Europa y los refugiados: sobre el miedo y la acogida

Imagen: Le Monde

Mannheim. Salgo en tren desde la estación de esta ciudad alemana, mirando su silueta: edificios, una iglesia -probablemente católica-, y un minarete. Por ignorancia, soy incapaz de decir de qué corriente del islam es la mezquita. En el tren hablan alemán, turco y árabe. También un poco de ruso, portugués, español e italiano, pues es tiempo de vacaciones en Europa. Un chico de siete años me explica en perfecto francés que su familia viene de Albania. ¿Habrán llegado durante la guerra de Kosovo?

Köln. 2 mil 700 policías protegen una manifestación de germano-turcos a favor del presidente de ese país euroasiático, Recep Erdogan. Los reunidos condenan el intento de golpe en contra de su presidente y solicitan que Erdogan pueda dirigirse vía webcam a los manifestantes. Las autoridades niegan tal petición, y el Tribunal Constitucional Federal luego confirma que la prohibición de esta no viola los derechos a la libertad de expresión. Ante la imposibilidad de la transmisión vía video, su mensaje se lee desde el podio. Llega un momento en el que los congregados demandan la pena de muerte para los golpistas: supuestamente, el movimiento Gülen o Hizmet, que habría infiltrado el aparato estatal en las últimas décadas. Me sorprende la vehemencia en la manifestación. Me sorprenden los ánimos tan violentos.

Los seguidores de Erdogan en Alemania le apoyan, a pesar de haber tomado una serie de medidas drásticas que han convertido a Turquía en un Estado autoritario: despido y expropiación de miles de jueces, rectores, decanos y profesores universitarios, enjuiciamiento de cientos de generales y miles de soldados acusados de golpistas. Si mi memoria no falla, sus 20 mil manifestantes conformaron la manifestación más grande a favor de un gobierno autoritario en la historia de la democracia alemana. Erdogan pidió que Alemania le apoyara en la persecución del movimiento; sin embargo, no consiguió lo que buscaba: la petición fue enérgicamente rechazada por las autoridades.

Debido a las medidas autoritarias que ha tomado Erdogan, se escuchan voces -especialmente en Alemania, donde vive el más grande grupo de turcos fuera de Turquía, pero también en Austria-, que señalan que las negociaciones por el acceso de Turquía a la UE se debieran congelar. Aunque el gobierno alemán no lo pida directamente, recuerda que medidas autoritarias al interior de un país podrían agravar la crisis de refugiados en vez de aliviarla. El ministro de defensa de Austria llamó a Turquía una “dictadura”Erdogan no ve contradicciones entre su política y el “acquis” comunitario, a saber, los compromisos básicos de Estado de Derecho, democracia y derechos y libertades fundamentales que exige la UE a cada país aspirante. La incertidumbre sobre el futuro pone en jaque al presente: el acuerdo sobre el ingreso de refugiados entre Turquía y la Unión Europea está en grave riesgo con esta tensión de relaciones entre estos dos actores. Así, Erdogan deja dudas sobre la voluntad de Turquía de acoger a millones de refugiados en su territorio, contra la ayuda financiera por parte de la UE, y la promesa de acoger a los náufragos del este del Mediterráneo, bajo la condición de que la UE reciba un refugiado “regularizado” por cada náufrago que fuera recibido en las costas turcas. Al mismo tiempo, después de un atentado en Turquía en el que este fin de semana murieron más de 50 personas, la OTAN y los gobiernos de Estados Unidos y Europa aseguran su apoyo a Turquía, -sin volver a mencionar condiciones de democracia o Estado de Derecho-. El apoyo mutuo en el seno de la OTAN no está condicionado a la forma de gobierno de un miembro, como sí lo está la membresía en la UE.

Los seguidores turcos de Erdogan en Alemania le apoyan, a pesar de haber tomado una serie de medidas drásticas que han convertido a Turquía en un Estado autoritario: despido y expropiación de miles de jueces, rectores, decanos y profesores universitarios, enjuiciamiento de cientos de generales y miles de soldados acusados de golpistas.

El mismo día de la manifestación pro-Erdogan, la policía de Renania-Westfalia disuelve dos contramanifestaciones de radicales de derecha, una de ellas por neonazis, por inobservancia de las condiciones impuestas para poder manifestarse: quedarse al otro lado del Rhin, a distancia de la milenaria manifestación turca.

Ansbach y Würzburg. Dos atentados, ambos reivindicados por el Estado Islámico, los primeros en Alemania con heridos, pero sin víctimas fatales. Sus dos atacantes mueren, cuando Europa todavía no había asumido el atentado de Niza, donde murieron más de 80 personas. Así, los ataques diarios en Siria, el Líbano, Irak y Afganistán no llegan a ser más que breves noticias en una Europa preocupada por su propia seguridad.

Me da miedo. Sí, me da miedo que los europeos o los refugiados no estén a la altura de acoger o ser acogidos. Que como respuesta a los atentados -perpetrados o desbaratados- se responda con demandas de expulsión generalizada de los refugiados. Que las sociedades se dejen influenciar por las supuestas soluciones fáciles, los discursos populistas y nacionalistas, que tanta popularidad tienen: Así ha sucedido enel Reino Unido, en minorías crecientes en Francia y Alemania, y hasta en Polonia y Hungría. Sí, me da miedo que un aumento de la agresividad y del rechazo pueda hacer crecer la cifra de los náufragos en el mediterráneo (3 mil solo entre enero y finales de julio de 2016).

Francia. En el día de la fiesta de San Ignacio, que coincide con el domingo después del asesinato del sacerdote Jacques Hamel por parte de dos radicales islamistas, cientos de personas que profesan el islam asisten a las misas. Imanes, hombres, mujeres… todos unidos para decir “no” al odio fundamentalista. Una valiente manifestación, y un gran acto de comunión interreligiosa: visitar la misa dominical, en que se celebra que el profeta Ishah (Jesús) es hijo de Dios. Para el islam, impensable. Es un acto muy potente, que percibo como más significativo que reunirse en cualquiera ocasión especial y rezar juntos con palabras cuidadosamente seleccionadas para no ofender al credo de nadie. Al contrario, aquí creyentes visitan a creyentes en un momento culmen de duelo y esperanza, sin importar las diferencias en su visión de Dios. Me da paz este gesto.

Musulmanes visitan a cristianos en un momento culmen de duelo y esperanza, sin importar las diferencias en su visión de Dios.

En todo esto, me representa mucho la oración de la musulmana que habló ese mismo día en la catedral de München, en el acto interreligioso por las víctimas del atentado de ese 22 de julio en esta ciudad alemana, y en el que murieron 9 civiles, 7 de ellos musulmanes, más el atacante. Probablemente, quiso imitar un atentado neonazi noruego cuyo quinto aniversario se conmemoraba ese día. En München, hablaron obispos luteranos, católicos, el rabí judío y un sacerdote ortodoxo. Y es una musulmana, Hajer Dhahri, joven estudiante y representante del Consejo de musulmanes de München, quien encuentra las palabras más cercanas y acertadas, como indican los medios al día siguiente. Hajer pide a Allah que en Alemania no se genere un ciclo de odio. Pide que Allah bendiga a la ciudad, que nos ayude a los alemanes a no perder nuestra humanidad en estos tiempos difíciles.

Cuando veo que en este último año los colegios alemanes han acogido a 300 mil niños, niñas y jóvenes refugiados -desde analfabetos hasta jóvenes casi listos para entrar a la universidad-; cuando veo tantas iniciativas de voluntarios para hacer cursos de alemán; cuando veo todas las donaciones… veo humanidad. Pregunto al director del Servicio Jesuita de Refugiados en Berlín si las donaciones se han reducido por los atentados en Europa, y me responde que no. Al contrario. Con esto, y recordando aquel domingo en que los católicos franceses fueron visitados por cientos de musulmanes en la misa dominical para recordar al sacerdote asesinado, mientras una musulmana rezó en la catedral de München por la paz en nuestros corazones, no quiero ni puedo perder la esperanza en que se pueda vencer el odio y la violencia que empujaron a tantos y tantas de sus casas en Siria e Irak, para caminar por miles de kilómetros. Sí. Hay señales potentes de humanidad, de fe y de esperanza.

Volviendo a Chile, rezo por el continente donde nací y crecí, para que sepa responder a su desafío más grande después de la caída del muro. Tal vez su reto más complejo después de la Segunda Guerra Mundial. Rezo para que no se pierda la esperanza de que se pueda romper el ciclo de violencia; que vale la pena intentarlo, porque es la mejor respuesta que el miedo o el odio.

Alemana, vive en Chile y es miembro de la CVX adultos. Cientista Político por la universidad Johannes Gutenberg, de Mainz, Alemania, y Doctora en Derecho por la universidad de Essex, Reino Unido. Académica, especialista en derecho internacional y derechos humanos.

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