Hacia nuevo modelo: más allá del dinero

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Desde la segunda guerra mundial hasta el golpe de Estado en la URSS, fuimos testigos de la denominada “Guerra Fría”, en la que se enfrentaban principalmente dos naciones: Estados Unidos y Rusia. Occidente frente a oriente, capitalismo versus comunismo.

La pugna se dio en distintos niveles: ideológico (un sistema económico que debía prevalecer), militar (se invirtieron grandes sumas de dinero en aumentar la cantidad y la calidad del armamento), tecnológico (principalmente en la carrera espacial), entre otros. Fueron décadas de conflictos y temores por una tercera guerra mundial; enfrentamiento que estuvo muy cerca de originarse durante la crisis de los misiles a comienzos de los sesenta.

Para todos es un hecho que la Guerra Fría terminó: el capitalismo venció… pero no por mucho tiempo. Hoy vemos movilizaciones en Europa, África y Sudamérica. Hemos pasado de un conflicto entre estados a un conflicto entre ciudadanía y gobierno: una “Guerra Caliente”.

Guerra Caliente porque ya no se da en el espacio (carrera espacial), en los cielos (crisis de los misiles), en oficinas (reuniones entre presidentes, embajadores, políticos) o en las aulas (discusiones en torno al modelo económico), sino que en la calle y en las redes sociales. Los ciudadanos manifiestan su malestar por medio de paros, caminatas, videos, y opiniones. Su disconformidad la vemos en lo cotidiano, es candente y ágil.

Ya no es la lucha por hacer prevalecer un modelo, sino por cambiarlo. Las personas no buscan crecimiento económico, sino justicia. Se cansaron de que el modelo no funcionara. El capitalismo es muy bonito en el papel, pero recordemos que su ejecución es llevada por personas: disímiles, únicas, divergentes e incoherentes.

Nuestros deseos superan la realidad. El modelo funciona para agentes que calculan sus decisiones, con plena información, racionales; pero los seres humanos somos impulsivos, inconsecuentes y creativos.

No es menor que este calentamiento social se esté dando en diversos lugares del mundo y sea liderado por estudiantes, migrantes y desempleados. Es un signo de los tiempos: ya no basta con crecimiento económico, inflación contenida o educación para todos, sino que se busca reconocimiento, justicia, equidad y que el criterio de lo “rentable” no sea visto sólo desde lo económico, sino que también desde las oportunidades y dignidades que se ofrecen.

El presidente Piñera señaló hace unas semanas que “nada es gratis en la vida”, develando con estas palabras su perspectiva: está observando la vida desde el dinero, no desde la injusticia que sufren miles de estudiantes. Hoy es más fácil que una empresa entre a cotizar en una bolsa internacional, a que un ser humano pueda desplazarse libremente por el mundo. Que en diversos países se esgrima que no hay dinero para las reformas requeridas es seguir cayendo en lo mismo: en ver la vida desde lo económico. Tenemos que reorientar la mirada, no cambiar la plata de bolsillo.

La Guerra Caliente comenzó con la crisis asiática y se confirmó con la sub-prime. Se originó en los mercados, pero fermentó en las calles. No es sólo entre ciudadanos y gobiernos, sino que también juegan un papel fundamental los medios de comunicación, y el siempre abstracto “mercado”. No sólo en el aula de clases se aprende. También es deber de los medios y de los grandes empresarios promover el diálogo, pagar salarios justos, informar con la mayor objetividad posible, incentivar la cultura y el conocimiento.

Un hecho crucial en el fin de la Guerra Fría fue la caída del muro de Berlín. Ahora no tenemos una pared o un monumento que derribar, pero sí un epicentro desde donde erupcionar. Es curioso que donde no ha habido mayores revueltas sea en Estados Unidos, ícono del capitalismo. Cuando esta Guerra Caliente llegue por esos lados (quizás a través de los migrantes, o cuando el gobierno se declare en incapacidad de pago), probablemente seremos testigos de la caída de un modelo, tal cual la humanidad ha visto desaparecer el mercantilismo, el feudalismo, el fascismo, el socialismo y el comunismo. No caerán familias comerciantes, feudos, líderes autoritarios o un muro, sino una ideología que no tomó en cuenta la complejidad del ser humano.

Estudiante jesuita, cursa estudios de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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