Hacia las profundidades de nuestra fragilidad

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Desde el sentir más hondo…

Acostumbrados a vivir desde el individualismo y el deseo de alcanzar todo lo que la globalización y la modernidad han impuesto a la sociedad, nos hemos convertido en máquinas de hacer y cumplir con lo políticamente correcto: en nuestros trabajos, credos, grupos sociales, estudios, familia, etc., etc., etc.

Nos esforzamos cada día en ser distintos. Cambiamos de apariencia, trabajamos duro para tener algo mejor que el resto, tratamos de olvidar de dónde provenimos, y vivimos soñando hacia dónde queremos ir… así, no incluimos lo verdaderamente importante; así, nos vamos apegando a todo lo que nos satisfaga… materialmente.

Cobra sentido la pobreza, la desigualdad, el hambre y la desesperanza sólo en medio de las campañas nacionales o durante el invierno. Pareciéramos simples espectadores, cumpliendo con la cuota que “debemos dar” para estas ocasiones.

Resulta más fácil vivir sumidos en el personaje que la sociedad nos ha impuesto para estar en “onda” y no en la persona que Dios nos invita a encarnar, para construir una sociedad más justa y enamorada de las cosas simples. Es triste pensar que nos hemos hecho inmunes al dolor del otro y a la desesperanza.

Hemos crecido invadidos por propagandas superficiales (que NO muestran la realidad del 80% de sociedad chilena) y de programas televisivos que no aportan en absoluto a cambiar esta mirada de la vida. Los canales de televisión y los publicistas siguen creyendo que no somos capaces de pensar y merecer algo mejor que lo que ya se ha impuesto. Y nos hemos acostumbrado a asumir ese rol. Educamos a las nuevas generaciones con estos modelos de vida que no ayudan a romper el círculo del individualismo, el consumismo y la banalidad, sino que más bien nos impulsan a vivir de este modo. ¡Es lo más fácil!, ¡lo que más vende!, ¡lo más cómodo!

Perdimos el respeto por la naturaleza. Da igual ocupar los recursos indiscriminadamente si con ello conseguimos el bien de consumo deseado. Pensamos que la importancia de la sustentabilidad es algo sin sentido, más aún cuando vemos que las políticas de Estado así lo corroboran, excusándose cada vez con mayor frecuencia en la necesidad de tener una economía estable. Pareciera que los recursos naturales son un bien inagotable que no hay razón de cuidar.

¡Qué frágiles podemos llegar a ser! Nos admiramos de espejismos que nos alejan de lo esencial y verdaderamente humano.

Pero, pareciera que la serie de trágicos sucesos vividos como país están haciendo que nos encontremos con lo que hay más en el fondo de nuestras fragilidades.

Sólo sumergiéndonos allí nos daremos cuenta, aunque sea por instantes, que todo lo que antes creíamos importante no significa nada si no lo vivimos desde el amor, desde la entrega más honda y verdadera.

Quizás cuesta comprenderlo, pero de este modo ampliaremos las sonrisas, estrecharemos más manos, seremos más agradecidos, miraremos a los ojos, escribiremos más cartas, nos llamaremos más seguido… ¡¡¡¡Construiremos un Chile más justo!!!!

No debiésemos esperar a una situación lamentable, como el accidente aéreo de agosto pasado, para despertar del sonambulismo que padecemos como sociedad. Es necesario mirar la vida y confiar en que desde los pequeños gestos podemos cambiar la desesperanza por un futuro esperanzador. No debemos creer que sólo en situaciones trágicas encontramos a un Dios que nos toma en sus brazos.

Aún así, se hace necesario, de vez en cuando, quedar a oscuras y sentir desesperación e incertidumbre. Quizás sólo así podemos entender nuestra pequeña y frágil humanidad.

No esperemos que los grandes cambios vengan de las políticas estructurales del país.

Más bien, es imprescindible que las fragilidades que nos dejan perplejos como sociedad sean las que nos impulsen a ser cada día mejores y nos animen a mirar la vida desde lo verdaderamente hermoso y real, por difícil que esto parezca. No esperemos lo grandioso o lo estremecedor, no lo necesitamos para tomar la vida en nuestras propias manos.

* Oriana es profesora básica y de educación ambiental, y actualmente colabora en el equipo de formación de la parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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