Hagan esto en memoria mía

8462579000_bac1747e52_zDurante este tiempo de Cuaresma, en que nos ponemos en sintonía con la crucifixión y muerte de Jesús, volvemos reflexionar, como cada año, sobre su significado. Hay algo en la cruz que molesta. La crudeza allí presente y el sufrimiento de Jesús no dejan de inquietarnos. Queremos entender, intentar darle un sentido, explicar por qué dejamos que algo tan terrible le ocurriera a un ser humano. Y lo hemos hecho, hasta el punto de llegar a justificar lo injustificable. Sin embargo, sigue habiendo algo en la cruz que molesta, que inquieta.

Quizás lo que hemos escuchado sobre la pasión de Cristo no nos hace tanto sentido; que su muerte era necesaria, que Dios mandó a su hijo a la Tierra para que muriera por nosotros, que Jesús pagó en la cruz por nuestros pecados. La salvación ha sido entendida como el resultado de un trueque en el que Jesús entrega su vida a cambio de salvar la nuestra. Pero, ¿no es el reino de Dios, proclamado por Jesús, un Reino gratuito?”. También cuesta creer que Dios mandaría a su único hijo a la Tierra para que lo mataran en una cruz.

No es el sufrimiento, sino el amor el que salva. No es la dolorosa cruz la que nos salvó, sino toda la vida de Jesús.

Si Jesús no hubiese sido crucificado podría haber muerto de diferentes maneras, pero muy poco probable que hubiese tenido una vida larga, puesto que era una amenaza para muchos. Jesús fue un hombre bueno que vivió en un mundo lleno de pecado; por lo tanto, estaba destinado a ser crucificado. La bondad en un mundo pecador es crucificada. A Jesús lo matamos nosotros.

Si aislamos la muerte de Jesús en la cruz y la separamos de su vida, es inevitable centrarnos en el sufrimiento. Pareciera ser que mientras más sufre, mayor es la salvación. Es como si Jesús tomara el sufrimiento de toda la humanidad en sus espaldas y lo cargara hasta la cruz, quitándonos así el castigo por nuestros pecados. Pero el sufrimiento por sí solo no es sinónimo de salvación. Es verdad que en nuestra vida cotidiana podemos experimentar la necesidad de dolor para salvar, cuando se requiere de un sacrificio de nuestra parte. Por ejemplo, quedarme día y noche cuidando a un ser querido que está enfermo. Este sacrificio sí es redentor, pero porque se trata de un sufrimiento que nace desde el amor. Porque amo a esa persona es que estoy dispuesta a sufrir y sacrificarme por ella. Entonces, no es el sufrimiento, sino el amor el que salva. No es la dolorosa cruz la que nos salvó, sino toda la vida de Jesús.

La cruz es la consecuencia de Jesús queriendo vivir completamente su humanidad, pues la manera en que eligió vivir lo llevó a morir en ella. En un mundo de pecado, Jesús vivió una vida de amor, y ese amor lo condujo a la muerte.

De esta manera, el mensaje de la muerte de Jesús es más bien positivo que negativo. Si entendemos la cruz desde el sufrimiento, también entenderemos así nuestra propia vida, como un camino en el que tenemos que cargar cruces para alcanzar la santidad. Pero la cruz nos habla de una buena noticia, nos muestra la vida a la que estamos llamados. Jesús nos muestra a través de su fidelidad hasta la muerte qué es una vida verdadera. En ese sentido su vida y su muerte son salvíficas.

Cuando Jesús dijo “hagan esto en memoria mía”, nos pidió que vivamos tal como él vivió. Que entreguemos nuestra carne y nuestra sangre por otros. Nos llama a morir con él. Y el llamado no es a cargar cruces y mortificarnos, sino a imitar su vida de fidelidad y entrega hasta el final. No esperemos llegar rápido al domingo de resurrección para alegrarnos; vivamos nuestro ‘viernes santo’ y quedémonos ahí, alegres. Jesús nos está mostrando una forma de ser hombres y mujeres, conmovedora y esperanzadora para el mundo. “El hecho mismo de que se haya revelado lo humano verdadero, contra toda expectativa, ya es buena noticia, y por ello, es ya en sí mismo salvación: los seres humanos sabemos ahora lo que somos”[1].

 


[1] Jon Sobrino. Jesucristo Liberador. Lectura histórica-teológica de Jesús de Nazaret. (San Salvador: UCA editores, 2000)

Chilena, estudió Filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Cursa un Master en Teología en la Universidad Boston College, USA.

Sus columnas en TAbierto

Artículos relacionados

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.