El porqué de la violencia contra los jóvenes negros

Imagen: twitchy.com

Artículo original aparecido en AmericaMagazine.org: “Why are black kids targets?”

http://americamagazine.org/issue/why-are-black-kids-targets

 

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos son uno en Cristo Jesús. (Gálatas 3,28)

El año nuevo es una fiesta pagana, en realidad, una fecha insignificante. Como se dice, un año más, ¿qué más da? Pero, sirve como motivo para examinar la consciencia. Fuera de las pequeñas flaquezas personales, como comunidad global, ¿adónde vamos? Mi sensación es que, al acabar el 2015, la demonización del otro está a flor de piel.

No existe la fraternidad sin la alteridad. Eso creen quienes quieran formar grupos altamente cohesionados. Para fundar una colectividad invencible, los dirigentes suelen definir la frontera y declarar indeseables a los otros. Secretos internos ayudan, pero lo que más cunde es la creación de un enemigo claro y visible. Eso canaliza las violencias hacia afuera y fortalece los lazos, hacia adentro. Por eso, entre los seres humanos, existe la tentación de inventar estereotipos, proyectar malas intenciones y demonizar a los que son diferentes. En el mundo actual corren peligro los inmigrantes, los negros y los musulmanes.

Yo nací en 1958. Crecí creyendo que el racismo era una cosa del pasado, un mal endémico desde el amanecer de la humanidad, felizmente superado con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la ONU (1948). Así, de a poco, fue acabándose la segregación racial en los Estados Unidos en los ’60 y el apartheid en Sudáfrica en los ’90. Con esto terminaría todo y punto. ¿Cuál es el próximo desafío para la humanidad?… Pero no fue así.

En 2015, el chauvinismo racial, religioso y étnico ha sido un factor determinante en las relaciones humanas. No es un rebrote. Nunca se superó. Asesinan a los muchachos negros con impunidad al igual que en 1955. La justicia del estado de Ohio acaba de absolver al policía que mató de un tiro a un adolescente que jugaba con una pistola de juguete. Tamir Rice era negro. Igual que Trayvon Martin, Martin Brown y Emmett Till.

Es así que en la historia de la humanidad el racismo es un fenómeno relativamente reciente.[1] En USA, la discriminación racial fue legislada en los estados sureños a partir de 1880, 20 años después de la abolición de la esclavitud. El afro-americano perdió los derechos de participación social que había adquirido después de la Guerra entre los Estados.

El apartheid en Sudáfrica se practicó como novedad a partir de 1948, desafiando la declaración de la ONU. La persecución de los judíos bajo el régimen nazi también fue un fenómeno del siglo XX. Son los secretos oscuros de una época que se jactaba de moderna, ilustrada y racional. ¿Cuál fue la justificación?

El darwinismo radical teorizaba que el ser humano continuaba evolucionando hacia un estado de mayor perfección. Contra todo dato empírico, se afirmaba que ciertas razas eran inferiores, destinadas a acabar por selección natural. Charles Darwin nunca afirmó tal disparate, en todo caso.

La evolución de las especies es un hecho científico, pero la discriminación racial es una opción ideológica y deshumanizadora. Los seguidores de Jeremy Bentham y Thomas Malthus afirmaban que el capitalismo se encargaba de ayudar a la naturaleza en la aniquilación de pobres y negros, para que el planeta quedara bajo el uso exclusivo de blancos y ricos. Los intelectuales de la época aceptaban el racismo como ciencia.

Mi abuelo era de esa generación. Cuando murió, estaba escribiendo un libro sobre la inferioridad genética de las razas negras. Después de su funeral, mi madre quemó el manuscrito, indignada por las ideas perversas de su progenitor.

En el siglo XX, la eugenesia se hacía pasar por ciencia empírica. No era terreno exclusivo de los secuaces de Hitler. Se practicaba con gran orgullo en el estado de California, donde 20,000 personas consideradas débiles o poco aptas fueron sometidas a esterilización obligatoria entre 1909 y 1963. Se entendía que era para mejorar la raza.[2]

Emmanuel Levinas, judío francés de origen lituano, sobrevivió el holocausto europeo y dedicó gran parte de su obra filosófica al fenómeno de la alteridad. ¿Por qué tenemos la tendencia, como seres humanos, a demonizar a los otros? Quien sea de otra raza, religión, orientación sexual, nacionalidad o etnia es frecuentemente temido, descalificado y catalogado como un peligro por los que han acumulado el dinero, el prestigio y el poder.

La globalización ha traído mayor diversidad a nuestro horizonte, pero la fraternidad es tarea pendiente. Cada generación debe aprender por su cuenta a amar al prójimo, pero esta generación ha querido seleccionar a cuál prójimo amar. Cuando no cabe dentro del perfil deseado, se excluye del círculo. Si no es prójimo, se absuelve de amarlo.

La uniformidad monolítica es el consuelo de los ansiosos. El temor a lo diverso vuelve a surgir como la hiedra. En nuestra época, el odio al desconocido sigue envenenado la convivencia humana. Pero no es el odio en sí que actúa sobre la conciencia de muchedumbre. Hay voluntades que aprovechan los pánicos para fomentar la enemistad y así ganar poder, dinero y prestigio.[3] Es hora de identificar a los demagogos, denunciarlos por lo que son, y quedar libres de su discurso sangriento y genocida.

Hoy, es considerado de mal gusto usar lenguaje que expresa desprecio étnico. El discurso tiene que ser políticamente correcto. Sin embargo, islámico se acepta como sinónimo de terrorista, y mexicano, como sinónimo de traficante. Se admite la violencia contra la juventud de raza negra bajo el supuesto que, una mano en el bolsillo, ciertamente encubre un arma de fuego y una intención de matar. Si esa mano es negra.

Aquí en Brasil, murieron tres mil jóvenes en el transcurso del año por sospecha de delincuencia. La policía militar aprendió que es más fácil procesar un muerto que un preso. El pueblo aplaude en vez de denunciarlo. Le gusta cuando se mueran todos los malos. Refuerza el mito de que cada uno se lleva lo que merece. Olvídense de la justicia. La decisión sobre quién merece qué se decide en un instante, antes de apretar el gatillo.

El demagogo asegura que así, el mundo, se vuelve cada vez más seguro. Pero, al contrario, cada día se vuelve más peligroso. Quien vive por la espada, muere por la espada. La violencia es la nueva piedra fundamental.

La tendencia irracional de catalogar a las personas según su raza, religión u origen étnico es general, sutil y aceptada. La lógica funciona así: Yo vi una película en el cual un negro era delincuente, así que hay que tener cuidado con todos los negros. Se proyecta la maldad propia sobre una casta de chivos expiatorios. El enemigo imaginario es la zozobra de militancias fervorosas.

No es real. La mentira es de Lucifer. El demonio obliga a descargar toda la rabia de la sociedad sobre algunos inocentes. A la larga, nos destruye así por dentro.

El Evangelio llama a amar a los enemigos imaginarios y hacer el bien a los que nos odian. La Buena Nueva apunta a la fraternidad universal, sin alteridad alguna. Somos todos hijos del Padre bondadoso y hermanos del Cristo solidario.
[1] La esclavitud existía en la antigüedad, pero era un estado civil, no una condición social ni racial.
[2] Cf. https://en.wikipedia.org/wiki/Eugenics_in_the_United_States
[3] Algunos sospechan que crean los pánicos para poderlos aprovechar.

Jesuita, ha trabajado muchos años en Chile y Brasil, en pastorales diversas. Actualmente está de sabático en Texas, EE.UU., su tierra natal.

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