¡¡Esto también es Chile!!

(cc) Alejandra Cisternas

¿Se han fijado que hoy en día las banderas chilenas aparecen por todas partes? Suelen estar en las marchas, junto con los lemas y consignas del movimiento que están respaldando, como una suerte de insignia de lucha. La “tricolor” estaba también en las manos de Bruno Sandoval, aquel sobreviviente del terremoto del año pasado, que sostenía su bandera rajada en un Pelluhue desolado por el maremoto, haciendo de ese gesto un motivo de inspiración y unión para los millones de chilenos afectados por el sismo. La bandera también fue captada por las cámaras enviadas al refugio donde quedaron atrapados los 33 mineros nortinos, llenando de emoción a  millones de chilenos y de personas alrededor del mundo al presenciar un milagro.

En todos esos momentos las banderas representaban lo mismo: su pertenencia a un país, su deseo de expresar que ellos también son chilenos y que se quieren hacer presente “haciendo patria”, aun en momentos difíciles; que quieren ser escuchados, y que, al final de cuentas, al levantar la bandera están representando a  más de 17 millones de compatriotas.

Ahora bien, ¿han pasado cerca de los sectores menos beneficiados de nuestro país, o, para ser más exactos, de nuestra capital? ¿Se han fijado en la cantidad de banderas que flamean en los campamentos? Al ver esta escena, me parece como si fueran chilenos enviados a hacer patria a lugares deshabitados, a marcar presencia y a reclamar un lugar que es suyo… que es chileno. Los cientos de campamentos que aún se desperdigan por nuestro país no tienen una sola bandera flameando, ¡son decenas de ellas!, una verdadera sobrepoblación de banderas que quieren gritar: ¡esto también es Chile!

Lo que subyace a la bandera es el sentimiento de pertenencia. Un recurso para hacerse parte de un país que pareciera avanzar hacia el desarrollo a paso apresurado, como un caballo de carreras que sólo puede mirar hacia adelante, sin reparar en lo que deja atrás: las 33 mil familias que aún viven en campamentos. Ellos, con sus banderas flameantes, quieren hacerse parte de Chile, quieren que los vean a los ojos y que los miren como chilenos, como sus pares.

Alguno dirá que sí son considerados, que se les está buscando un sinnúmero de soluciones, que están en la agenda pública. Pero eso no basta. No basta con buscar soluciones PARA ellos, sino que debe ser CON ellos; porque sin trabajar CON ellos sólo estamos creando soluciones desde una base hipotética, desde un lugar ajeno, pero nunca real.

Las 33 mil familias que siguen viviendo en condición de campamento probablemente no harán marchas, ni mucho menos se irán a paro o manifestarán sus demandas concitando tanta atención mediática; no porque no quieran o porque no deban, sino porque no pueden darse ese lujo… ya que hay otras cosas más urgentes e inmediatas que resolver en su día a día. Sin embargo, tampoco hay nadie que marche por ellos.

Que no marchen, que no se movilicen de esa forma, no significa que no sepan qué quieren, no significa que no tengan ni voz ni opinión. Es por esto que su emblema de lucha son las banderas, esa insignia que refleja que efectivamente sí son chilenos, que quieren ser tratados como tales, y que a fin de cuentas están haciendo patria, su patria y nuestra patria, a su manera.

*Alejandra es estudiante de Psicología en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es voluntaria de Un Techo para Chile en el campamento San Francisco, de San Bernardo, y estuvo encargada de formación y voluntariado del Área de Secundarios de UTpCh.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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