El dolor en la belleza

Hace cerca de tres años tuve la oportunidad de visitar una exposición de Sebastião Salgado, uno de los fotógrafos brasileños más reconocidos en la actualidad. En dicha ocasión se presentaban algunos de sus principales trabajos: Éxodos, África, Tierra, entre otros. En general, eran imágenes en blanco y negro que revelaban una honda preocupación socio-ambiental. Salgado invitaba, por medio de las imágenes, a ver aquello que justamente rehuimos con la mirada.

Entre tantas fotos, me atrapó una en particular. Se trataba de una imagen en cuyo primer plano aparecía un hombre mayor –un refugiado–, y, en el fondo, se veían otras personas. El rostro del hombre expresaba tristeza y dolor, y su mirada parecía observar algo muy lejano que el lente no alcanzaba a detectar. Lo que más admiré de ese bello retrato era la expresión facial, con sus arrugas visibles por el paso del tiempo.

No obstante, esta obra me despertó un sentimiento extraño. Si bien reconocía la belleza presente en aquella imagen, me preguntaba: ¿es posible encontrar algo bello ante tanto dolor y sufrimiento? Fue una pregunta que se hizo persistente mientras recorría toda la exposición.

No obstante, esta obra me despertó un sentimiento extraño. Si bien reconocía la belleza presente en aquella imagen, me preguntaba: ¿es posible encontrar algo bello ante tanto dolor y sufrimiento? Fue una pregunta que se hizo persistente mientras recorría toda la exposición.

¿Cómo es posible admirar belleza en el sufrimiento ajeno? ¿Habría cierto sadismo en mí? ¿Belleza es sinónimo de bien? Pero, el refugiado de la fotografía no era una persona hermosa. Al contrario, estaba lejos del patrón de belleza que conocemos, ni era una persona joven. Tampoco un modelo, ni siquiera sonría. Simplemente, era alguien sumergido en sus pensamientos sin dejarse afectar por el lente de la cámara. El paisaje de fondo que acompañaba al hombre mayor tampoco era bonito. No era un jardín o un estudio fotográfico, sino, un campo de refugiados. Entonces, ¿en qué consistía la belleza de esta obra?… No sabría explicarlo, más todo el conjunto la hacía bella.

Me di cuenta, sobre todo, que hay en la estética de la obra prolífica de Salgado una dimensión ética, implícita, o quizá explícita. No se puede quedar indiferente ante las imágenes fotográficas. Cada una de ellas nos cuestiona. Ética y estética están involucradas, y también el hecho extraño de encontrar belleza en un escenario de desesperación y dolor. Si el arte es amoral, no significa que deba renunciar a proponernos una reflexión ética de las cosas.

Territorio Abierto - sebastiao-salgado

Así me ocurrió también con otra imagen que vi en aquella exposición y que tampoco me resultó indiferente. Era la de dos trabajadores kuwaitíes con sus cuerpos cubiertos (“sucios”) de petróleo que, con su trabajo, ayudan a hacer más cómoda la vida de algunos “hombres de corbata” de Wall Street. Según el escritor y esteta Ariano Suassuna, el artista es libre en el momento de la creación pues “el bien fundamental, el objetivo esencial de su actividad creadora es la belleza de la obra a realizar y la expresión del mundo interior del artista en sus relaciones con el mundo real”. Si este mundo es malo, feo, grotesco, el artista no debe ceder a la hipocresía de ocultarlo, maquillarlo, para complacer a un público determinado.

No conforta pensar que el dolor de una persona posibilite la producción de una imagen bella que cauce fruición en quien la contempla. Pero, en realidad, no es el sufrimiento del refugiado la razón de la belleza de la fotografía. Es su conjunto: la luz, el color, la composición de la foto. Esta bella mirada de Sebastião Salgado logra percibir humanidad en medio de un ambiente inhóspito, donde las personas claman una vida digna. El refugiado en su silencio, en su mirada vacía nos dice: “soy humano…”

Otro aspecto interesante de la obra del fotógrafo brasileño es que, en una primera mirada, sus fotografías pueden percibirse como pinturas, como cuadros creados por pinceles en vez de una cámara fotográfica. Cada forma artística con sus particularidades, busca expresar la relación de creador con la realidad, la manera cómo ve al mundo.

A través de imágenes en blanco y negro, Salgado devela un mundo natural y humano en que la luz (elemento que, junto con la sombra, maneja muy bien en su obra), penetra y aclara lo que está en la oscuridad, o lo que no queremos ver. Su sensibilidad por las realidades socio- ambientales, que se revela a través de rostros desconocidos y en actividades cotidianas, nos hace pensar por un instante en la condición humana.

Sus fotografías son hermosas, aún cuando lo que retratan sea una realidad triste. Pues la belleza de la imagen está en la mirada de quien contempla la realidad y la registra.

Brasileño, Bachiller en Teología de la P. Universidad Católica de Chile.

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