Chiloé: La crisis de la omisión

La crisis económica y social que hoy vivimos en Chiloé, no ha dejado indiferente al país. Con tristeza y desazón hemos visto el desastre ecológico que afecta a hombres, mujeres y familias enteras en una zona de Chile que para muchos es patrimonio nacional. Su gente alegre y de esfuerzo es el baluarte de la acogida y el cariño para quienes visitan y se maravillan con esta zona, su cultura y territorio; y con personas que a diario manifiestan una histórica y estrecha relación entre el ser humano, la tierra y el mar. Es por esto que hoy impacta profundamente este conflicto. En él se cristaliza una crisis de orden estructural sobre un territorio productivo donde conviven sectores -pesca artesanal y salmoneras- que, en su actividad, comparten recursos, naturaleza y comunidad. Sin embargo, ellos no son los únicos actores; también se presentan otros intereses e influencias, que afectan la calidad y el acceso equitativo a los recursos. Es por eso que, en este ambiente de conflicto, se necesitan no solamente tomar en cuenta estas interacciones, sino comprenderlas desde lo local, evidenciando las omisiones, para ejecutar tareas intersectoriales que contribuyan de modo efectivo a la solución de esta problemática.

Las consecuencias insospechadas que la marea roja ha tenido y tendrá para nuestra región, han relevado cuestiones de orden estructural en la economía productiva, y que no necesariamente son conocidas por la ciudadanía; por ejemplo, poco se ha dicho sobre la marea roja que existe en la vecina Región de Aysén: hace 23 años afloró cuando la presencia de la acuicultura era escasa o inexistente. Entonces, es poco razonable sostener que la industria acuícola es la principal causante de este fenómeno. Por cierto, esto no disipa el manto de dudas sobre el impacto (positivo/negativo) que la industria del salmón ha generado en el territorio. A este respecto, la reacción que presenta la comunidad y sus representantes locales sobre la industria del salmón, da cuenta de las omisiones de este empresariado en la relación con su entorno productivo.

Este conflicto necesariamente debe traer consigo cambios políticos profundos y radicales, tanto a nivel de gobierno como de empresas y comunidades. Porque esta crisis debe ser el punto de inflexión para enfrentar el futuro de un modo distinto al que ha existido en el territorio

Este conflicto necesariamente debe traer consigo cambios políticos profundos y radicales, tanto a nivel de gobierno como de empresas y comunidades. Porque esta crisis debe ser el punto de inflexión para enfrentar el futuro de un modo distinto al que ha existido en el territorio: gobiernos que han sostenido una política pública escasamente planificada y ordenada, en un sector económico altamente vulnerable y con problemáticas multidimensionales que requieren ser resueltas de manera más moderna. Así también, una industria del salmón dirigida por personas con escaso apego a la región y su gente, que no ha logrado involucrarse completamente con el territorio, e incapaz, durante 26 años, de establecer conjuntamente una relación más madura con su entorno productivo, ni menos, definir un plan estratégico en que su vinculación con el medio sea incorporada decisivamente.

Entonces, en este marco se deben destacar áreas importantes de desarrollo en el sur de Chile, concernientes a la definición de objetivos y mecanismos orientados a la reducción de la vulnerabilidad y ampliación de las justas oportunidades económicas, sociales y de la relación con la naturaleza. Es por eso necesario que, con cierta urgencia, se empuje conjuntamente la implementación de modelos de gobernabilidad para territorios con particulares características socioculturales y socioterritoriales, como es el caso del sur de Chile.

Esta crisis es la oportunidad para que el Estado y la sociedad en su conjunto (profesionales, empresas y ciudadanía) comprendamos que estamos inmersos -por ahora- en un modelo económico con sistemas productivos que necesitan, prontamente, acomodarse a modos sustentables de producción, y que consideren las condiciones naturales, sociales y culturales que los rodean.

Necesitamos de un sistema donde la triada Estado-Empresas-Comunidades se comuniquen de un modo más adecuado. No proceder de esta forma implicará nuevos riesgos de inestabilidad y colapso futuro por conflictos de intereses/ambientales, al no considerar los contextos de las actividades que se desarrollan en un territorio determinado. Ahora bien, es de todos la responsabilidad de construir estos modelos productivos sustentables. Ya basta de mirarse el ombligo y buscar culpables, llegó el momento de mirar conjuntamente el futuro colectivo para nuestra región.

Sociólogo de la Universidad Alberto Hurtado, vive actualmente en Puerto Montt. Participa como miembro de CVX adultos. Es director ejecutivo de Kapital Social Consultores. Realiza investigación aplicada y consultorías contribuyendo en la articulación público y privada en el sur austral de Chile.

Sus columnas en TAbierto

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.