Corrupción en Arica: un pueblo sumido en la desilusión

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En plena celebración de los 471 años de la fundación de Arica, una terrible noticia nos ha estremecido: Tras 5 años de investigación por parte de la Fiscalía Regional, diecinueve personas han sido formalizadas por su relación con una red de corrupción, acusados de defraudar al fisco por más de 4 mil millones de pesos. Empresarios, funcionarios públicos, concejales, el propio alcalde -ya inhabilitado-, miembros de diversos sectores económicos, y políticos, sucumbieron ante la tentación del dinero.

Los Tribunales hoy se encargan de los delitos que se les imputan a estas personas, las que permanecen en prisión preventiva en la cárcel de máxima seguridad de Acha. A pesar de la confianza -o no- que personalmente podamos tener en la Justicia y las medidas que se han tomado, hay algo que nos deja intranquilos como sociedad. Junto con la indignación, la rabia y la sed de justicia, otros sentimientos afloran y nos generan una profunda desilusión. Vergüenza, desconfianza, pena. Nos sentimos defraudados por las autoridades que han jurado compromiso con los intereses de la ciudad. “Mayor es mi Lealtad” dice el lema de Arica y qué lejano a eso ha sido su actuar. Es difícil creer que la codicia consiga suprimir todo pudor y permita engañar a miles de personas honestas. Cuántos trabajadores, obreros y jefes de hogar se han visto afectados por estos hechos. Es desolador.

El inhabilitado alcalde Waldo Sankán afirma en entrevistas su inocencia, y que todo es un montaje de la Fiscalía. ¿Creer o no creer? La opinión pública se ve enfrentada a este dilema. Ahora que se acerca un nuevo proceso eleccionario, el problema se acrecienta: ¿creer o no en los candidatos?, ¿cómo no sentir temor y desconfianza ante las promesas que volveremos a escuchar?, ¿cómo no recordar las promesas que nos hicieron aquéllos que hoy están siendo investigados por mentirnos y robarnos? Y en su afán oportunista ¿cuántos se promocionarán como probos, incapaces de fallarle a la ciudad?

Difícil tarea tendrá el mundo político en estas elecciones bajo el sistema del Voto Voluntario. Reivindicar la imagen dañada del “servidor público”, esforzarse por mostrar la calidad de los candidatos. Convencer de que son la mejor opción, persuadir a todo el universo nuevo de electores, principalmente jóvenes. Animar a las personas a votar, prometer esto, prometer aquello. Promesas que se hacen a los más pobres, a los que más necesitan de sus autoridades… las que se esfuman al momento de obtener el cargo.

Difícil tarea tendrá también la ciudadanía. La ingenuidad o desinterés nos pasa la cuenta y facilita hechos como éste. Gran misión tenemos nosotros, los cristianos, de estar más insertos en todas las esferas sociales. Al tomar la decisión de votar o no, con responsabilidad y a conciencia, escoger a quien se tome más en serio el compromiso de servir a la comunidad, y no a quien nos ofrezca más regalos o sea “el mal menor”. Tenemos que estar más atentos, ser más críticos y denunciantes. En definitiva, tenemos la misión de hacernos cargo de la construcción de nuestra sociedad en conjunto con las autoridades. Todo esto en torno a una misión aún mayor: La de difundir el mensaje que nos entrega Jesús; porque si estos casos de corrupción ocurren, es porque al mundo evidentemente le está faltando amor y respeto por el prójimo, justicia y honestidad.

* Karina es estudiante de Derecho de la Universidad de Tarapacá. Participa en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, es miembro de la Red Juvenil Ignaciana de Arica y del equipo Rompiendo Fronteras Bolivia-Chile-Perú.

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