Cambios en la visión de la familia: la Relatio del Sínodo

Imagen: Aci Prensa

Después de los dos últimos sínodos de obispos dedicados a la vocación y la misión de la familia, el Papa está preparando un documento para compartir sus propias reflexiones con los católicos y con el mundo. Lo más probable es que será una exhortación apostólica o un documento pastoral, pues los sínodos no trataron temas magisteriales. El papa Francisco ha acompañado el proceso sinodal desde la escucha, pues no intervino en los debates a diferencia de sus predecesores.

Qué tarea tan difícil para el Papa. Enfrenta desafíos como la violencia provocada por el sistema económico y que afecta especialmente a los más pobres, la violencia intrafamiliar y la falta de tiempo para compartir más. Enfrenta también tensiones entre distintas expectativas: la diversidad de culturas y las opiniones controversiales entre los mismos obispos; los puntos de vista que llegaron escritos los últimos años por laicos, laicas, religiosos, religiosas y sacerdotes, y que no están representados necesariamente en los informes de cada conferencia episcopal, en los relatos de los sínodos, ni en otros documentos magisteriales.

Ante esta realidad el Papa es libre. No está obligado a adoptar alguna posición específica. Sin embargo, sabemos que Francisco ha ido reforzando el principio de colegialidad entre los obispos, los cardenales y el mismo pontífice. Por lo tanto, sería contradictorio si no tomara en cuenta lo que todos ellos discutieron.

El Papa también reforzó la participación de los laicos. Llamó a dos consultas a través de las conferencias episcopales, e invitó a laicos y laicas a ser parte de los debates sinodales, todos representantes de aquel modelo de “familia católica tradicional” (la que cumple con todos los preceptos magisteriales en moral sexual). Hubiese sido una gran noticia que también tuvieran cabida los testimonios de familias que no han podido alcanzar dicho proyecto, presentado como el ideal máximo, y -a juzgar por las votaciones del texto final-, visto por muchos padres sinodales como la única forma posible de familia.

No obstante, las experiencias y opiniones de quienes no viven aquel “modelo exitoso” también fueron presentadas a Francisco. El texto de la Relatio nos lo indica. Sabemos que varias conferencias episcopales enviaron información al respecto. Además, la Secretaría del Sínodo recibió miles de cartas de laicos y laicas del mundo entero, representando todo el abanico de visiones sobre la familia católica, sus alegrías y desafíos en el mundo de hoy y en la Iglesia misma. Es de esperar que ambos principios -colegialidad y consulta a los laicos- puedan influenciar la redacción final del documento.

Miremos la Relatio Synodi (el informe final de los obispos al Papa). Antes, quiero aclarar que no haré un comentario sistemático de este informe, por lo tanto, mi selección es necesariamente subjetiva. Aclarado esto, decidí destacar dos elementos: el novedoso uso de datos empíricos; y el enfoque en la gradualidad y el aprendizaje en la vivencia de la moral familiar y sexual.

Los obispos reconocen que primero hay que escuchar. Una mirada más objetiva, abierta y cariñosa permite identificar la situación en que se encuentra la familia y que ninguna pastoral puede negar si no quiere ser irrelevante. Además, una mirada así logra identificar a la familia en sus múltiples formas, a las personas que son a la vez frágiles y preciosas, y además, reconoce lo que somos y a quienes nos rodean.

Los obispos reconocen que primero hay que escuchar. Una mirada más objetiva, abierta y cariñosa permite identificar la situación en que se encuentra la familia y que ninguna pastoral puede negar si no quiere ser irrelevante. Además, una mirada así logra identificar a la familia en sus múltiples formas, a las personas que son a la vez frágiles y preciosas, y además, reconoce lo que somos y a quienes nos rodean.

Asimismo, esa mirada sabe descubrir a los católicos y católicas que anhelan participar de la vida de la Iglesia, de su comunidad y que, por alguna razón, no se sienten bienvenidos. Por ejemplo, cuando se les niega la participación plena en los sacramentos o perciben el trato injusto que se les da a otros.

En Chile, a lo mejor, esto significaría mirar con realismo y respeto -estemos o no de acuerdo- que hoy un 50% de los chilenos está a favor del matrimonio igualitario (versus 28% hace 4 años); que solo un 51% de los chilenos cree sin reservas que el matrimonio es un compromiso para toda la vida, y que un 77% de los católicos cree que las personas divorciadas que se vuelven a casar deberían poder comulgar.[1]

Reconociendo que nuestro pensamiento inevitablemente está moldeado por lo que creemos correcto y justo, se puede notar el esfuerzo de la Relatio del Sínodo para describir a la familia en sus distintas facetas. Así, el capítulo I está dedicado íntegramente a escuchar a las familias de hoy, a revisar sociológica y económicamente las condiciones en que se desarrollan, sus desafíos, sus esperanzas y alegrías. Quiero destacar que el texto da cuenta sin condenar, que el ideal de la familia católica no se vive en muchas situaciones y lugares. Con esto reconoce que nadie “nace” en una vocación, sino más bien, nos acercamos a ella viviendo dolorosa y gozosamente a la vez que el Reino de Dios ya está entre nosotros, pero que aún no es visible en su plenitud.

Me llama la atención el énfasis en el aprendizaje dentro del matrimonio, entre los esposos en la familia[2], y también entre quienes los acompañan[3]. No llegamos a la familia sabiendo cómo se vive y se hace perfecta. Así, implícitamente, el texto reconoce que la vida familiar “ideal” es una invitación, un norte al que, ojalá y no sin reveces, nos acercamos gradualmente. La Relatio indica: “Un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades. A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y caída ”.[4] Se refleja, por ejemplo, en lo que se dice sobre el acompañamiento a las personas divorciadas vueltas a casar; o el rol que juega la propia consciencia en el proceso de acercarse a los sacramentos.[5]

En la lógica del crecimiento que plantea el texto, podríamos decir que Dios quiere llegar con su amor a todas las familias, independientemente de cómo estén constituidas. Quiere llegar en los errores, los fracasos, los segundos y maduros intentos, en el miedo de caer de nuevo.

En la lógica del crecimiento que plantea el texto, podríamos decir que Dios quiere llegar con su amor a todas las familias, independientemente de cómo estén constituidas. Quiere llegar en los errores, los fracasos, los segundos y maduros intentos, en el miedo de caer de nuevo. También, Dios quiere llegar con su amor a través del esfuerzo de muchos papás y mamás que cuidan lo que más pueden a los niños, pese a la separación de sus padres, y en el generoso cuidado que puede entregar a los niños del matrimonio anterior, una segunda pareja. Jesús dijo “No son los sanos sino los enfermos que necesitan el médico” (Lc 5, 32). Si bien no es una cita que recoja la Relatio, en la teología de misericordia del papa Francisco tendría cabida.[6]

Ante esta realidad de crecimiento y de camino como proyecto, ¿por qué parece tan difícil desprenderse de aquella visión que concibe como un premio la entrega de los sacramentos o un banquete para los selectos, en vez de ser alimento para quienes flaquean ante las dificultades? ¿Por qué no reconocer el amor de Dios en la fidelidad de dos personas, a pesar de que la sociedad, la religión o la cultura no aprueben ese amor? Hace 50 años la sociedad rechazaba la relación entre un afro-descendiente y un blanco, hoy se rechaza la relación entre dos mujeres o dos hombres, y siempre se ha hecho con una pareja formada por un rico y un pobre. Parece que Dios pone su amor también en la diversidad de la vida y en donde además quiera mostrar su creatividad aunque no calce con nuestros conceptos.

El gran salto que algunos esperan del papa Francisco, ese giro en 180 grados en los temas morales y familiares “controvertidos”, probablemente no se dé. En cambio, a lo mejor, optará por mantener la fidelidad a la colegialidad que él mismo promovió como modo de funcionar, y seguramente, no dejará atrás de un golpe la tradición magisterial heredada. Pero es posible que proponga matices en su reflexión sobre la familia, y sobre la pastoral familiar que los católicos estamos invitados a construir, para que refleje más el amor de Dios.

Así, nos animaría en este aprendizaje gradual de vivir -todos y todas- la misericordia de Dios para acompañar mejor a las familias diversas de este mundo; proporcionaría matices que reflejen la apertura con que vivimos los sacramentos; y también nos daría luces sobre cómo reconocemos ese amor, a pesar de que hayamos creído que hay situaciones “complejas”, como las llama la Relatio, en que nunca podría manifestarse realmente el amor de Dios. Y estaríamos sorprendidos de que a veces, sí puede ocurrir. La Relatio no reconoce explícitamente la posibilidad de ese amor en las situaciones “complejas”; pero sí admite que puede haber “elementos positivos”.[7]

Finalmente, la Relatio nos invita a todos y todas a aprender a estar cerca de las familias del mundo de hoy: “La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos -sacerdotes, religiosos y laicos- en este arte del acompañamiento, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro”. Aunque una familia no sea perfecta, es el espacio o tierra sagrada del otro. Por lo mismo, superando nuestras situaciones complejas, desde nuestra capacidad de aprender y crecer, estamos invitados a escucharla y acompañarla.[8]

[1] Todos los datos: Encuesta Bicentenario 2015, Familia, disponible en http://encuestabicentenario.uc.cl/wp-content/uploads/2015/12/Familia-Encuesta-Bicentenario-2015.pdf.
[2] Párrs. 45, 46, 49, 51, 69
[3] Párr. 77
[4] Párr. 51
[5] http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2015/10/28/habra-comunion-para-los-divorciados-vueltos-a-casar/
[6] Evangelii Gaudium, párr. 48.
[7] Relatio, párr. 70
[8] Relatio, párr. 77

Alemana, vive en Chile y es miembro de la CVX adultos. Cientista Político por la universidad Johannes Gutenberg, de Mainz, Alemania, y Doctora en Derecho por la universidad de Essex, Reino Unido. Académica, especialista en derecho internacional y derechos humanos.

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