Hambruna en el campo mexicano: antesala del estallido social

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El campo mexicano está viviendo una de sus peores crisis. 19 de los 32 estados de la república están siendo afectados por la sequía. Hace unos días, la prensa nacional e internacional anunciaba el supuesto suicidio de 50 indígenas raramuris en el estado de Chihuahua -ubicado al norte del país- a causa de la hambruna que padecían. La noticia fue difundida gracias al “lobby” ejercido por redes sociales como facebook y twitter, y evidenció una realidad que ocurre día a día en nuestra nación: el campo está a punto de colapsar.

El pasado 13 de enero se presentaron a comparecer ante los legisladores del Congreso de la Unión, los titulares de Hacienda y Agricultura, José Antonio Meade y Francisco Javier Mayorga, respectivamente. Algunos legisladores los acusaban de no hacer los suficientes esfuerzos para financiar el campo mexicano y así evitar su calvario. ¿De quién es la responsabilidad? ¿De los secretarios de Estado o de la ciudadanía mexicana, que no se une para buscar soluciones a dicha problemática?

¿Cuántas veces el movimiento denominado “Sin Maíz no hay País” ha pedido el apoyo de la ciudadanía mexicana para presionar al gobierno a renegociar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá? ¿Cuántas veces ha denunciado que el campo mexicano padece una falta de financiamiento y contaminación transgénica, sin recibir una respuesta aceptable?

¿Mexicanos adormecidos, entumidos y tullidos es lo único que existe? Pareciera que los mexicanos no queremos un país diferente; pareciera que estamos cómodamente sentados esperando que los “revoltosos” busquen soluciones a las problemáticas más urgentes del país. Mexicanos indiferentes no es lo que necesita el campo para salvarse. No necesitamos un acuerdo multimillonario con carácter de urgente y asistencialista, como propone el presidente Felipe Calderón y algunos cuantos empresarios del campo mexicano. Necesitamos soluciones de raíz. Necesitamos una verdadera reactivación del campesinado, que está cada vez más marginado y excluido, sin posibilidad de competir, por ejemplo, con los productos agrícolas de Canadá y los Estados Unidos.

¿A dónde vamos a llegar? Ya hay hambruna en algunos estados. En un pueblo de Veracruz, en el sur de México, se está recuperando el trueque como forma de intercambiar productos de la canasta básica. Es una protesta contra el gobierno, pues mediante el trueque no se pagan impuestos. ¿Para qué pagarlos -se dice- a un gobierno que poco hace para las mayorías empobrecidas y sí invierte en grandes infraestructuras para las minorías acomodadas?

Sin pan en el estómago es factible que las mayorías que migraron a las ciudades desde el campo mexicano -sin alcanzar aún lo suficiente para comer-, busquen alternativas violentas para conseguirlo. En algunas zonas del país ya lo están haciendo. ¿Es necesario llegar a esta solución?

Hace unos meses me encontraba en Chalco, una de las zonas más pobres y excluidas de Ciudad de México. El barrio está compuesto en su mayoría por campesinos del estado de Oaxaca, que habían emigrado con la esperanza de mejorar su calidad de vida. Le pregunté a una anciana si quería regresar a su tierra, y me dijo: “es que aquí hay más comida. En mi tierra no hay agua suficiente, no hay qué comer; hay que ir hasta el río por ella y últimamente no ha llovido… qué le vamos hacer, no hay otra, nomás que aquí hay mucha violencia y ya ve que mis nietos están en bandas de drogadictos, no más no salimos de pobres”.

Éste y muchos otros testimonios hablan de la descomposición del tejido social mexicano. La desarticulación del campo está provocando el crecimiento desmedido de zonas empobrecidas en las ciudades, sectores que además padecen altos índices de violencia y hacinamiento. ¿Mexicanos, qué esperamos para unirnos a los movimientos sociales que buscan reformar esta dramática situación? ¿Qué estamos esperando? Ojalá el diagnóstico falle, pero estos síntomas parecen indicar que estamos en la angustiosa antesala de un estallido social.

Mexicano. Abogado. Estudiante jesuita en la etapa de Teología.

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