Educación católica: La obligación de optar por los más pobres

catolicosEstructurada y regulada como funciona hasta el momento, la educación escolar en Chile corre distintos peligros, afectando tanto a la sociedad en su conjunto, como al sistema educativo en particular: la escuela, la sala de clases y las relaciones que allí se generan. La selección de los estudiantes es una de las regulaciones que mantiene una estructura esencialmente injusta en escuelas públicas, privadas, confesionales y no confesionales.

¿Por qué las escuelas optan por seleccionar a sus estudiantes? Independiente de las razones, lo que muchos no distinguen es el daño directo a los estudiantes y a los profesores. De ahí que uno de los acuerdos de la comisión para la reforma de la educación en el año 2007, fuera prohibir la selección de alumnos hasta sexto año básico.

La elección por habilidades académicas es, en mi opinión, una estrategia abiertamente discriminatoria y descremenatoria. Por un lado, discrimina a los estudiantes según sus habilidades cognitivas o del nivel del colegio del cual proviene. ¿No debería ser al revés? Es decir, ¿que el colegio lleve a cualquier alumno a un nivel determinado? Por otro lado, descrema, pues se queda con “lo mejor del mercado”. ¿Se desconoce acaso que aquellos estudiantes con mejor rendimiento académico, son a su vez hijos de familias con mayor capital cultural?

Escoger a los más necesitados no es una opción más para los católicos. Es una obligación, la que debe ser aplicada en todos los contextos en que como Iglesia queremos estar. Tiene que ver con coherencia y testimonio.

En el caso de los colegios confesionales, y particularmente católicos, la situación es dramática, pues pone en tensión la misión. Podemos cuestionar, y entrar en otra conversación, si la afiliación religiosa de los padres puede ser un criterio para seleccionar alumnos. Pero en el contexto de las habilidades académicas, ¿no debieran precisamente las escuelas católicas dar un ejemplo de opción por aquellos que les es más difícil aprender? ¿No deberían los profesores de colegios católicos estar preparados y dispuestos para enseñar a los más pobres y desventajados? Los datos muestran que en Chile la educación católica es la más selectiva por antecedentes académicos en comparación con la no católica, en escuelas particulares subvencionadas (52% v/s 25%) y en particular pagada (83% v/s 57%), según  “Catholic Church Schools, Who chooses whom? An analysis of school choice and students screening in the Chilean educational system, Revista Mexicana de Investigación Educativa, n.55.

Existen, sin embargo, peores escenarios. Efectivamente, en los Estados Unidos existe una amplia oferta de cursos que preparan a alumnos para entrar a las mejores escuelas católicas. Éstas crearon una prueba estandarizada —tipo SIMCE— para los niños y niñas que postulan a sus colegios y, de esta forma, definir quiénes son los “talentosos” o los “más fáciles de educar”. Lo anterior ha creado un mercado sobre el cual se ha perdido el control, y hoy los colegios católicos no pueden subsistir si no aplican la prueba.

Sin embargo, escoger a los más necesitados no es una opción más para los católicos. Es una obligación, la que debe ser aplicada en todos los contextos en que como Iglesia queremos estar. Tiene que ver con coherencia y testimonio. No porque tengamos fundaciones dedicadas al servicio de los desventajados, como Caritas, Fundación las Rosas o el Hogar de Cristo, podemos quedarnos tranquilos. Existen áreas de nuestro apostolado que no están resueltas, como la educación. La selección de estudiantes es una tentación que finalmente perjudica nuestra credibilidad y, más importante que eso, hace daño a niños, a escuelas, a sistemas educativos y a la sociedad en su conjunto. ¿Estamos como católicos caminando hacia el modelo de los Estados Unidos? Quisiera poder responder que NO… pero la realidad me muestra otra cosa.

Jesuita. Sociólogo y Master en Teología. Hace estudios de doctorado en Educación en la Universidad de California, Berkeley y colabora en la Red de Colegios Cristo Rey en San José, California.

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