El gigante está agonizando

(cc) elcomercio.com

“Los primeros exploradores del extremo austral americano hicieron correr una leyenda: Patagonia era tierra de gigantes. Aunque era una teoría errada, la afirmación tiene sentido gracias a las proporciones desmesuradas e impresionantes de sus formas, expresadas en los importantes hitos geográficos, geológicos y paleontológicos presentes en la zona. Sin lugar a dudas, el Parque Nacional Torres del Paine cumple todas las características para ser catalogado como el gran gigante de estas tierras. El mito sigue vivo”. Así escribía hace dos años atrás el libro de Conaf que conmemora los 50 años del Parque.

Hoy el gigante está agonizando. Hemos visto en aterradoras fotos y videos cómo enormes llamas lo consumen todo, especialmente el área más turística del Parque Nacional: la llamada “W”. La imagen duele y salen lágrimas de impotencia, rabia, vergüenza.

He leído cosas bastante irrisorias en las redes sociales. Algunos culpan al viento, otros a los guardaparques por no dar buena información a los turistas, otros garabatean a los supuestos culpables (nada confirmado aún), otros culpan al gobierno de turno y otros al anterior.

Sinceramente, si empezamos a escarbar culpas, creo que recae en todos. Somos culpables porque promocionamos y promocionamos al lugar más hermoso de Chile y nos jactamos de las cifras de turistas que ingresan y por ser siempre elegidos dentro de los mejores destinos a nivel mundial. Pero ¿nos hemos preguntado qué riesgos tiene que ingrese tanta gente al Parque?, ¿O si la capacidad y cantidad de personal que posee el parque es adecuada para educar, fiscalizar y actuar ante emergencias?

Somos culpables porque ningún gobierno se ha preocupado de darle recursos a Conaf, ni de tener planes de emergencia para estos casos. ¿Alguien acaso sabe que Conaf no posee aviones cisterna, ni helicópteros, ni motobombas en el lugar? Lamentablemente decidir enviar gente y sentarse a pensar qué hacer recién después de tres días del siniestro es negligencia, así como también lo es el no saber nada de incendios forestales, ni cómo avanzan en un área tan compleja como el Paine, con rachas de viento que superan los 100 km/h.

Somos culpables como ciudadanos por no habernos preocupado nunca del tema. Solamente ahora, post catástrofe, lloramos y nos culpamos todos. Quizás tú también has hecho fogatas en Parques Nacionales donde están prohibidas, o te ganó el hambre y decidiste encender tu cocinilla en un área no habilitada, o lanzaste una colilla de cigarro encendida por la ventanilla del auto. En ese sentido eres tan culpable como el que inició el fuego en Torres del Paine, la diferencia es que fuiste más afortunado.

Que esto sea un llamado de atención para todos: Estado y ciudadanos. Seamos responsables y conscientes ante la fragilidad de la naturaleza, especialmente en esta época donde muchos frecuentan Áreas Silvestres Protegidas y el sol y la falta de agua convierten nuestra tierra en una potencial caldera.

Mi pregunta es si algún día seremos capaces de invertir en prevención y actuar a tiempo, en vez de reaccionar con furia desmedida post catástrofes. Ahora, sin recursos y con un incendio descontrolado sólo nos queda esperar y rezar por Torres del Paine. Como todo en la vida, una vez más quedamos en las manos de Dios, a merced que Él envíe la lluvia y que haga amainar el viento patagónico.

Tengo fe. Creo que más temprano que tarde estaré parada una vez más frente al Macizo del Paine y volveré a sentir la misma emoción, sobrecogimiento y admiración de siempre ante esta obra perfecta. El gigante patagón aún no está muerto.

* Evelyn es periodista de la P. Universidad Católica de Chile, y trabaja como periodista y fotógrafa en temas de medioambiente, historia y reportajes de corte científico, y turismo de intereses especiales.

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.