El Viejito Pascuero

María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre,

porque no había lugar para ellos en el albergue. Lucas 2:7

(cc) chihuahuaexpress.com.mx

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Si no tienes al menos doce años, deja de leer. Ahora. Anda buscar un regalo para mamá y papá. No importa que sea una flor del mismo jardín. Esto no es para los niños. Vamos hablar de Navidad para la gente grande, ¿ya?

Gente, hay un problema con el Viejito Pascuero[1]. Para los menores de edad (que ya se fueron, supongo), es materia de fe, pero fe errada. Yo recuerdo patentemente como en mi primera infancia comprobamos su existencia. Con los primos, dejamos leche y galletas para que comiera. Al otro día, además de los regalos que aparecieron de la nada[2], se comió las galletas y se tomó la leche. (A nadie se le ocurrió dejarle alguna bebida un poco más fuerte).

¿Será que los todos los niños pobres se portan mal? El duende de la Coca-Cola (cada día más gordo, a causa del consumismo) no viene a igualar las injusticias en la distribución de riqueza (como hacía Nicolás), sino para agravarlas y justificarlas. Los que tienen mucho, según el mito, se lo merecen. Si no recibes nada en Navidad, es porque no te lo mereces; y anda acostumbrándote, porque eso va a ser tu destino por toda la vida. Y después de la vida, también.

La tradición remonta a San Nicolás, obispo en Asia Menor en el siglo IV. Nicolás de Bari asistió el Concilio de Nicea,
donde fue redactado el credo que recitamos todos los domingos. Se dice que hacía milagros, y que practicaba la solidaridad en secreto. Los más pobres solían encontrar dinero en sus zapatos en la madrugada, y no sólo en Navidad.

San Nicolás es el patrono de comerciantes, marineros, arqueros, ladrones y niños. Su fiesta se celebra el seis de diciembre. En la Europa medieval, en homenaje a la secreta solidaridad de San Nicolás, los papás solían poner higos secos y naranjas de Valencia en los zapatos de sus hijos durante la noche. Así, les enseñaban a preocuparse por los pobres.

El mito del Viejito Pascuero, con su taller de juguetes en el Polo Norte y el trineo volador tirado por renos mágicos para repartir regalos a los niñitos que se portan bien, es un invento relativamente reciente. Elfos y todo, tiene un estilo de romanticismo germánico, con un saborcito de burguesía inglesa del tiempo de Dickens[3]. Regalos del Polo Norte para los esforzados (y no para los necesitados) justificaba una clase media ascendente, el hito histórico del momento.

Fue la Coca-Cola que le dio la forma al Pascuero que todos conocemos[4]. Se hizo parte de su publicidad navideña a partir de 1931. Fue durante la peor recesión de la historia. Quizás representaba la esperanza de que se acabara. En fin, Santa Claus (Papá Noel, nuestro Viejito Pascuero) quedó así; ahora, patrono de los comerciantes y ladrones, solamente.

El Viejo es criticado por la nueva generación de periodistas y psicólogos. Incita al pueblo a gastar dinero que no tiene para impresionar a los vecinos, y para convencer a sus hijos que los quieren. Como todos los viejos, éste no va a cambiar. O, si cambia, va a ser para peor.

Pero otros ya han comentado eso. Me preocupa la parte del mito que dice que a los niños que se portan bien les va a dar suculentos regalos; y a los que se portan mal, palos y cenizas. En mi infancia, nunca vi cenizas en el rincón de ninguno, pero poco a poco, me di cuenta que los hijos de padres ricos (o hijos de pretenciosos y dispuestos a pagar en cuotas todo el año) recibían regalos extravagantes, y los hijos de pobres recibían regalos pobres. O bien, no recibían nada.

¿Será que los todos los niños pobres se portan mal?[5] El duende de la Coca-Cola (cada día más gordo, a causa del consumismo) no viene a igualar las injusticias en la distribución de riqueza (como hacía Nicolás), sino para agravarlas y justificarlas. Los que tienen mucho, según el mito, se lo merecen. Si no recibes nada en Navidad, es porque no te lo mereces; y anda acostumbrándote, porque eso va a ser tu destino por toda la vida. Y después de la vida, también.

Eso es el neoliberalismo. Es el capitalismo de mercado libre globalizado, la economía laissez faire, o como quieran llamarlo. La ideología dice que es natural, que brotó de la selva así, sin participación humana. La versión religiosa es la doctrina de la predestinación, atribuida principalmente a Calvino. Los escogidos serán irresistiblemente esforzados (y ricos) en este mundo[6], y serán recompensados generosamente en el más allá. Los demás, palos y cenizas en este mundo, y… bueno, no hablemos de eso, ya van a llegar los niños.

En su libro más famoso, Infancia y Sociedad (1950/1983), Erik Erikson observó que los ritos y mitos de una cultura no son superfluos. Siempre cumplen funciones formativas, aunque muchas veces, inconscientes. ¿Será que queremos enseñar a los niños que la injusta distribución de riqueza en todo el planeta[7] es consecuencia de los méritos? O peor, ¿voluntad de Dios?

El evangelio dice que el Salvador nace pobre, en un establo, sin recurso alguno, trayendo buena noticia a los excluidos. El amor del Padre celestial es universal e incondicional. Cristo pregona la misericordia gratuita e ilimitada. Esta es la fiesta de Dios solidario.

El mito navideño/comercial dice que el favor divino es condicional. Luego, anda escuchar lo que enseñan a tus hijos en la catequesis: que Dios es como el Viejito Pascuero. Sonría harto, pero si te portas mal, te va a mandar cascando al infierno.

Pero, ya, no hablemos más de eso. Ya llegaron los niños.

Feliz Navidad para todos.

 

[1] Así le dicen al Papá Noel en Chile. Lamento, debo respetar mis raíces.
[2] A pesar de ser hechos por elfos, eran iguales a los juguetes de la juguetería. Era un problema. Yo era un niño matemático. Mi duda comenzó cuando calculé cuántos minutos necesitaba para dejar regalos en una casa, y después, multipliqué por todas las casas del mundo. Una noche no daba.
[3] Claramente, es un mito que subvierte la ficción aristocrática de “regalos que bajan del cielo” a los bien nacidos, (sin importar cómo se han portado) y a nadie más.
[4] http://www.coca-colacompany.com/holidays/the-true-history-of-the-modern-day-santa-claus
[5] En la escuela, se veía que los hijos de padres ricos y famosos eran arrogantes con los profesores y consumados matones con los compañeros.
[6] La ética puritana del trabajo. En su versión más fanática, se habla del evangelio de la prosperidad.
[7] El 10% más rico controla 80% de la riqueza. El 50% más pobre, solo 1%.

Jesuita, ha trabajado muchos años en Chile y Brasil, en pastorales diversas. Actualmente está de sabático en Texas, EE.UU., su tierra natal.

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