¿Deus ex machina o Dios con nosotros?

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La contradicción del pesebre es un Dios que nace como pobre. ¿Qué se le perdió a Dios en un pueblito al que nadie sabe llegar, si no es preguntando? ¿Qué le vio a un establo para elegirlo de cuna y a unos animales para que ocuparan el lugar de su matrona?

Aristóteles cuando habla del teatro griego rechaza una herramienta que ocupaban los trágicos de su época (trágicos se llaman los que hacen tragedias… me refiero a esos trágicos…): el deus ex machina o artificio. Consistía en que, llegado el final de la obra y pareciendo que el héroe no tenía salida posible, aparece un dios colgado de estructuras y poleas que resuelve y zanja todos los conflictos a partir de su divina autoridad. Y el filósofo lo desprecia como un método barato de resolución de la trama. Por más que se complique la historia previamente, siempre podrá llegar un dios colgado de sofisticados artefactos y resolverla. En cambio, dice Aristóteles, en una buena tragedia “el desenlace de la trama debe surgir de la fábula misma y no depender de un artificio en escena”.

Nosotros los cristianos creemos en un Dios que hace surgir el desenlace del corazón de la trama. En medio de nuestra historia humana, Dios se puso entre nosotros. No vino colgado de grandes máquinas, sino como vienen todas las personas: del vientre de una mamá. Para no eximirse de nada de lo humano, no quiso nacer en una cuna honorable o de reyes, sino en un pesebre. Se hizo Dios con nosotros, padeciendo la pobreza, la injusticia, la persecución y el exilio desde pequeñito. No se ahorró nada. Quiso hacer el camino completo. Usó pañales. Lo circuncidaron. Sus papás le enseñaron a hablar. Se cayó cuando aprendía a caminar. Fue niño, púber, adolescente y adulto.

A veces nosotros quisiéramos ahorrarnos el camino. Queremos enseñar sin haber aprendido. Es tan incómodo estar a medio camino: los cambios de voz, las medias tintas… Nuestra cultura nos acostumbra a tener las cosas listas a la mano: basta comprarlas hechas. ¿Para qué comprar aviones armables si se puede comprar hecho? ¿Para qué hacer una torta si para eso existen las pastelerías? Y así con nuestra sociedad: ¿para qué hacernos las preguntas de fondo por la injusticia si podemos “hacer caridad”? ¿Para qué conocer a los pobres y a los afligidos si salen en la tele?

Jesús hizo el camino completo. Por eso es creíble. El deus ex machina es inverosímil (in-creíble, literalmente). Jesús sabe de qué se trata ser humano: ser niño, ser púber, ser adolescente y adulto… estar a mitad de camino. Por eso salva. Porque salva desde dentro. Porque lo asumió todo. Porque nada humano le será nunca ajeno.

Hermano jesuita. Licenciado en Teología UC, actualmente cursa un doctorado en Teología en Innsbruck, Austria.

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