“Escrito por Teillier”

(cc) ginebramagnolia

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Partamos de la base que lo escrito por Teillier es excepcional y reconozcamos que si no es por Huidobro y Pablo de Rokha este ensayo/reflexión tratará del mejor poeta que ha parido la tierra chilena (iba a decir patria pero aquí no hay patria).

En Teillier no hace falta la falsedad de los objetos modernos; no hay electrodomésticos y si los hay son tratados como tales; en Teillier sobreviven los elementos primarios, las primeras obras que la naturaleza creó. Árboles, bosques, ríos, atardeceres, muertos y muerte son los elementos que Teillier conformó  para crear su escuela, que estuvo constituida por él, Rolando Cárdenas, Efraín Barquero, Carlos de Rokha, entre otros. La autodenominada “Poesía Lárica”… la poesía del origen.

Repasemos un par de versos destacados de Teillier (poema “He confiado en la noche”), aquellos que nada envidian de un Neruda, de un Octavio Paz. Dice así: // He confiado en la noche// Pues durante ella amo la vida // Pero la noche // No es sino una brizna de pasto // Veo que sólo me queda el terror del gusano // Sintiendo el trueno en la gota de agua //. La poesía debe evocar imágenes singulares, el poeta es un personaje singular y por ende debe sorprender. Aquí, con el poeta nacido en Lautaro, nos llevamos más de una sorpresa.

Además de excelente poeta, como Borges, Teillier era un hombre de prosa superior. Es decir, su pluma rendía,  y si fuera futbolista, Teillier era ambidiestro, jugaría con los dos pies. Apenas nacida  “La casa verde” de Vargas Llosa, Teillier escribió un artículo, antes de que todos entráramos en ella. Escribió ensayos notables, como el prólogo de “Muertes y maravillas” donde dice, entre otras cosas, “El poeta es el observador más lúcido de todos”. “El poeta es el guardián del mito y de la imagen hasta que lleguen tiempos mejores”.

Teillier es capaz de hacernos creer a todos que el Aromo no es un simple árbol, y otro más en la flora. Sino que es un condimento especial en nuestras vidas, y escribió: // El Aromo es un domingo en la plaza de provincia// Es lo que nace de la semilla // El Aromo es el primer día de escuela //.

Teillier también nos dice cómo hablar con los muertos y dice que “hay que elegir palabras” y “palabras claras y tranquilas”. Es el mismo Don Jorge quien nos señala que lo verdadero en ésta, la existencia, es que “Respiramos y dejamos de respirar”.

En Teillier hay simpleza y complejidad. En el “Vate de Lautaro” hay vida y muerte.

En Teillier hay nostalgia, recuerdos, pasado y futuro. Hay futuro porque o sino ya enterraríamos a Jorge Teillier y nunca más sería leído.

Me contaron una vez que Teillier le dijo a un grupo de jóvenes profesores de castellano que lo único que les pedía era que alguna vez estuviera en las antologías que rondan por las aulas, en la escuela. Teillier no quería que lo leyéramos nosotros solamente, quería ser comprendido, por los niños.

No nos preocupemos más de la vida de Teillier que de su obra… ahí es donde vivirá. Hay mucha “Sebastiana”, mucha “Chascona”, pero pocos versos recordados y digeridos.

Sería interesante el trabajo de algún historiador en torno a la figura de Jorge Teillier Sandoval, pero no puede salir de ese parámetro de “interesante” porque estaríamos haciendo farándula, sí, la farándula existe en la poesía y concretamente en la literatura.  Por eso mismo, les dejo otros versos del poeta chileno, del poema “Atardecer en automóvil”. Dice así: // Y es bueno desear que sea eterno // Eterno como creemos son la noche, el viento, los oscuros caminos del cielo //.

En Teillier también hay una crítica al poeta Nicanor Parra, su amigo. Dice así en su poema “Adiós al Führer”

 Adiós al führer de la Antipoesía

aunque a veces predique mejor que el Cristo de Elqui

Es mejor no enseñar dogma alguno, aunque sea

ecológico,

cuando ya no se puede partir a Chillán en bicicleta.

Jorge Teillier dice bien y con optimismo en uno de sus versos: // Los Árboles están lejos // Pero un día// Llegaremos a ser Árbol//. Teillier entonces nos plantea la existencia después de la muerte, no lo dice con coraje y esperanza.

Teillier Sandoval en una misma línea, le pide a la poesía lo siguiente: // Poesía recuérdanos en las antárticas aún sin nombre //. // Poesía somos tu fieles en el bar del tiempo perdido //. Teillier fue fiel al fenómeno poético, pero como pocos, confió en que la literatura/poesía le devolviera la mano.

La nostalgia es signo inequívoco de la poesía lárica. Y Teillier repite “Nostalgia sí, pero de futuro, de lo que nos debiera habernos pasado y no nos ha pasado”.

Teillier, escribió una serie de artículos, ensayos donde habla de Verlaine, Bradbury, Dylan Thomas, Onetti, Carpentier, Huidobro, Teófilo Cid, Baudelaire, Breton, Ginsberg, De Rokha y otros tantos destacados literatos de la historia. Quiere decir que como pocos Teillier era un conocedor  absoluto de su  área. 

Entonces, con Teillier digámosle a la gente y a los poetas: “No importa ser buen o mal poeta, escribir buenos, malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos”.

Tuvo que ser ambidiestro, tuvo que decirnos que los Aromos no son sólo árboles, tuvo que enseñarnos a cómo hablar con los muertos, tuvo que escribir decenas de ensayos de calidad, tuvo que crear una vanguardia poética. Sólo así Teillier, el joven provinciano de terno, se nos transformó en un imprescindible. 

* Tomás Manuel Fábrega es poeta de la revista Puentes Amarillos. Nacido en 1996. Estudia el tercero medio en el colegio San Ignacio El Bosque.

 

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