Entre la desigualdad y la inmoralidad


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Hace una semana aparecieron dos noticias en los medios relacionadas a un mismo tema: la desigualdad. La primera daba cuenta de la concentración de la riqueza en el país, donde la fortuna de sólo cuatro familias equivalía al ingreso anual del 80% de los chilenos. La otra, afirmaba que los hogares más ricos del país Chile tienen un ingreso promedio 78 veces mayor que los hogares más pobres[1]. ¿Datos nuevos? No; es de conocimiento común que Chile es uno de los países más desiguales del mundo.  Entonces, ¿por qué nos asombra? Porque el hecho de leer este tipo de noticias nos produce un sentimiento confuso.

Parecemos exitosos, nos vemos como una sociedad que crece sin parar, pero seguimos constatando que la población chilena se diferencia drásticamente por su ingreso. Al parecer, es poco lo que podemos hacer: se justifica la desigualdad como un problema estructural, que viene desde la colonia. Es verdad que es poco lo que se puede hacer si estas cuatro familias no sienten que es justo y equitativo distribuir de otra manera la riqueza. No podemos negar que aquí nos enfrentamos a un escándalo moral.

La moral da para todo; preocuparse de cuántas veces se va a misa, de los rumores del hijo del vecino que al parecer es homosexual, de la sobrina que está embarazada de su pololo, o de centrar la discusión en si la pastilla del día después se reparte o no a menores de edad. Si en lugar de cualquiera de los temas anteriores nos indignáramos al escuchar las noticias del comienzo, eso sí sería un real golpe a la moral.

Que cuatro familias concentren la riqueza de un país debiera ser catalogado como un hecho inmoral. Deberíamos quedar impactados. Pero la sociedad nos ha enseñado que son otras las cosas que nos deben remecer, como un embarazo fuera del matrimonio, una pareja formada por dos personas de distinta clase social, color, o del mismo sexo… hay muchas combinaciones que podríamos seguir probando, pero el punto no es ése.

El punto está en cuestionarnos sobre cuáles son nuestras verdaderas preocupaciones como sociedad. Cuánto bien nos haría ver a nuestros políticos pelear frente a la desigualdad de la misma manera que lo hacen por los llamados “temas valóricos”; que se escandalizaran con sólo conocer las cifras. Cuánto nos impactaría ver a la ciudadanía protestando, exigiendo que esta realidad se acabe, exigiendo una sociedad más equitativa. Cómo cambiaría nuestra percepción al ver a los medios de comunicación poniendo en primera plana este tipo de temas diariamente, y no sólo una vez al mes, para recordarnos esta gran deuda que tenemos como sociedad. Qué pasaría si las élites económicas reconocen que este tipo de crecimiento no es bueno para un país, y que están dispuestas a probar otras maneras de crecer. Pero, sobre todo, qué bien nos haría el escuchar de quienes dirigen el país que ésta es la discusión moral del momento que hay que zanjar.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que una parte importante de nuestro país siga esperando? ¿Están los políticos de acuerdo en que los pobres no pueden seguir haciéndolo? Lo más probable es que sí… y sería mucho más fácil que trabajen en conjunto -oficialismo y oposición- para lograrlo.

Las estadísticas y las investigaciones no sólo sirven para mostrar una realidad, sino que dan luces válidas para transformarla. Que lástima que quienes nos enseñaron que la moral va junto a las buenas costumbres hayan dejado una parte afuera: esas buenas costumbres no refieren tanto a sentarse bien, ser cordiales, y respetuosos con los mayores, sino más bien a tener una buena voluntad conforme al deber. Un deber que aquí está sujeto a buscar una sociedad equitativa, en donde todos no sólo fuéramos, sino que pareciéramos iguales.

Aquí es donde sitúo a la moral, en el espacio en el que todos los hombres tenemos la capacidad de decidir qué es lo bueno, en pos de una sociedad más justa y equitativa. Es nuestro deber como sociedad buscar el bien común, pero, con estas cifras de desigualdad, ¿a qué bien común nos estamos refiriendo?

* Javiera es socióloga de la UAH, estudiante del magíster en Ética Social y Desarrollo Humano de la misma universidad. Trabaja en el Centro Teológico Manuel Larraín y fue directora del Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile.


[1] Fuentes:

http://www.biobiochile.cl/2011/06/13/investigador-analiza-la-desigualdad-en-chile-4-familias-concentran-la-riqueza-del-pais.shtml

http://www.emol.com/noticias/economia/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=487283

Socióloga de la UAH, Magíster (c) en Etica Social y Desarrollo Humano de la misma universidad. Es Directora Ejecutiva de la Fundación Lealtad Chile y fue directora del Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile.

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