Aylan y la Memoria

Aylan Kurdi. Este nombre quizás no provoque ningún recuerdo, sin embargo, en una iglesia céntrica de Madrid, se rinde homenaje a este niño de tan solo tres años que falleció ahogado en las aguas del Mediterráneo, un 2 de septiembre de 2015. Muerto, al igual que muchas de las millares de personas que en embarcaciones precarias tratan de buscar refugio en Europa. La iglesia de San Antón está en el centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, y tiene la particularidad de ser un lugar abierto para recibir a los sin techo. Las puertas de la iglesia permanecen permanentemente abiertas tanto para la oración como para acoger a quienes van en busca de un almuerzo, o de un desayuno por las mañanas.  Es común, luego de la misa de 12, que en el mismo templo siga otra “eucaristía” con aquellos que no tienen dónde almorzar en la capital de España.

Nos cuestiona porque algunos llegamos a Europa en avión, con visa; pero, al mismo tiempo, otros llegan arriesgando literalmente sus vidas, para luego ser internados en “sitios especiales” para los migrantes irregulares, donde se decide su situación. Nos cuestiona que todavía en pleno siglo XXI existan guerras que causan la movilidad de millones de personas que huyen para proteger su integridad personal.

Es en uno de los altares de la iglesia que está la imagen de este niño. El párroco informó que se le colocó en representación del niño Jesús para la navidad del año 2015. Se quiso representar a todos aquellos que estaban muriendo en la “crisis de los refugiados”. Pero también nos recuerda que Jesús, al igual que el pequeño Aylan, era un niño del Oriente Medio, que debió partir, junto a sus padres, como refugiado desde Palestina a Egipto. Pasó la navidad, y el niño Aylan sigue en el altar en esta iglesia de Malasaña. Sigue presente su imagen… será porque siguen llegando refugiados, siguen muriendo personas ahogadas en el mar, tratando de buscar un futuro mejor y dejando atrás la pobreza o las guerras. No dejo de pensar que la imagen de Aylan representa en Madrid no sólo a un menor fallecido en una tragedia, sino también un constante cuestionamiento social.

Nos cuestiona porque algunos llegamos a Europa en avión, con visa; pero, al mismo tiempo, otros llegan arriesgando literalmente sus vidas, para luego ser internados en “sitios especiales” para los migrantes irregulares, donde se decide su situación. Nos cuestiona que todavía en pleno siglo XXI existan guerras que causan la movilidad de millones de personas que huyen para proteger su integridad personal.

La imagen de Aylan también representa en Madrid la fuerza de la Memoria, al igual que una serie de políticas que buscan conmemorar hechos del pasado: hechos traumáticos que nos convocan a recordar que “nunca más” se repitan esos dolorosos acontecimientos. La construcción de memoriales, la realización de actos, la colocación de placas o la construcción de sitios de memoria vienen a reafirmar la importancia de estos “sitios de conciencia” para la sociedad en su conjunto, y no sólo para las víctimas o sus familiares. La Memoria no es recordar, como algo anecdótico, sino que es un compromiso para asumir esos hechos traumáticos con un compromiso de no repetición. La Memoria de un niño de tres años, ahogado junto a su hermano y su madre, nos debe animar a seguir trabajando para que paren las guerras, para que todos los niños tengan la oportunidad de recibir una educación de calidad. Seguir trabajando para que esta crisis de refugiados termine, o bien, animar a nuestras autoridades a recibir en nuestros países a los refugiados.

Como los memoriales, las placas conmemorativas, nos recuerdan que las violaciones a los derechos humanos no ocurren en otros países o en años pasados. Los memoriales nos señalan que debemos exigir que esas violaciones no se vuelvan a repetir, que no existan más desplazados, exiliados o refugiados. Que la imagen de Aylan permanezca presente en la iglesia de Malasaña es un acto de Memoria en Madrid, para recordar, para cuestionar, para rezar, para exigir que nunca más un niño fallezca buscando una vida mejor.

Abogado e investigador del Observatorio de Justicia Transicional de la Universidad Diego Portales. Actualmente cursa un Magíster en DD.HH. en la Universidad Autónoma de Madrid.

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