El amor que se comparte, la fe que nos inspira

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Hace algunas semanas atrás, contemplaba con alegría y ternura el peregrinar de muchas personas anónimas al Santuario de Lo Vásquez. Sin la necesidad de participar en encuentros masivos, les bastaba con profundizar de manera personal o familiar, desde lo más humilde, íntimo y enternecedor, la experiencia de ese Dios sanador y compasivo.

Eran personas como cualquier otra. Trabajadores, pobres, no tan pobres, ricos, católicos activos y no tan activos… hombres y mujeres. ¿Qué tenían en común? Su fe  por la Virgen de Lo Vásquez  y la necesidad de la oración.

Al mirar este bello espectáculo pude sentir y confiar en que a pesar de vivir rodeados de todo tipo de bullicios, crisis sociales o familiares, falta de diálogo, individualismo, exceso de tecnología, incomprensiones… a pesar de todo eso, todo es posible. Y que creer en ese Dios compasivo, contenedor y esperanzador no es sólo algo de unos pocos… ¡¡Sino de muchos!!

Si no pudiéramos contemplar estos gestos tan divinamente humanos, gestos que nos ayudan a conectarnos con lo más hondo de nuestro corazón, todo lo demás carecería de sentido.

Más aún hoy en día, que vivimos en una época en que todo parece ser tan relativo, al punto que caemos en todo tipo de ambigüedades al transformar nuestro opinar distinto en el discurso que toma la forma del común de la sociedad. ¿Por qué? ¡Porque eso es lo que se necesita escuchar!, ¡porque es lo que más vende!, o, simplemente, porque sólo así seremos aceptados. Pareciera que se hacen necesarias leyes “antidiscriminatorias” para poder llegar a sentirnos iguales… y como si no fuera un derecho el ser distintos.

La fe, el amor, los derechos, la educación, la justicia, la diversidad, la religión, la política, la Iglesia, entre otras cosas, tienden a relativizarse. Todo se torna de un color indefinido, que hace que sea más fácil de manipular. Nos da vergüenza creer, o más bien decir que creemos en algo. El ser católico es algo que nos enfrenta a prejuicios y críticas. Sobre todo hoy, cuando la Iglesia ha sufrido grandes conflictos, que no han dejado a nadie indiferente.

Es ahí entonces cuando todo pareciera trasformar nuestro verdadero sentir, haciendo necesario contar con estas libertades y formas de representar el amor que portaban esos peregrinos de Lo Vásquez. Al pedir y creer en el milagro, por más pequeño que éste sea, nos conmovemos y podemos sentir que Su amor -reflejado en ese regalo- puede llevarnos a ser mejores.

La fe. Don tan valioso. Nos permite creer en los milagros más bellos de la vida. La fe que compartimos todos, pero de distinta manera, es reflejo del amor más grande y verdadero que Dios nos invita a vivir.

En este mes, en el que muchos preparan su peregrinar al Santuario de lo Vásquez, Dios nos invita a contemplar estas diversas formas de amor. La sonrisa de alguien amado, el abrazo de un amigo, la mano de un extraño o tan sólo el contemplar las cosas simples de la vida. Ese peregrinar, sin embargo, muchas veces lo vivimos solos, por miedo a compartir los dolores, a mirar otros rostros, a sentirnos juzgados, o simplemente porque estamos enceguecidos por la tecnología o por la rutina.

Muchos caminarán el próximo 8 de diciembre por sus “mandas”, cada una con diversos propósitos o tradiciones; pero todos vivirán en común la fe y la confianza en Dios y en la Virgen de Lo Vásquez. Pedirán por sus dolencias y temores… agradecerán por lo recibido. En todos estos gestos podremos contemplar el amor más humilde, frágil, sacrificado y esperanzador; un amor que nace de la sencillez y de la experiencia personal, y que no necesita de carteles o invitaciones, porque ya ha ganado un espacio en el corazón.

Puedo decir que ese día en Lo Vásquez, al igual que muchos otros en ese lugar,  buscaba un espacio para hacer un poco de oración y conectarme con Dios. Creo que ese don tan frágil y divino me ha unido a los demás y me hizo experimentar el cariño y la ternura de Dios en sus diversas formas de manifestarse: pues gracias a Él pude contemplar el amor y la entrega más honda.

* Oriana es profesora básica y de educación ambiental, y actualmente colabora en el equipo de formación de la parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, Región Metropolitana.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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