Adiós Corina, por Cristian Contreras, SJ. « en Territorio Abierto

Adiós Corina

(cc) Libertinus

Hace unas semanas atrás, nos enteramos por las noticias de un nuevo femicidio: le tocó a Corina. ¿Quién fue ella, se preguntarán? ¿Será un nombre más en la lista de mujeres que han partido producto de la violencia? Podría ser, pero en realidad deja de serlo cuando tiene una historia que contar.

Cuando la vi, me pareció conocida; quizás en un cruce de caminos, desapercibida para mi mirada acostumbrada a la rutina. Su historia, probablemente, habría pasado de largo para mí, si no hubiese contestado el teléfono por la mañana: ¡Aló!, sí, ¡viste la noticia!, ¿cuál?, ¿Corina?, ¡¿quién era ella?!

Ahí recién caí en la cuenta de que la había conocido en el Hogar de Cristo, donde acudió pidiendo ayuda. Ella había llegado el 2010 a este lugar, junto a sus hijos. La idea era darle un nuevo rumbo a la vida, alejarse de los maltratos y buscar una nueva oportunidad para recomenzar. Lamentablemente, por razones que no vale la pena juzgar, el proyecto se frustró y las circunstancias terminaron en el fatal desenlace. ¿En qué estarás ahora Corina?, probablemente preocupada de que tus retoños estén bien. ¿Qué nos quieres decir con tu muerte?, ¡porque algo tenemos que aprender!

Tu muerte no es un número más. Para algunos puede ser, pero para aquellas personas que estuvieron cerca de ti, tu historia queda impresa en la piel, en los espacios, en el recuerdo. No eres una mujer más que se va en circunstancias violentas; eres el fiel reflejo de una sociedad que está torcida. Eres reflejo de la falta de oportunidades, de la increencia de muchos, del fatalismo de otros, del aprovechamiento de unos cuantos, una mujer invisible como las muchas que hay escondidas en sus casas, cargando con el peso de la vida.

Quizás, en vida, fuiste rechazada por tu poca cultura, por tu manera de hablar… incluso por tu manera de vestir o por dónde vivías… pero ahora, eres tú quien nos interroga a nosotros: ¿Hasta cuándo siguen generando exclusión?, ¿hasta cuándo las mujeres quedan en segundo plano? ¡Parece que aún, en el siglo veintiuno, es casi una maldición nacer mujer y además, pobre! ¡Cambien esta situación!, ¡cambien esta realidad! En cada mujer que muere, muere la esperanza, muere la vida misma, muere el ser humano y se instaura el desamor…

Ayúdanos querida Corina, a mover los corazones, los más duros, los más blandos, los que están anquilosados en su rutina. Descansa en Paz y que nosotros no descansemos, mientras no haya justicia en el mundo.

A-Dios Corina…

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