Fundamentalismo político

Al descender de la barca, Jesús vio una numerosa multitud, y sintió compasión de ellos, porque andaban como oveja sin pastor. Marcos 6:34

Recientemente, al realizar la visita familiar de protocolo a mi anciana madre en Texas, un compatriota me preguntó sobre la misión latinoamericana: “¿Y no sientes peligro ahí entre tantos extranjeros?”.  Curiosa pregunta, pues ahí, el extranjero soy yo. “No, para nada”, le respondí: “Siento más peligro aquí en los Estados Unidos”. Y no es chiste.

Entre otros sucesos asombrosos que aparecen en las noticias internacionales; sobre balaceras gratuitas en iglesias [1] y recintos militares [2], sobre jóvenes afroamericanos muertos por sospecha en Missouri, Baltimore, Nueva York y Florida [3]o la detención de una joven en el pueblito de Hempstead en Texas, a pocos kilómetros del campo de mi madre, porque cambió de pista sin señalizar. Eso fue el viernes pasado. El lunes siguiente, 13 de julio, Sandra Bland estaba muerta en su celda. El informe oficial dice que se ahorcó solita.

La joven de 28 años venía llegando a Texas para asumir un nuevo trabajo y comenzar una nueva vida. La pararon por una infracción de tránsito y la llevaron presa por agredir a un servidor público. Hay un video de su detención [4]. Dos policías grandes y armados aparecen montados violentamente encima de la joven al borde del camino. La golpean contra el suelo y la llevan maniatada. Es difícil imaginar la misma escena con una detenida de raza blanca.

El fundamentalismo político se ha instalado entre los que nos gobiernan. Espero que el pueblo logre recuperar la lucidez, la compasión y la humanidad por las cuales Lincoln, Kennedy y King dieron sus vidas; para que en las próximas elecciones tengan la valentía de ejercer el sentido común en el momento de sufragar.

Un agente de policía fue suspendido y hay una investigación pendiente de los hechos. Es sospechoso porque Sandra Bland ya había pagado la fianza. Es sospechoso porque Sandra Bland fue activista en favor de los derechos afroamericanos. Es sospechoso porque en 2012, James Howard Howell murió en circunstancias similares en la misma cárcel a cargo de las mismas personas. Es sospechoso porque en 2007 los mismos oficiales de policía en Hempstead fueron temporalmente suspendidos por racismo y maltrato de los detenidos.

La muerte de Sandra Bland en Texas, 2015, me causa la misma sensación de escándalo, indignación e impotencia que la muerte de Rodrigo Rojas Denegri en julio de 1986, el caso de los degollados y asesinato de los hermanos Vergara Toledo en marzo de 1985, durante la dictadura chilena. Siento lo mismo que sentí cuando mataron a Monseñor Romero en El Salvador en marzo de 1980, y cuando mataron al Chico Mendes, campeón de la selva amazónica de Brasil, en diciembre de 1988. El caso de Sandra Bland no es diferente, por más que acontezca en un país que pretende ser democrático e igualitario.

A partir de los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, la sociedad norteamericano se ha polarizado. Ahora es un pueblo miedoso. Se ha instalado el fundamentalismo como piedra angular, no solamente de la política exterior, sino de la manera de relacionarse, los unos con los otros a todo nivel.

Pero, ¿qué entendemos por fundamentalismo?

Originalmente, fue un término usado positivamente por sectas protestantes que simplificaban su catequesis a pocas enseñanzas, o fundamentos, para no complicar la vida de los conversos con tantos detalles. Católicos y protestantes tradicionales suelen asociar el fundamentalismo con el literalismo y rigidez en la interpretación de textos bíblicos.

Pero la esencia del fundamentalismo es mucho más que una manera exótica de leer la Biblia. Consiste en la simplificación radical de realidades complejas [5]. El mundo fundamentalista es blanco y negro, bueno y malo, amigo y enemigo. Es una realidad sin razones, sin estudio, sin análisis. Hay que identificar a los amigos para apoyarlos, y a los enemigos para acabar con ellos. El fundamentalismo es excluyente, moralizante y violento.

Se describe con brillante precisión al final de “Rebelión en la granja” de George Orwell, cuando todos los animales, ya dueños del rancho en la cual antes, eran esclavos de los humanos, recitan: “cuatro patas, bueno; dos patas, malo” [6]. Al complicarse las cosas internas entre ellos, no saben qué más hacer. Solo gritan la misma consigna, cada vez más fuerte, para silenciar la razón y el diálogo.

El Concilio Vaticano II optó por lo contrario. Optó por asumir el mundo en toda su complejidad. Las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de toda la humanidad son las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias, de los discípulos de Cristo [7]. Existía la tentación de denunciar la diversidad y anatematizar la divergencia. Hubo quienes pensaban que era el momento de alinearse con occidente en el conflicto ideológico del momento. Se superó. La Iglesia de Cristo está aquí para salvar a toda la humanidad en toda la complejidad de su existencia, ahora y siempre. Ella siente la misma compasión de Cristo cuando vio a la multitud perdida como ovejas sin pastor. No hay amigo ni enemigo, sino solamente hijos e hijas del mismo Padre, desorientados por los vaivenes del caótico universo contemporáneo, necesitados de compasión y apoyo.

Junto con la trágica noticia de la muerte de Sandra Bland, se informó hace unas semanas que negociadores acertaron con una fórmula aceptable por las dos partes para limitar el armamentismo nuclear en Irán a cambio del levantamiento de un embargo comercial que ha lastimado la economía iraní por más de una década. Algunos celebraban por la apertura del diálogo con un pueblo tanto tiempo incomunicado. Hay mucho que hacer, todavía, para llegar a la paz duradera y amistad, pero la comunicación se abre. Otros, sin conocer los pormenores del acuerdo, lamentaron. Son incapaces de aceptar nada que no sea la aniquilación total de sus enemigos, aunque signifique legar un panorama de odio y violencia global a los hijos de sus hijos. Desgraciadamente, son ellos que deben ratificar el acuerdo con Irán.

¿Four legs, good; two legs, bad, Senador? El fundamentalismo político se ha instalado entre los que nos gobiernan. Espero que el pueblo logre recuperar la lucidez, la compasión y la humanidad por las cuales Lincoln, Kennedy y King dieron sus vidas; para que en las próximas elecciones tengan la valentía de ejercer el sentido común en el momento de sufragar.

En Medio Oriente, los opositores del acuerdo prefieren inaugurar la Tercera Guerra Mundial para no ensuciarse con la diversidad de los otros. Pero el mismo fundamentalismo se paga también en casa. Como están las cosas ahora, no hay que ser afroamericana en Texas, Missouri, Baltimore o Florida. No hay que ser islámico ni latino, tampoco. Creemos en la razón y el diálogo. Son la esperanza única, las semillas de la paz futura.

 


[1] Charleston, South Carolina, 17 de junio de 2015.

[2] Chattenooga, Tennessee, 16 de julio de 2015.

[3] En Missouri, murieron Michael Brown, 9 de agosto 2014, Kajieme Powell, 19 de agosto 2014, y Antonio Martin, el 24 de diciembre de 2014; en Baltimore, Freddie Gray, 12 de abril de 2015; en Nueva York, Eric Garner, el 17 de julio de 2014; en Florida, el caso emblemático, Trayvon Martin, 26 de febrero de 2012.

[5] Cf. Dominic Milroy, Church in a complex World, (The Tablet, UK, 19 enero 2013)

[6] George Orwell, Animal Farm, 1945.

[7] Gaudium et spes, 1.

Jesuita, ha trabajado muchos años en Chile y Brasil, en pastorales diversas. Actualmente está de sabático en Texas, EE.UU., su tierra natal.

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