas, o en algún aspecto tiene cierto punto de vista interesante. Si la molestia es generalizada entre tus compañeros o incluso con generaciones anteriores, intenten hablar con el profesor; si no hay caso, habla con tu Centro de Alumnos o con las autoridades de tu carrera. Pero, mientas tanto, valora lo que puedas valorar.

2. No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar las cosas internamente: el riesgo de superficialidad en el mundo en que vivimos es grande. Esta frase, también de san Ignacio, nos invita a profundizar. Elige las peleas que dar. ¿Cuáles son las materias que más te interesan este semestre? ¿Dónde vas a “poner las fichas”? No podemos concentrarnos en todo. Donde hay un tema que te interese o que veas que será relevante para el futuro, entra en él. Busca más lectura o ejercítate más en él. Tratar de llevar todas las materias por igual hará de ti un malabarista que en sus dos manos sostiene cinco objetos, pero no te permitirá conocer a fondo ninguno de ellos.

3. Les aseguro que lo que hicieron a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicieron. No es indiferente nuestro punto de vista. Jesús invita a mirar desde los excluidos: pobres, ancianos, discapacitados, indígenas, mujeres, homosexuales… Hazle preguntas a tus asignaturas desde esa perspectiva. ¿Qué significa este modelo económico para los pueblos originarios? ¿Este procedimiento médico está disponible para las personas con menos recursos; si no, cuáles son las alternativas? ¿Este tipo de arquitectura, construcción, materiales facilitan el acceso de personas con algún tipo de discapacidad física? ¿Qué dice esta corriente artística a los excluidos de nuestra sociedad? Mirar desde los excluidos te va a dar una mirada novedosa y, a la vez, realista; los problemas adquieren su real dimensión cuando se confrontan con la vida de los marginados. A la vez, la pregunta por los excluidos pone de manifiesto los mecanismos tácitamente selectivos con que operan muchas de nuestras disciplinas; por eso Jesús, pobre y humilde, dejó al descubierto las intenciones de muchos (Lc 2,35).

4. Cuidarse de mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. En la mayoría de las materias existen distintas corrientes y es inevitable (incluso, ¡es deseable!) que adoptemos alguna. En cierto modo, adquirimos una ideología (término frente al cual no hay que aterrarse…). La pregunta es por nuestra capacidad de ver los límites de nuestro propio punto de vista y rescatar verdaderamente lo valioso del punto de vista ajeno. El estudiante que no sea capaz de esta apertura básica, estudiará siempre para confirmar lo que ya sabe y será ciego a todo lo que amenace su claridad. Evidentemente, ese estudiante ¡no puede aprender! Esto se ejercita: ¿qué está queriendo preguntar el compañero que hace una pregunta torpe? ¿Qué es lo que está queriendo salvaguardar quien se opone a mi punto de vista en una discusión? ¿Cuáles son los puntos frágiles o ciegos (aquello que “no ve”) de mi postura? No hay opinión o punto de vista sin límites; la mayor ceguera es creer que veo con el ojo de Dios.

5. Por quién camino. La frase es de Saint-Exupéry, pero tiene bastante arraigo en la espiritualidad cristiana. Cuenta que, tras un accidente aéreo, caminó largos días por el desierto pese al cansancio y a la incertidumbre, solo pensando en lo que sería de su familia si él era dado por desaparecido y ni siquiera podían cobrar la pensión de viudez. En los estudios también hay desiertos, momentos de desinterés. En los desiertos, pero no sólo en ellos, es importante preguntarme por qué o por quiénes estudio. “Aquello de lo que te enamores, lo que arrebate tu imaginación, afectará todo”, decía Pedro Arrupe sj. El proyecto de vida que tenga determinará mis opciones estudiantiles o profesionales. Ellas nunca son neutras: si quiero ser ingeniero comercial en una fundación u ONG tendré que concentrar mis esfuerzos probablemente en ramos distintos que si quisiera trabajar en la empresa privada. Sólo de ahí saldrá la paciencia para los desiertos y la pasión para enfrentar con sentido el esfuerzo que siempre supone aprender.

6. Valora lo antiguo y ábrete a lo nuevo. Jesús dice esto como alabanza del maestro de la Ley (diríamos, el Antiguo Régimen) que se convierte al Reino de los cielos (el Nuevo Régimen). El desarrollo científico y tecnológico ofrece herramientas valiosísimas: es necesario conocerlas y manejarlas. Pero ten cuidado con despreciar lo clásico o el modo tradicional en que se hicieron esas mismas labores. En ingeniería, un profesor mayor que tenía la intuición de las magnitudes esperables en un cálculo en ocasiones era mucho mejor que aquél que conocía los últimos métodos de cálculo computacional, pero era incapaz de darse cuenta que los resultados entregados eran imposibles. No sirven las fijaciones aquí. Ni “la última chupada del mate” ni el “todo tiempo pasado fue mejor”, sino sacar del baúl cosas nuevas y cosas viejas.

7. Conoce de primera fuente. Muchas veces nos hablan en clases de lo que dijo tal persona, de lo que descubrió este otro, del pensamiento de… Tal vez no se puede siempre, pero en los casos más importantes o que más te interesen, lee de primera fuente. Lee a Marx, a Nietzsche, a los Padres de la Iglesia. ¿Cómo formuló Pitágoras su teorema? ¿Qué dijeron los artistas de su propio arte? La Iglesia nos ha enseñado a ir a los orígenes. Cuando el Concilio Vaticano II volvió a las fuentes originarias –y no a las reconstrucciones teóricamente tradicionales del siglo XVI o XIX– se encontró con el tesoro escondido en el campo. Escuchó como quien escucha por primera vez, vio con ojos nuevos, sintió el frescor de lo original y ese frescor le permitió sentir también el frescor que entraba por las ventanas abiertas al mundo contemporáneo. Lee los originales. Léelos, claro, en su contexto: no los juzgues meramente con tus criterios actuales, sino que intenta comprenderlos en su cosmovisión.

8. Ponte en el lugar de quien te lee o te escucha. Muchas veces nos toca exponer oralmente o redactar un trabajo, informe, artículo. La regla de oro, terriblemente olvidada eso sí, es fundamental en esto: trata al otro como quisieras que te trataran a ti. Muchas veces leemos o escuchamos una presentación que: (1) presupone datos que el receptor no tiene por qué conocer, (2) parte por el final y termina por el principio, (3) me trata como un tonto, (4) es muy aburrida, (5) no explica cuál es la importancia del asunto estudiado. Evidentemente, todo eso es no ponerse en el lugar del lector u oyente. Cuando hagas una presentación, pregúntate: ¿Cuál es el itinerario, el recorrido del discurso que permitirá al receptor seguirlo sin tropiezos y como pasos lógicos? ¿Por dónde debo comenzar? ¿Por qué abordamos esto, cuál es su importancia (coloquialmente: a quién le importa)? ¿Qué preguntas se quieren responder? ¿Qué puntos son más relevantes, cuáles secundarios y cómo mostraré esta diferencia al oyente o lector? Y para cerrar, ¿con qué puntos centrales habría que quedarse del trabajo? ¿es necesario recordar el itinerario seguido para que se comprenda? ¿qué respuestas a las preguntas iniciales se han encontrado y qué preguntas nuevas aparecen? Ponerse en el lugar de quien lee o escucha no es sólo un gesto de caridad, sino la única posibilidad de darse a entender. En ocasiones he tenido la impresión que un trabajo ordenado y correctamente estructurado –aunque no “descubra la pólvora”– es más valioso que una buena intuición más desarrollada.

9. Una cosa te falta… No se trata tanto de cumplir todas las reglas o seguir fielmente todos los consejos para el estudio. Mucho menos, de sacarse notas perfectas en todas las asignaturas. Se trata de poner los estudios en perspectiva. La cosa que le falta al que cumple con todo es un rumbo: sígueme. ¿Qué vas a hacer con tu vida? ¿Por qué o por quiénes la vas a gastar? Incluye tus estudios en tu proyecto de vida, ponlos en una perspectiva amplia, no reduzcas los horizontes solo a lo que tienes junto a ti. Pregúntate por tu vida completa.

Hermano jesuita. Licenciado en Teología UC, actualmente cursa un doctorado en Teología en Innsbruck, Austria.

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