Dime dónde vives y te diré quién eres

(cc) sirve.cl

La desigualdad se expresa de diversas formas. Una de ellas se esconde en la manera como ordenamos nuestras ciudades. En Santiago y en muchas ciudades de América Latina existe una zona conocida como “cono de alta renta”, que reúne mayoritariamente los recursos económicos de la ciudad, y, por ende, allí se concentra el porcentaje más rico de la población, los mejores equipamientos y los servicios de primera línea. La libertad de mercado así lo dicta. De esta forma, el acceso a servicios y oportunidades se determina en gran parte por el lugar de residencia que se tiene.

Haciendo un simple ejercicio de contraposición entre habitantes que viven dentro y fuera de dicho “cono de alta renta”, se puede evidenciar no sólo la desigual distribución de la población, sino que también las probabilidades de acceso a oportunidades en función al lugar dónde se vive. En Chile, al menos, sigue ocurriendo un absurdo: la posición de las personas en la sociedad se ordena bajo una lógica mercantil, mediante la cual quien posee mayor cantidad de dinero tiene también mayor posibilidad de elegir y decidir sobre su futuro.

Vitacura es una de las comunas (o distritos) más ricos de Santiago, Lo Espejo, una de las más pobres. Vitacura colinda con otras comunas “hermanas” que comparten este “cono de alta renta”. Lo Espejo, por su parte, limita con otras comunas como ella, que tienen índices de pobreza similar. Según datos del INE y de la Encuesta Casen 2009[1], en Vitacura la población estimada es de más de 80 mil personas y la población pobre no supera el 2%. En Lo Espejo la población es de más de 100 mil personas y la población pobre supera el 15%. El ingreso autónomo (sin transferencias del Estado) de los hogares de Vitacura es de $3.120.749 (más de 6.700 dólares); en Lo Espejo es de  $414.210 pesos (900 dólares); pero en ambas comunas los tamaños de los hogares son similares (aproximadamente 4 integrantes por hogar).

Los niveles de desigualdad son impactantes en el ámbito educacional. La escolaridad promedio del jefe de hogar es de 9 años en Lo Espejo y de 16 en Vitacura. En esta última comuna hay más niños que asisten a educación pre-básica, básica y media, y aún cuando estas cifras no son tan distantes, sí llama la atención el acceso a la educación superior: sólo 2 de cada 10 jóvenes en Lo Espejo, mientras que 8 de cada 10 jóvenes en Vitacura. Por otro lado, un 82% accede al sistema de salud pública en Lo Espejo, y sólo un 17% de los residentes de Vitacura utiliza los servicios del Estado.

En Vitacura hay menos hacinamiento (de hecho, prácticamente no existe) con respecto a la densidad de población: hay 2.835 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en Lo Espejo la cifra es de 14.002; en otras palabras, mucho más gente viviendo en un espacio más reducido de territorio. La desigualdad también se refleja en los espacios de recreación: En Vitacura hay 11,69 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, mientras que en Lo Espejo sólo 0,78 metros cuadrados, según datos de la CONAMA.

Y así podríamos seguir. Sin embargo, la desigualdad no sólo se produce en estos índices. Hoy en día las teorías sociales hablan de la creciente demanda de las personas por participar activamente en las decisiones que se toman en sus ciudades. Y qué pasa a este respecto en Vitacura: sus habitantes hacen un plebiscito para evitar el aumento en la densidad de la población y no permitir que más personas vivan ahí; y qué pasa en Lo Espejo: sus habitantes no pueden tomar la decisión sobre la instalación de un enorme edificio municipal al frente de una de las poblaciones más densamente pobladas de la comuna; tampoco deciden si es que quieren ampliar sus casas -porque no hay más espacios donde construir-; no deciden a qué colegio, o universidad -si es que pueden costearla- asistir, o en qué hospital atenderse. En otras palabras, en Vitacura las personas sí tienen la posibilidad de elegir. Tienen más oportunidades. En Lo Espejo quizás ni siquiera se puede hablar de la existencia de opciones. Así las cosas, es evidente entonces que existen razones -y de peso- para explicar el descontento social del que tanto se habla en la actualidad; se ve que hay razones para creer que las personas no quieren aceptar más este sistema que se les ha impuesto.

Dime dónde vives y te diré quién eres. Hacer frente a la segregación residencial es complejo, pero no imposible. Hablemos de los planos reguladores, de los fondos municipales; un municipio pobre va a seguir siendo pobre si continúa dependiendo de la población que lo compone. Hay que repensar la forma en que organizamos nuestras ciudades, pues quizás aquí podríamos dar un salto para disminuir las brechas de desigualdad.

Esperemos que los dirigentes políticos y los ciudadanos nos enfoquemos en defender las necesidades reales de la gente, para que vivir en una comuna no establezca el nivel de decisión que tienen sus habitantes. Es indignante que la desigualdad sea un eje transversal en diversos ámbitos de la sociedad; no puede ocurrir que el lugar donde uno vive determine el futuro de las personas.

Soñemos con una sociedad distinta, en la que vivir en una comuna u otra no marque más las pautas de cómo nos hacemos parte de la sociedad ni de cómo tomamos las decisiones sobre bienes primarios, como la educación y la salud. Somos una sociedad que segrega, que de manera consciente deja fuera a quienes no tienen posibilidad de optar. Ojalá la probabilidad de nacer o no en un “cono de alta renta” deje de ser el criterio que fije las formas en que nos hacemos parte de la sociedad.

* Javiera es socióloga de la UAH, estudiante del magíster en Ética Social y Desarrollo Humano de la misma universidad. Trabaja en el Centro Teológico Manuel Larraín y fue directora del Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile.


[1] Extraídos del Sistema Nacional de Información Municipal (www.sinim.cl) y de la Cartilla de Información territorial de la Fundación Nacional para la Superación de la Pobreza.

Socióloga de la UAH, Magíster (c) en Etica Social y Desarrollo Humano de la misma universidad. Es Directora Ejecutiva de la Fundación Lealtad Chile y fue directora del Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile.

Sus columnas en TAbierto

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.