Hacia políticas públicas “afectivas”

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Hace algunos días, en la Universidad Católica se realizó el seminario “Ciudad y Vivienda Social”. En este encuentro, Mario Orellana, dirigente barrial y actual candidato a concejal por Renca, abordó las políticas públicas desde una dimensión inédita que me gustaría compartir.

En nuestro país las políticas se han visto invadidas por un concepto llamado efectividad. Celebro dicha inquietud, que básicamente busca lograr el objetivo por el cual estas políticas se diseñan. Sin embargo, junto a la efectividad, también ha surgido la eficiencia: cumplir el mismo objetivo con la menor cantidad de recursos posible. Ambas intenciones son animadas por nuestro actual modelo económico: el neoliberalismo, profundizando con esto la dinámica económica y disminuyendo la intervención del Estado.

Ante esto, y más allá de discutir la importancia de que las políticas sean efectivas y eficientes, es necesario destacar la necesidad de incluir una nueva dimensión: lo “afectivo”. Por ejemplo, las políticas de vivienda hoy no la consideran. Mario tuvo la oportunidad de organizarse con las familias de un comité de allegados y de los campamentos Lo Boza, Mapu Mahuida, Juan Alsina y Villa la Esperanza –todos ellos cercanos a la falda del cerro Colorado en Renca-, para poder acceder a una vivienda. Al lograr organizarse y pedir una solución, la respuesta del ministerio fue clara: existe la posibilidad de otorgar viviendas, pero en las comunas de Batuco y San Bernardo. La respuesta de Mario –y la que cualquiera se podría hacer- fue: “¿Y por qué allá, si yo vivo en Renca?”.

Gracias a su organización en el comité “Construyendo nuestro Sueño”, pudieron rechazar las propuestas y lograron obtener un terreno en Renca, donde finalmente construyeron sus viviendas sin necesidad de quebrar lazos familiares ni de amistad.

La política pública actual considera cumplir el objetivo al menor costo posible, lo cual es efectivo y eficiente. Es decir, la política de vivienda chilena eventualmente cumple con entregar vivienda a aquéllos que lo solicitan y acceden a los subsidios. Sin embargo, esto lo hace al menor costo: en terrenos ubicados en la periferia de la ciudad, donde éstos son más baratos, pero con consecuencias fatales para el desarrollo de nuestras ciudades, como la segregación urbana.

¿Considera la actual política de vivienda que alejamos a los niños de sus abuelos por trasladarlos a otras comunas a horas de viaje? ¿Considera nuestra política que las familias se separarán de sus amigos más cercanos? ¿Acoge nuestra política de vivienda el costo que cargan las familias al cambiar de institución educacional a sus niños por acceder a la casa propia? ¿Se hace cargo del lugar de trabajo de los padres y madres de las familias que son trasladadas por acceder a la vivienda definitiva?

Hoy debemos incorporar lo afectivo a nuestras políticas públicas: es fundamental para construir una sociedad justa, inclusiva y más humana. Y esto no lo vamos a lograr con políticas que simplemente se encargan de minimizar los costos y cumplir los objetivos; también debemos considerar eso que no se está cuantificando, aquello a lo que nuestro sistema no le está dando valor, y que el libre mercado nunca lo va a hacer. La tarea es cómo aplicar esta afectividad a todo el diseño de políticas públicas de nuestros estados.

* César es estudiante de 5° año de Construcción Civil en la Universidad Católica. Actualmente se desempeña como Vicepresidente en el Centro de Alumnos de su carrera. Es exalumno del colegio San Francisco Javier, de Puerto Montt.

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