Dios y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)

Marcha de las mujeres zapatistas en mayo de 2013, por las demandas de los pueblos originarios.

Marcha de las mujeres zapatistas en mayo de 2013, por las demandas de los pueblos originarios.

Estamos acostumbrados a ver a Dios en lo ordenado, lo pulcro, lo que no tiene mancha. Es fácil decir que Dios está en la naturaleza que nos rodea; en el abrazo cariñoso de un amigo. Sin embargo, Dios también actúa en la contradicción y en aquello que puede ser catalogado como “desordenado” o “caótico”. Teniendo en cuenta lo anterior, los invito a entrar a una escena del México actual: En días pasados, la comandante Miriam, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), dijo en un discurso frente a 236 representantes de pueblos originarios, una frase que en lo personal me dejó pensando un buen rato: “Queremos decirle a los malos gobernantes que les quede bien claro que ya no nos dejaremos”.

¿A qué se refiere la comandante Miriam, cuando señala “que ya no se van a dejar”?  Previo a ese discurso, se reunieron agrupaciones indígenas del país y del mundo para analizar las principales problemáticas que están aconteciendo en sus comunidades. Concluyeron que existen cuatro grandes amenazas que están produciendo “muerte y destrucción”: el crimen organizado, las empresas transnacionales, las mineras y los grupos políticos.

¿Es posible encontrar la voz de Dios a través de este discurso?

Un camino para descubrir la voz de Aquél que fundamenta la vida, es el que proponen las Comunidades Eclesiales de Base (CEB). Este “itinerario” consiste primero en ver lo que está pasando a nuestro alrededor, luego, darnos tiempo para reflexionarlo a la luz del Evangelio y, posteriormente, preguntarnos qué respuesta podemos dar ante tal suceso. En esta propuesta suele surgir una pregunta que a muchos resulta sospechosa y digna de reflexiones más “cuidadas”: ¿A qué nos está invitando Dios?

Otra opción para tratar de sondear el sonido de la voz divina en esas profundidades en las que parece que Dios no está, es el propuesto en una parte de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, quien nos invita a preguntarnos ¿qué he hecho por Cristo?, ¿qué hago por Cristo? y ¿qué haré por Cristo?. Estas tres preguntas bien pueden hacerse contemplando a la comandante Miriam y todo lo que ella representa. Hacer a un lado los juicios ideológicos y dejarnos afectar por lo que Dios nos está tratando de comunicar, puede ser un ejercicio que renueve nuestro interior y nos conduzca a una experiencia del Abba anunciado por Jesús de Nazaret. O tal vez no, y simplemente nos ayude a continuar la búsqueda.

Al escuchar con el corazón atento a estas voces que reclaman paz y justicia, y recordar que Dios está encarnado en la realidad, quienes nos asumimos como seguidores de Jesús de Nazaret —al que confesamos como el Cristo, el que nos hace humanos y posibilita la existencia— no podemos pasar de largo y hacer como que no vemos ni oímos la vida de aquéllos que padecen directamente las injusticias; más aún si éstas se van institucionalizando en México y en otras partes de América Latina por medio de la aprobación de leyes y reformas.

¿Dios nos está diciendo algo en aquello que no nos gusta o nos parece violento y contradictorio? Complicado responder si piensas encontrar certezas absolutas. Es necesario guardar silencio, y, si es posible, entrar en contacto con realidades similares, estar ahí, oler, tocar, escuchar y, después, en lo oculto, dejar que el misterio que habita en la realidad nos comunique su mensaje. Tal vez ahí renovemos nuestras ganas de vivir y de amar más a la humanidad.

Mexicano. Abogado. Estudiante jesuita en la etapa de Teología.

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