Francisco en Chile: Esperanza y desesperanza

Escribo esto pensando en aquellas personas con las que he tenido la suerte de compartir alguna experiencia de fe. Lo hago pensando también en cualquiera que atesore un encuentro profundo con el Señor. El motivo que nos une es la Fe en Dios y en la Iglesia, y, quizás, para varios, también la espiritualidad ignaciana.

Nuestro contexto es la reciente visita del Papa a Chile y el malestar que existe por su posicionamiento respecto a la situación del Obispo Barros. Este clima es evidente y se puede observar a través de la prensa, como también por las redes sociales. En su mayoría, las personas sienten tristeza, decepción, angustia y rabia.

Más allá de esos estados de ánimo, ¿saben lo que me preocupa?, ver cómo nos hundimos cada vez más con esto, mostrando desesperanza en todas partes, y dando la sensación de que estamos abandonados. Como si Dios nos hubiera dejado. Lo más probable es que el padre Pedro Arrupe SJ, antiguo Superior General de los jesuitas, en momentos como éste diga algo que ya mencionó en otros tiempos complejos: “Tan cerca de nosotros no había estado el Señor, acaso nunca; ya que nunca habíamos estado tan inseguros”.

Tengo la sensación de que el mal espíritu está aprovechando esta circunstancia para hacer lo que mejor sabe: ‘dejarnos de brazos cruzados y dudar del amor de Dios y la Iglesia’. El mal espíritu, lo sabemos, es hábil. Es como el ‘rugido del león’ esperando el momento exacto para entrar en nuestro espíritu y alejarnos de la paz de Dios. Goza con esto. Y creo que hoy lo está consiguiendo con creces. He leído la desesperanza de muchos de ustedes, también la tristeza y la rabia. He leído cómo el contexto de la visita del Papa ha llevado públicamente a mucha gente a unirse a un sentimiento de desprecio hacia la jerarquía de la Iglesia y al mismo Papa Francisco. Esto tiene como consecuencia que muchas personas hablen contra la Iglesia; pero olvidamos que la Iglesia somos todos. Todos estamos en esto como Pueblo de Dios.

Mi intención no puede distar más de aquéllos que piensan ‘que no debemos criticar’ ‘que no podemos discrepar’ ‘que no debemos sentir pena o rabia’. Soy crítico, punzante y vehemente en ocasiones. Sin embargo, también he aprendido que las situaciones complejas tienen muchas aristas.

Debemos animarnos a seguir bajo la bandera de Jesús. A seguir dando la pelea, a seguir viviendo según el Evangelio y en nombre de la Iglesia. A fortalecer las comunidades de base, a rezar, a estar informados, a hacer buenas preguntas… pero también, a proponer soluciones, estrategias, insistir en el amor de Dios y en la construcción del Reino. Que la rabia no nos quite energía, para ponernos en manos de Dios y su espíritu, para renovarnos con creatividad apostólica.

Hoy, sin duda, muchos vivimos un momento de desolación profunda. Y aunque suene fácil decirlo: ‘en la desolación, lo único que hay que hacer, es mantener la calma, rezar y recordar los momentos de consolación. Aquellas experiencias de Dios que nos han llevado a creer y seguir a Jesús’.  Porque, en tiempos de desolación, jamás debemos tomar decisiones[i].

Insisto. No digo que no hay que hablar; ¡sólo los animo a mantener la calma y confiar en el Espíritu!, porque sólo él nos puede ayudar a salir de este mal momento, sólo él nos ayudará a salir de acá con creatividad apostólica.

¿Acaso no se puede estar molesto? ¿Acaso no se puede pensar que el Obispo Barros se equivoca? ¿Acaso no se puede pensar que el Papa pudo irse de Chile sin decir lo que dijo? Creo que podemos pensar esto y otras tantas cosas más, pero ello no puede hacernos caer en la desesperanza, la rabia, la pena eterna… no puedo cruzarme de brazos y ver o ayudar a hundir más la Iglesia. No puedo hacer eso, porque es exactamente lo que el mal espíritu quiere: ‘mediante la desesperanza alejarnos del amor de Dios y la Iglesia’.

Los tiempos están complejos. Dios y la Iglesia nos necesitan más que nunca. No lejos, sino cerca. Juntémonos, conversemos, lloremos, pero, demos imagen y respuesta de esperanza al mundo. No podemos dar más espacio al mal espíritu.

¿Han leído la vida de Alberto Hurtado sj? ¿Han leído sus cartas de desesperación con la Iglesia local? Cartas privadas, por supuesto. ¿Qué hizo luego?, creatividad apostólica desde la Fe absoluta en Dios. ¡Cómo no imitarlo!

En sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio propone la imagen de las ‘dos banderas[ii]‘. Creo que hoy estamos un poco en eso. Debemos animarnos a seguir bajo la bandera de Jesús. A seguir dando la pelea, a seguir viviendo según el Evangelio y en nombre de la Iglesia. A fortalecer las comunidades de base, a rezar, a estar informados, a hacer buenas preguntas… pero también, a proponer soluciones, estrategias, insistir en el amor de Dios y en la construcción del Reino. Que la rabia no nos quite energía, para ponernos en manos de Dios y su espíritu, para renovarnos con creatividad apostólica.

Fotografía: Guillermo Alessandri. 

[i] http://sanignaciodeloyola.cl/web/wp-content/uploads/2012/07/Aforismos-Ignacianos-3.docx

[ii] En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio propone distintas dinámicas para que el ejercitante rece lo que significa la opción por Jesús. Concretamente, nos propone observar los discursos que nos da Lucifer y Jesús, para luego compararlos. Dentro de estas imágenes, Ignacio levanta la figura de ‘la bandera de Jesús’ y detrás de ella, la arenga que daría aquel Rey Eternal a sus seguidores, para seguirlo y dar batalla. Una batalla que no es ‘asesinar personas’, sino que trata de una lucha de ‘estilos de vida’. El estilo de Jesús, nos lleva a la humildad y servicio a los demás buscando siempre la voluntad de Dios.

Abogado y profesor de historia de la Universidad Alberto Hurtado. Ha trabajado como directivo y en pastorales de los colegios San Luis Beltrán, San Ignacio El Bosque y San Alberto, todos ligados a la pedagogía ignaciana. Actualmente, se desempeña como supervisor académico en la Comisión Nacional de Acreditación (CNA-Chile). Contacto: [email protected]

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