El fracaso liberador

(cc) SimonQ

Observándome y observando a otros y a otras, he caído en la cuenta de que el éxito es un concepto que debería extirparse del mundo actual. Es uno de los factores -de hecho, el más importante hoy en día-, que nos convierte en personas estresadas, ansiosas y competitivas. Es un criterio de validez económica que fomenta el individualismo, hace de los humanos mercancías de uso, desecho y moda, genera seres cada vez más ensimismados y solos. Sin darnos cuenta, el “exitoso” se convierte en objeto de envidia, de persecución y en pieza de colección de algunos de sus “amigos”.

Si supiéramos las ventajas del fracaso dejaríamos de perseguir con tanta ansiedad el tan disputado éxito. He aquí algunos de  los aspectos positivos que conlleva la experiencia de fracasar.

El fracaso nos hace conscientes de que no somos lo “todopoderosos” que un día pensábamos ser. Nos pone en nuestro lugar de seres abiertos y en constante aprendizaje, recordándonos nuestra humilde realidad: somos libres y por lo tanto sujetos a cometer errores todos los días. El fracaso nos abre a experiencias de reconciliación con los que amamos, con nuestros vecinos, con la sociedad que nos rodea y, sobre todo, con nosotros mismos. El fracaso, cuando es asumido, libera de las falsas imágenes que uno se hace sobre sí mismo y capacita para construirse de una manera distinta, siempre nueva, siempre original.

Aprender del fracaso -y saberse fracasado- capacita para ser misericordioso. Dejamos de juzgar a nuestros semejantes y nos sentimos más cercanos, más iguales. La experiencia del fracaso hermana y construye comunidad, y, sobre todo, nos hace conscientes de que toda la raza humana está hecha del mismo barro.

El criterio que propongo ahora será únicamente TRATAR DE AMAR: intentar construir el amor y reconocer que ya “estamos” en él. Ése será la única norma válida de ahora en adelante. ¿Qué entiendo por amor? El amor como acto que realiza al ser humano y que nos ubica como  servidores del otro. El amor entendido como la actitud que me hace ser una persona que busca que el otro se realice y sea feliz. El amor en términos cristianos. Así, el amor nos abrirá a la experiencia de la felicidad.

El matiz será el intentarlo: ¡intentar amar! Ésa será la consigna. Dado que es fácil cometer errores una y otra vez, será muy probable que lo que llame amor termine siendo un mero remedo de aquello que quería realizar; un simple fracaso. Por lo tanto, la actitud de “tratar” una y otra vez, será indispensable en este camino.

El fracaso es sólo un momento del proceso del amor. Éste no será fin sino medio para alcanzar y dejarse alcanzar por el amor.

Los invito a ver nuestras acciones desde la perspectiva del amor y no desde las categorías del éxito y el fracaso. Esa actitud nos transformará en seres más felices, más plenos, menos estresados y ansiosos, menos individualistas, más comunitarios y más hermanos. Que todo sea hecho por intentar amar.

Mexicano. Abogado. Estudiante jesuita en la etapa de Teología.

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