A propósito de HidroAysén: ¿Ciudadanía empoderada o consumidores de ideales?

(cc) Herny Saavedra

(cc) Herny Saavedra

Una serie de manifestaciones públicas marcaron la pauta noticiosa de la semana pasada en Chile, producto de la oposición mayoritaria al megaproyecto energético Hidroaysén, el cual ha generado gran polémica dado el gran impacto ambiental que provocarían tanto las represas como el cableado de miles de kilómetros sobre bosques vírgenes de la Patagonia chilena. Por otra parte, la opinión de los técnicos y políticos del gobierno apunta a que, en vistas del consumo eléctrico de hogares e industrias, no existe otra solución de abastecimiento energético para el mediano y largo plazo.

Estas manifestaciones han gozado de una alta participación ciudadana (se hablan de 30 mil personas el viernes pasado); participación que ha sido mediada en gran parte por las redes sociales, en donde se articulan voces, opiniones y también encuentros en la vía pública para protestar. Existen épicos videos y campañas que suscitan la participación de un amplio grupo de personas que no les gusta ver a la Patagonia convertida en una “guitarra eléctrica”, como lo grafica el senador Antonio Horvath.

Yo no quiero opinar sobre Hidroaysén, pero me surgen algunas dudas con respecto a este grupo de personas que se han movilizado. ¿Se puede hablar de una ciudadanía activa y empoderada, comprometida con su sociedad?

No lo sé, al menos, me genera dudas contestar afirmativamente. Yo me pregunto, ¿la gente que protesta maneja toda la información? ¿Verdaderamente les quita el sueño que se realice el proyecto? Otra pregunta: si un gran promotor de la causa es el Presidente Piñera, ¿basta que “corte” con Hidroaysén para calificar bien su gobierno? ¿Basta calificarlo como malo si lo llega a concretar?

Temo que los cibernautas que seguimos los trending topics en Twitter y Facebook somos muy volátiles. Nos conformamos con decir: #noahidroaysen y quedamos en eso nomás. A lo sumo, salimos a la calle, convencidos de que cambiaremos el mundo y así nos vamos a dormir tranquilos. Esa volatilidad se comprueba toda vez que el gran tema para los políticos es medir su aprobación mediante su desempeño en la cancha virtual de las redes sociales. Quizás ya perdieron la batalla con Hidroaysén, pero saben moverse en el juego: la vez pasada ganaron con el exacerbado nacionalismo del bicentenario,  y con la vedette del rescate minero, con el último de los rescatados en horario prime. Nadie habló de los 19 muertos por accidentes laborales mineros luego del famoso rescate.

¿Se asomarán 30 mil personas para luchar por el sistema electoral que deja a las minorías fuera? ¿Se levantarán por los graves abusos y falta de legislación hacia los migrantes, los pueblos originarios, los trabajadores, las mujeres vulnerables y otras víctimas de nuestra discriminación e indiferencia? Y, lo más importante, ¿podrán ser capaces de articular una propuesta política seria que conduzca a la realización de una mejor sociedad?

Los consumidores de estas épicas luchas tienen que preguntarse cómo articular una sociedad que asuma e integre los problemas que tenemos y que vendrán. Los migrantes, los adultos mayores, las mujeres violentadas y las familias mapuche no usan twitter. Viven al lado nuestro, participando de la realidad real (y no de la virtual). Las redes sociales, a mi gusto, poco tienen de social. ¿Cómo nos transformarnos de consumidores de las ideas de la red social a ciudadanos activos de la verdadera sociedad? No lo sé, dejo la pregunta planteada.

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.