Algunos apuntes sobre “el modelo”

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Mucha gente habla del “modelo”. Los empresarios, los políticos, los académicos, los estudiantes, los cultos e intelectuales. “Modelo”, dicen; neoliberal algunos, capitalista otros, modelo marxista, modelo azul, modelo blanco y más y más modelos.

Unos lo defienden hasta la muerte, otros lo atacan, otros lo van moldeando, algunos lo designan el culpable de toda la tontera: de la falta de trabajo, la mala educación, los problemas de la salud, los malos medios de transportes, etc.

Nosotros, los que vamos a la feria, poco entendemos de este “modelo”. A veces tratamos de asimilar algunos conceptos, y de a poco nos vamos dando cuenta de que somos el muro de rebote de todos los experimentos que se les ocurren. Por eso todas la “maldiciones” llegan a nuestros hogares de manera invisible para la sociedad; ni el Presidente sabe los males que a la “pobla” le provoca este tan manoseado “modelo”: tarjetas de créditos, cajas de compensación, AFPs, reajustes, IPC negativo, alzas en los combustibles, leyes SEP, asignaciones éticas, Reforma Tributaria, etc.

En algunos casos escuchamos a las autoridades hablar exageradamente sobre el “modelo”: sobre el sistema binominal, sobre primarias, sobre reformas… todo aliñado con odiosas calificaciones que van de un partido al otro, desde una coalición a la otra, desde un sillón a otro, olvidándose por completo que fueron elegidos por la gente, y que es a esa gente a la que se deben, que es a esa gente a la que menos escuchan por tener sus oídos tapados con la cerilla de la discordia y el populismo.

A ratos nos siguen llenando de confusiones. Nada entendemos cuando de siglas se trata; tenemos un PIB per cápita así de grande (dice el señor de los negocios), nuestra tasa no superará esto, hay cambios y reformas que debemos llevar a cabo con madurez… replican y así van confundiendo nuestras mentes. A estas alturas nuestra lengua se llena de palabras o frases cortas como en la tecnológica lengua del chat, pero la mayor parte de las veces con siglas más “globales”: IPSA, IGPA, ADR, TPM, OCDE, PRIMAS, IMACEC, SONDEOS, dividendos demográficos, FMI, repactación unilateral, como es el caso de La Polar, Crédito con aval del Estado (CAE ), Corfo, Coficiente GINI, pleno empleo…etc.

Resulta que cada uno de estos términos va agudizando el dominio de algunos sectores sobre nosotros y va generando diversos temas que dejamos de entender y atender, temas que dejan de preocuparnos, pero que al parecer son de nuestra total incumbencia. De a poco vamos entendiendo que la idiotez es el objetivo, que mantenernos confundidos les genera poder, y que es ese poder el que nos domina y nos mantiene presos de “lo macro” y de falsos crecimientos y posibles estados de desarrollo: cuando lo más perjudicial es que nos pinten un estado de primer mundo constantemente, mientras nuestra “pobreza micro” no asciende la línea de la pobreza, según las estadísticas de los estudiosos.

Los estudiantes fueron más claros; nos hablaron del lucro y fuimos entendiendo, nos hablaron del presupuesto, de calidad y gratuidad, de garantías de Estado y les entendimos; nos tocaron el bolsillo, nos explicaron con ejemplos claros, pero, ¿por qué  a los grandes profesionales de Harvard nos cuesta tanto entenderles?

Qué maravilla seria que supiéramos cuánto el PIB nos representa de verdad.

A pesar de todo, tenemos nuestro “modelo”, con nuestros términos que se parecen al otro “modelo”. Por ejemplo, nuestros negocios son por estaciones, o sea, “estratégicos”; si algo lo hacemos por fe, es “especulativo”; si es de “tincá”, se fija en los “movimientos de la bolsa”; si es “sano”, no  perjudicamos a nadie para tener mejores ventas, no “canibalizamos”; si es “justo”, no es sujeto a colusión; no fiamos, porque sabemos que el crédito es un cáncer, mejor vendemos barato “sin intereses”; nuestro “marketing” es a grito pelao, con un letrero chico y con tiza; nuestro “staff” son nuestras  familias, y siempre colaboramos con la cultura: a todo el que cante o haga alguna gracia, le damos una moneda quinientos, que no se descuenta de nuestra patente municipal; o sea, RSE de verdad.

Qué cambios habría en estos tiempos si nosotros pudiéramos derechamente ser un aporte en la modificación de las políticas que permiten el desarrollo de un modelo económico perverso e individualista por uno más humano, más inclusivo.

Cuánta sería la riqueza si nos escucharan y nos permitieran abordar reformas a partir de nuestros gastos “micro”, para luego expandirlos a estas cifras “macro” que no representan nuestras realidades.

Qué pasaría si comprendiéramos y compartiéramos una forma distinta de corregir estos “errores y riesgos de mercado” tan sólo escuchando a la gente sencilla, la que compra en la feria, la del fiado, la de los sueldos mínimos, la de los pololitos, las emprendedoras de cuneta y carros fritangueros, las familias que parten sus “micros” en contra, los que cocinan a leña, los que se pasan sin pagar en el Transantiago, los que no comprenden la magnitud del alza de los combustibles porque no tienen autos, los que sólo entienden la vida sabiendo cuánto cuesta el medio kilo de pan y cuántas papas dan por una luca.

Sólo una oportunidad para proponer pedimos, eso es todo.

* Mario es dirigente poblacional y antiguo dirigente de campamentos. Actualmente se desempeña como coordinador del plan de innovación social del Centro de Innovación de Un Techo para Chile.

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