Joan Alsina, un catalán mártir junto al pueblo chileno

 

“Joan Alsina es verdad, verdad cristiana ciertamente. Porque fue encarnación y muerte solidaria con los hermanos, como el Señor Jesús. Porque supo ‘educar la caridad haciendo crecer la simiente del bautismo según la medida del plan de Dios: hasta dar la vida’. Porque confió contra toda esperanza en aquél que ya ha vencido y consiguió hacer su propia ‘síntesis en Cristo crucificado y glorioso’”.

Obispo Pedro Casaldáliga

En septiembre de 1973, un grupo de jóvenes curas catalanes vivían en comunidad, compartiendo la fe junto a los pobladores de San Bernardo. Uno de ellos, Joan Alsina, había optado por ser cura obrero, y trabajaba en el Hospital San Juan de Dios. El 11 de septiembre de ese año no sólo marcaría para siempre al país, sino que también torcería los proyectos de estos sacerdotes. A sus 31 años, el padre Joan se encontraba trabajando cuando fue detenido por efectivos del Ejército junto a un grupo de obreros. El 19 de septiembre de 1973 sería fusilado. Quien le disparó era un joven soldado, que recibió las órdenes de un militar de rango más alto. Cuando lo acribillan, en la baranda del puente Bulnes, sobre el río Mapocho, el cura Alsina le otorgó el perdón al soldado. Su cuerpo fue rescatado desde el río para ser sepultado en el cementerio parroquial de San Bernardo.

La muerte de Joan Alsina representa la negación a aceptar la diversidad de nuestra sociedad, a que existen curas que puedan vivir su vocación junto a los más pobres, que los sacerdotes pueden trabajar como obreros o como empleados, al igual que gran parte de la población.

¿Por qué los militares asesinaron a Joan Alsina? ¿Por qué, si sabiendo que era un sacerdote, un joven extranjero, decidieron su muerte? Seguramente, les molestó que estuviera compartiendo su vida junto a los trabajadores de un hospital público, que viviera en una población, que no estuviera encerrado en una iglesia. Joan Alsina es un mártir de nuestros días, por su testimonio, por su muerte. La muerte de Joan Alsina representa la negación a aceptar la diversidad de nuestra sociedad, a que existen curas que puedan vivir su vocación junto a los más pobres, que los sacerdotes pueden trabajar como obreros o como empleados, al igual que gran parte de la población. Como Jesús, el carpintero, Joan murió porque trataba a las mujeres como iguales y compartía con todas las personas, sin distinguir su origen. Jesús muere asesinado porque no siguió el camino de encerrarse en un templo, sino que salió a compartir la vida, en especial con aquellas personas más sencillas. Ese testimonio molesta a los poderosos, a los que tienen un fusil, a los que se han tomado el poder. Los que tenían el poder de las armas no sólo asesinaron a Joan, mataron a Miguel Woodward en Valparaíso, asesinaron al cura Antonio Llidó -quien continúa como detenido desaparecido-, mataron al cura salesiano Gerardo Poblete, en Iquique; luego, en los ochenta, al cura francés André Jarlan en La Victoria, como a muchos otros pobladores. Estos son los seguidores de Jesús que la dictadura mató por estar compartiendo junto al pueblo. La comisión Rettig, de hecho, reconoció sus nombres como víctimas de la dictadura.

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En lo que respecta a la Justicia por la muerte de Joan, su caso fue investigado por un ministro en visita, para luego terminar en la Corte Suprema. El 29 de noviembre de 2007 se dictó un fallo que confirmó la condena contra el mayor en retiro del Ejército Donato López, por su responsabilidad en el homicidio del sacerdote. Pero este militar cumplió su condena en casa, sin pisar la cárcel, porque fue sentenciado a tres años y un día de prisión, obteniendo -por esta pena tan baja- el beneficio de la libertad vigilada. No es una novedad; muchos juicios de Derechos Humanos obtienen de parte de los tribunales penas bajas que dejan a los responsables de estos crímenes cumpliendo las sentencias en sus propios hogares. El lugar donde murió el padre Joan Alsina hoy se ha transformado en un memorial para los que murieron en el puente Bulnes. En una pared está la antigua baranda que testimonia con marcas las balas que recibió. Como cada último domingo de septiembre se recordará con una misa su testimonio de vida y entrega, como un mártir del pueblo.


 

-Se invita a participar de la misa de Joan Alsina, este domingo 25 de septiembre de 2016, a las 16:00 hrs., en el Puente Bulnes, Santiago.

-El libro “Joan Alsina: Chile en el corazón” de Ignasi Pujadas, puede ser leído aquí

 

 

Abogado e investigador del Observatorio de Justicia Transicional de la Universidad Diego Portales. Actualmente cursa un Magíster en DD.HH. en la Universidad Autónoma de Madrid.

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