¡Escúchennos!

(cc) terceracultura.cl

Y se rompió el círculo. Representantes de secundarios, luego de una jornada en Copiapó, decidieron sentarse con el Gobierno a conversar. Pero con la única condición de revisar las propuestas de dichos representantes. Hemos demostrado que sí tenemos la intención de dialogar, a pesar de lo que dicen muchos políticos y líderes de opinión. Y, por favor, ¡escúchennos!, porque este movimiento tiene mucho que decir, y no sólo con petitorios o con palabras.

Escúchennos, porque este movimiento ha despertado algo más que el diálogo sobre un sistema educativo de pésima calidad: ha sacado a flote un profundo descontento ciudadano con un país que se rige por un sistema que de a poco se estanca, que de a poco se queda añejo.

Un sistema que ha excavado una brecha enorme entre el que vive en Pudahuel y el que reside en Providencia, un modelo que mide la felicidad con un porcentaje de utilidades y con el producto interno bruto, que promueve el consumismo y vende alegría en una botella de coca-cola dejando los abrazos de lado. Y decimos esto porque esas familias que salieron a los cacerolazos no sólo están cansadas de la mala educación de nuestro país, sino que también de hacer colas en los consultorios, de tener poca protección laboral y social, de un sistema de transporte deficiente, de habitar viviendas indignas, sólo por el hecho de haber nacido en un lugar o en otro.

Esas familias están cansadas de una clase política que no las escucha, y que refleja que están más preocupados de un modelo u otro, de una idea u otra y no de aquéllos a los que representan… entre ellos, a nosotros, los que gritamos juntos que una mejor educación puede romper el círculo de la pobreza.

Todos nos estamos moviendo: de distintos colores políticos, estudiantes de instituciones privadas, públicas y subvencionadas. Adultos, jóvenes, ricos y pobres, profesores, alumnos, mamás, papás y hermanos. Nos preocupa una prensa que muestra a una minoría de jóvenes violentos e inconscientes y no los bailes e intervenciones artísticas. Nos preocupa un gobierno que al parecer es igual de inconsciente. Si nos preguntamos a qué se debe el actuar de esos vándalos, lo más seguro es que lo único que ellos hayan conocido en sus vidas sea la violencia, la droga, la tristeza y la miseria.

El gobierno nos trata de intransigentes y cree poseer la razón, pero no ve que sus propias encuestas demuestran lo contrario. Es un gobierno que al parecer tiene miedo de llevar a cabo esas soluciones que todos aprueban: desmunicipalización, reforma tributaria, carrera y estatuto docente… un gobierno que no es querido y una oposición que al parecer espera silenciosamente votos, que no se ha pronunciado más que para desacreditar y no para construir.

Lo pedido va más allá de una u otra ideología, es un grito desgarrado por un país con menor desigualdad y más felicidad genuina. Un Chile que quiere ser escuchado, que quiere transformarse.

¿Por qué todavía no se dan las respuestas que la ciudadanía espera? ¿Hasta cuándo continuaremos viendo el nivel de desigualdad educativa entre instituciones que pertenecen al mismo país? ¿O de desigualdad en general? ¿Cuándo nos escucharán de verdad?

No elegimos un modelo u otro; muchos queremos dialogar. Y bien nos llaman “soñadores”: soñadores del bien común, aburridos de la competencia, de un país donde un alumno de colegio público tenga las mismas oportunidades que el de colegio particular pagado, donde la educación se base en la entrega de valores, conocimientos, y no en cómo captar más alumnos por dinero. Por favor escuchen a esas familias que han enviado con dificultad a sus hijos a la universidad, pero que luego lloran llenas de dolor al ver cerradas sus puertas, porque la deuda que las carcome es igual o más grande que el esfuerzo puesto para ver a sus hijos surgir.

No estamos pensando sólo en nosotros, estamos pensando en las futuras generaciones. Porque ellas y todos, del sector que sea, merecemos y somos dignos de una educación de calidad, educación que todos sabemos es motor de oportunidades y real desarrollo. De personas, no de números.

Escúchennos, porque no somos una tropa de intransigentes e inútiles subversivos, sino que somos soñadores de un Chile igualitario, justo, que sueñe no con falso progreso, sino que con la felicidad de su pueblo.

* Constanza es estudiante del colegio particular subvencionado San Luis Beltrán, de Pudahuel,  perteneciente al movimiento de educación popular integral y promoción social, Fe y Alegría. Sebastián es estudiante de cuarto medio del colegio particular pagado San Ignacio El Bosque.

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