El acompañamiento a los religiosos/as: Desafío para el laicado

Muchos laicos vinculados a la espiritualidad ignaciana hemos sido acompañados espiritualmente por jesuitas a lo largo de nuestra juventud y adultez. Si ampliamos la mirada, podemos decir que cristianos de las más diversas procedencias y carismas son acompañados por religiosos y religiosas en todo el mundo, quienes dedican un tiempo considerable a esta importante tarea pastoral.

En la actualidad, el acompañamiento ha dejado de ser un ministerio ejercido exclusivamente por personas consagradas, abriéndose como un espacio en que laicos y laicas colaboran significativamente. Sin embargo, a pesar de esta apertura, veo en mi entorno próximo un gran desafío todavía pendiente respecto de la relación entre religiosos y laicos, y que puede verse reflejado en el acompañamiento -pero que va más allá de éste-: la necesidad de avanzar, laicos y religiosos en conjunto, hacia una responsabilidad más recíproca por la vocación de unos y otros. Más precisamente, creo que los laicos estamos en deuda con generar más y mejores instancias -formales e informales- de acompañamiento de parte de laicos hacia religiosos. ¿Cómo desde el laicado nos hacemos responsables por acompañar las vocaciones religiosas?

Mientras que el acompañamiento espiritual es un espacio donde muchos religiosos y religiosas se responsabilizan por animar la vocación laica con gran dedicación y entrega, cabe preguntarse en qué espacios los laicos hacemos lo propio con los religiosos. Sin estos espacios, podemos correr el riesgo (laicos y laicas) de desarrollar una actitud un tanto “consumista” y egoísta hacia las personas consagradas que sirven en nuestras comunidades. Creo que si no somos capaces de acoger sus necesidades y acompañar sus vidas, es fácil hacer que al final del día estas personas se sientan “utilizadas”. Iría aún más lejos: creo que la propia falta de contención y soporte desde el laicado hacia las personas consagradas, podría considerase como uno de los tantos factores que inciden sobre la crisis de las vocaciones religiosas.

Si parte de la vocación a la vida consagrada consiste en propiciar que los laicos vivamos con más alegría y compromiso nuestra vocación, ¿por qué los laicos no asumimos como parte de nuestra vocación laical el responsabilizarnos por acompañar a los religiosos, para que estos puedan vivir más feliz y fielmente su propia vocación?

En definitiva, si parte de la vocación a la vida consagrada consiste en propiciar que los laicos vivamos con más alegría y compromiso nuestra vocación, ¿por qué los laicos no asumimos como parte de nuestra vocación laical el responsabilizarnos por acompañar a los religiosos, para que estos puedan vivir más feliz y fielmente su propia vocación? No veo en mi entorno cercano esta actitud de responsabilización. Al contrario: aunque sin mala intención, siento que solemos tratar a religiosos y religiosas de manera un tanto utilitarista, pensando demasiado en nuestras necesidades, pero sin mirar el otro lado. Nos sentimos con el derecho a exigir que dispongan de tiempo para nosotros, pero no somos capaces de devolver la mano, no solo desde la amistad, sino desde un verdadero compromiso apostólico de colaboración y disposición a compartir tareas.

No sé cuáles son los medios más adecuados para enfrentar este desafío. Entiendo que en muchos aspectos el acompañamiento a los religiosos viene dado por otros religiosos, lo cual parece completamente razonable. Sin embargo, al mismo tiempo me parece que la responsabilidad laical frente al acompañamiento de personas consagradas es algo sobre lo que debemos discernir y crecer. En orden a seguir profundizando la tan ansiada colaboración laico-religiosa, me parece imprescindible avanzar en tal discernimiento, comenzando por dar a conocer de manera más amplia las instancias formales que ya existen donde laicos acompañan espiritualmente a religiosas y religiosos. Esto puede contribuir a hacernos tomar mayor conciencia de la responsabilidad que como laicos tenemos en esto.

Chileno, miembro de CVX Jóvenes Santiago. Magíster en Sociología UC y profesor del Colegio San Ignacio el Bosque.

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