¿Qué apoderados necesitan nuestros niños y jóvenes?

El año escolar comenzó en todo el país y los que somos apoderados guardamos la esperanza que nuestros niños puedan aprender y descubrir los talentos que tienen. Sin embargo, estos aprendizajes o talentos no son responsabilidad exclusiva de los colegios, sino también de los adultos que tienen el cuidado de los escolares.

El rol que tenemos como apoderados es el mismo tanto en una institución pública como privada, o si los niños están en kínder o IV medio. Hablo de “niños” y no “hijos”, para incluir aquellas personas que tienen personas bajo su cuidado sin ser, necesariamente, sus progenitores.

La comunidad escolar está compuesta por varios actores educativos que trabajan en conjunto para lograr lo más importante de una escuela: que todos aprendan. Entre estos actores encontramos a los directivos, docentes, administrativos, auxiliares, estudiantes y, por supuesto, los apoderados. Cada uno de ellos tiene un rol ineludible y es tarea de los directivos liderar un trabajo que los haga actuar como equipo.

En esta ocasión quiero profundizar en el rol que nos cabe como apoderados.

Hay dos grandes niveles de compromiso, uno que podemos llamar el “mínimo” y otro que destaco como “pedagógico”. El mínimo tiene que ver con el cumplimiento de cosas básicas como la compra de útiles escolares, el uniforme, la alimentación, la asistencia a la reunión de apoderados o el pago de la colegiatura (si es el caso). Sin embargo, es posible avanzar hacia un “compromiso pedagógico”, que consiste en empoderarse del proyecto educativo del establecimiento, los procesos pedagógicos del curso del niño y, obviamente, del transitar académico del estudiante que se tiene a cargo.

Compromiso pedagógico

Idealmente deberíamos conocer el proyecto educativo respectivo, con sus énfasis, metas y plazos, así como también las evaluaciones que se hayan hecho en el último tiempo y sus consecuentes planes de mejora. El proyecto educativo nos informa “las características de la enseñanza, la visión del educando, los sellos del colegio y el modelo de sociedad que busca”. Acá se encuentra “la promesa del colegio a sus familias” y, por tanto, los puntos de los cuales la institución debe rendir cuentas a la sociedad y las familias.

Un indicador del compromiso pedagógico que tengo como apoderado es el nivel de conocimiento que poseo sobre algunas cosas claves del colegio. Podemos partir de preguntas sencillas a otras más complejas. ¿Cuál es el nombre del profesor jefe? ¿Del encargado de ciclo? ¿De la dirección? Avancemos: ¿Cuántas horas se destinan a matemática, educación física o historia? Ahondemos: ¿Cuáles fueron los aprendizajes de estas asignaturas en el último mes? ¿Cuáles son las habilidades o competencias mejor logradas y las que merecen más trabajo en mis niños? Es probable que no sepamos todas las respuestas.

Cuando hay claridad al respecto, instantáneamente aparecen preguntas u opiniones sobre la enseñanza que se entrega y los aprendizajes que se logran. ¿Estoy de acuerdo con que en kínder enseñen a leer? ¿Conozco las razones de ello? o, en los jóvenes, dentro del debate sobre la pertinencia de seguir con filosofía en III y IV medio en la modalidad científico humanista: ¿Conozco los contenidos de esta asignatura según los programas del Ministerio de Educación? (son públicos y los puedes revisar en http://www.curriculumenlineamineduc.cl/605/w3-propertyvalue-77543.html). Quizás te encuentres con algunas sorpresas, como, por ejemplo, que la asignatura es “Filosofía y Psicología” y no filosofía “a secas”.

Un indicador del compromiso pedagógico que tengo como apoderado es el nivel de conocimiento que poseo sobre algunas cosas claves del colegio. Podemos partir de preguntas sencillas a otras más complejas. ¿Cuál es el nombre del profesor jefe? ¿Del encargado de ciclo? ¿De la dirección? Avancemos: ¿Cuántas horas se destinan a matemática, educación física o historia? Ahondemos: ¿Cuáles fueron los aprendizajes de estas asignaturas en el último mes? ¿Cuáles son las habilidades o competencias mejor logradas y las que merecen más trabajo en mis niños? Es probable que no sepamos todas las respuestas.

Saber esta información nos ayuda, además, para hacer preguntas más concretas a los niños y jóvenes respecto a su experiencia escolar (cosa muy necesaria para profundizar un vínculo con ellos, pues ¡están más en las escuelas que en nuestras casas!) pasando del “cómo te fue”, al “cómo han estado las clases sobre historia de Chile”, “qué consejo te dio el profesor para no lesionarte cuando entres a jugar”, “cómo te está ayudando el profesor para mejorar la comprensión lectora”, entre otras y según corresponda.

Empoderarse y trabajar por un compromiso pedagógico como apoderado permite dialogar en forma más apropiada con los docentes y directivos de cualquier centro escolar.

Diálogo con el Colegio

Soy profesor y apoderado, y, por tanto, conozco de primera fuente los problemas y prejuicios que existen entre estos actores educativos. Me ha tocado presenciar que, tras malos entendidos, ambos se catalogan de “apoderados y profesores complicados”. Y sí, hay docentes que tienen actitudes prepotentes, como también, apoderados que actúan como si fueran dueños del colegio o jefes de los profesores. Esta situación no sólo es desagradable, sino también injusta y hay que cooperar para crear espacios de diálogo pedagógico donde el estudiante sea el centro.

Una propuesta interesante es que nosotros, en la reunión de apoderados, propongamos dos cargos nuevos en la directiva: “delegado de proyecto educativo” y “delegado de convivencia escolar”. ¿Por qué no innovar con delegados que estén al tanto de aquellos dos procesos centrales dentro de cualquier colegio, como el proyecto educativo y la convivencia? El espíritu no es “combatir al colegio ni a sus docentes”, ¡todo lo contrario! el ánimo es de colaboración, es dar vida a un espacio de diálogo pedagógico donde los estudiantes sean el centro y los adultos responsables de ellos (profesores – apoderados) ponerse de acuerdo en función de los objetivos del proyecto educativo.

Por supuesto que los apoderados tenemos preguntas a los docentes y esperamos de ellos una respuesta profesional, tal como la esperamos de un médico, abogado o contador al cual hemos depositado nuestra confianza. No se trata de decirle al profesor cómo debe realizar su clase, sino, sencillamente, dialogar en torno a las cosas logradas y las que se deben mejorar. En esta línea y viceversa, los docentes pueden tener preguntas importantes respecto a los hábitos de estudio de la familia, el tiempo que pasamos con nuestros hijos, el apoyo concreto que damos a la enseñanza de la escuela. No se trata de “decir cómo se debe criar”, sólo es una conversación respecto a la contribución de la familia al proceso escolar del niño.

Alberto Hurtado sj: el vínculo con el niño como un deber y responsabilidad social

Preocuparnos de la educación de nuestros niños va más allá de las formalidades tradicionales (útiles, reuniones, pagos), preocuparse significa empoderarse de lo que ocurre en las escuelas, tener una opinión informada y proponer soluciones a los problemas. Soluciones en colaboración con las escuelas para mejorar la experiencia escolar de los niños.

Si bien el tiempo es un recurso escaso y muchas veces las tareas que vienen de las escuelas nos aburren y nos hacen enojar, tratemos de hacer un esfuerzo por generar el tiempo adecuado para asumir un compromiso pedagógico con los niños. Es más, cuando un niño ve que su aprendizaje es producto de un trabajo en equipo con quien ama (padres, abuelos, tíos, quien tenga el cuidado) los aprendizajes se hacen más significativos y perduran en el tiempo. Las emociones y la confianza son factores relevantes para los logros académicos según el contexto individual. Aquello de la letra con sangre entra es parte de un pasado que hay que enterrar. Hoy trabajamos para que la letra con AMOR entre y parte de esto es destinar tiempo y compresión a los niños y jóvenes que tenemos a cargo. ¡Involucrarse!

El P. Hurtado (Doctor en Educación de la Universidad de Lovaina, 1935) al analizar la relación de los padres y docentes con los niños y jóvenes, señala: “El padre, la madre muy en especial, que sean amigos del niño, que conversen con él sobre cada uno de sus minúsculos problemas, que no por ser pequeños son sin importancia para él. Esto requiere una presencia continua de los padres en el hogar y no entregar su educación a una Miss o una Fräulein, sino guardarle la madre, ya que ella y su marido son los que tienen la gracia de Dios para velar sobre el niño (…) esta intimidad del padre y educador con el educando, irá valorando ante los ojos de éste los motivos sociales, que son los más fuertes para mover una vida. Ese concepto del absolutismo educacional: ¨tendrá que habérselas conmigo”; o del sentimentalismo enfermizo: “me hará sufrir”, no son poderosos para dar vigor a ninguna personalidad, pero si el niño y luego el joven están acostumbrados a pensar que su vida repercute para bien o para mal de innumerables seres, que él en la vida no es un mero adorno, o un ser sin importancia, sino el artífice de su vida, y un constructor de la sociedad, las cosas habrán cambiado totalmente”[1]

Sin miramientos, el P. Hurtado sj aconseja a sus contemporáneos que el buen vínculo “afectivo-escolar” tiene consecuencias importantes en los aprendizajes trascendentales de los estudiantes, en este caso, los aprendizajes en orden a ser transformadores de la sociedad en dirección a la justicia social: “que no se oigan en el hogar esas continuas lamentaciones sobre el mal general, sino una exhortación a actuar, a renovar, a mejorar”[2].

La calidad de la educación también mejora cuando los apoderados tomamos nuestro rol en serio. Hagamos un esfuerzo, organicemos nuestra vida y destinemos tiempo para empoderarnos del proceso escolar de nuestros niños; esto nos ayudará a hacer buenas preguntas, a entrar en diálogo con los docentes y aportar creatividad en las soluciones.

[1] HURTADO SJ, Alberto. Una verdadera Educación, escritos sobre educación y psicología del Padre Alberto Hurtado, S.J. Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile. 2005. Pp 104-105

[2] Ibidem

Foto: Gonzalo Rocha. 

Abogado y Profesor de Historia de la Universidad Alberto Hurtado. Ha trabajado como directivo y en pastorales de los colegios San Luis Beltrán, San Ignacio El Bosque y San Alberto, todos ligados a la pedagogía ignaciana. Actualmente, se desempeña como supervisor académico en la Comisión Nacional de Acreditación (CNA-Chile). Contacto: [email protected]

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