Kairós, Confesión y Conversión: Una reflexión sobre Laudato Si´ desde la tradición protestante

Ponencia presentada en Seminario sobre Laudato Si’ desarrollado en la Fac. de Teología de la PUC de Chile.

Me siento muy honrada de poder hablar acá acerca de Laudato Si’, porque la Encíclica, al leerla, me ha emocionado hasta las lágrimas. Me han pedido hablar sobre la Encíclica desde mi experiencia ecuménica y desde la tradición protestante de Holanda, de donde soy.

Primeramente, tengo que decir que la construcción de una conciencia ecológica en la tradición cristiana ha sido muy ecuménica. Muchos teólogos y teólogas que hacen “eco-teología” desde hace tiempo se llaman “cristianos/as” a sí mismos y no explicitan mucho su denominación particular.

Eso muestra que enfrentarse con problemas graves, como la crisis ecológica, trasciende las diferencias entre tradiciones, o las relativiza mucho. Lo expresó un hermano musulmán el otro día en una reunión del Foro Espiritual por la Paz, cuando hablamos de la crisis ecológica. Dijo: “Aunque no existiera Dios, tendríamos que actuar frente a esta situación todos juntos”.

El Papa Francisco ha captado eso cuando escribió Laudato Si’, y por eso es la Encíclica más ecuménica y abierta que he leído, y en sintonía con otras iglesias, otras religiones, y frente a toda la gente de buena voluntad.

Sin embargo, puedo relevar algunos aspectos de la Encíclica que me llamaron específicamente la atención desde mi tradición, y las he dividido bajo tres títulos: Kairós, Confesión y Conversión.

  1. Kairós

 La tradición reformada o protestante siempre ha sido por definición rebelde, de protesta, principista; probablemente más que la Iglesia Católica. Cuando sentíamos, en el siglo XVI, que la doctrina o las prácticas de la Iglesia no reflejaban más “Evangelio”, Buena Noticia, decidimos romper con la iglesia madre. Y después rompimos muchas veces más entre nosotros, por cuestiones fundamentales y menos fundamentales en que, según nosotros, la integridad de la fe estaba en juego. Por eso existen un sinnúmero de iglesias reformadas, evangélicas y protestantes en el mundo. La costumbre de dividirse no es algo sobre la cual enorgullecerse, y tengo respeto por la manera en que la Iglesia Católica mantiene la comunión, de alguna manera, a pesar de lo que yo percibo como un gran número de diferencias en interpretaciones y tendencias dentro de su seno.

A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. (LS, 161). Necesitamos cambiar el modelo de desarrollo global. (…) En este tema los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso. (LS, 194).

Sin embargo, creo que iglesias de la tradición reformada han visto bien, en varias oportunidades, que hay momentos en la realidad de este mundo, en que ya no es posible quedar en paz con todos y todas, en amablemente respetar el desacuerdo entre posiciones opuestas. Hay momentos en que el silencio se vuelve cómplice, en que la palabra amable y comprensiva frente a todos/as es hipócrita, cuando no expresarse claramente significa traicionar la fe misma.

Estos momentos son momentos Kairós. Kairós viene de la tradición griega y significa “momento oportuno”. Mark Braverman, un judío que trabaja incansablemente por la paz entre judíos y palestinos, lo llama “una oportunidad insuperable”. Dice que es el momento que originalmente se da en Hechos de los Apóstoles 4, 19-20, cuando los discípulos dicen: Juzguen ustedes si es correcto a los ojos de Dios que les obedezcamos a ustedes antes que a él. Júzguenlo. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído.

En términos bíblicos es un momento en el tiempo en que, según el teólogo norteamericano Robert McAfee, la oportunidad demanda una respuesta.

Un tiempo en que Dios nos da un conjunto de posibilidades que nosotros tenemos que aceptar o declinar, elegir entre vida o muerte (Dt. 30,15). Son momentos de verdad para la iglesia, momentos escatológicos quizás. Kairós es tiempo afortunado, es tiempo de Dios.

Diversos grupos en las iglesias protestantes han reconocido varios momentos así tanto en este siglo como en el pasado. En 1934, un grupo de teólogos alemanes, llamados “die Bekennende Kirche”, Iglesia confesante, se expresó en un documento con seis tesis en la ciudad de Barmen, en contra de la tendencia de la iglesia evangélica alemana de ceder al nazismo, y adaptarlo y legitimarlo con la teología cristiana. Estas tesis significaron persecución y sufrimiento para estos teólogos: Dietrich Bonhoeffer lo pagó con su vida.

En 1985 un grupo de teólogos Sudafricanos publicó un documento Kairós, la Confesión de Belhar, en contra de la justificación del sistema del apartheid por parte de iglesias blancas en Sudáfrica. El documento provocó un debate muy agudo y fue un impulso más hacia el fin del apartheid.

En 2009 las iglesias cristianas en Palestina sacaron el más reciente documento Kairós, que clama contra la situación de apartheid a qué está sometido el pueblo de Palestina.

Yo veo Laudato Si´ como un documento Kairós; un documento profético, afortunado, y de gran alcance en el contexto de la crisis ecológica mundial. Es por eso que la Encíclica me hizo llorar al leerla. A veces, para las personas que trabajamos tratando de que la gente tome conciencia de la crisis ecológica y de las consecuencias del cambio climático, el silencio entre nuestros amigos y familia, el silencio de los medios, el silencio en las iglesias se pone ensordecedor.

Después de los resultados alarmantes del reporte del IPCC de noviembre 2014, en el contexto de los continuos fracasos de las cumbres internacionales, en camino hacia una cumbre decisiva en París -que tendrá lugar en noviembre de este año-; en el contexto de la escasez del agua y del saqueo no cuestionado de la tierra en Chile por la minería, las empresas forestales, la industria agrícola y pesquera, esperamos ansiosos una voz profética de autoridad. El Papa Francisco respondió.

En Laudato Si’ se habla de un momento Kairós: Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos (LS, 53). Basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro (…) parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre (LS, 61). Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. (LS, 161). Necesitamos cambiar el modelo de desarrollo global. (…) En este tema los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso. (LS, 194).

  1. Confesión

Los documentos Kairós son documentos de confesión. Confesiones de fe siempre se han hecho afirmando creencias y a la vez rechazando otras que amenazaban la fe misma.

La iglesia reformada tiene una Confesión reciente que refleja bien esta característica. Las iglesias miembros de la Alianza Mundial de Iglesias Reformadas, ahora llamada Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, declararon en su Consejo General n° 23, en 1997, en Hungría, (donde yo estaba presente), un Processus Confessionis: un período de contemplación y estudio sobre las injusticias cometidas por el sistema socioeconómico tanto frente a los pobres como a la Tierra. Siete años después, en 2004, el Consejo se reunió en Accra, Ghana. Las iglesias africanas presionaron para pronunciarse sobre la situación en una confesión, y esto resultó en la Confesión de Accra.

Necesitamos confesar no solo nuestra fe en Dios, sino también confesar nuestros errores en lo que hemos construido y nuestro temor al cambio. Una confesión de fe es también la posibilidad de mirarnos con humildad, y revisar nuestros motivos más profundos.

Leo algunos fragmentos:

  • Hemos escuchado que la creación sigue gimiendo, en cautiverio, esperando su liberación (Rom 8,22). El clamor de las personas que sufren y las heridas de la creación misma nos están cuestionando. Observamos una convergencia drástica entre el sufrimiento de las personas y el daño hecho al resto de la creación.
  • Los signos de los tiempos se han vuelto más alarmantes y hemos de interpretarlos. Las causas subyacentes de los tremendos peligros para la vida son, sobre todo, producto de un sistema económico injusto defendido y protegido mediante la fuerza política y militar. Los sistemas económicos constituyen una cuestión de vida o muerte.

Confesión de fe

  • En consecuencia, rechazamos la cultura del consumismo desenfrenado, la avaricia y el egoísmo competitivos del sistema de mercado mundial neoliberal y cualquier otro sistema que sostenga que no existen alternativas.
  • Creemos que Dios ha sellado un pacto con toda la creación (Gn 9, 8-12). Dios ha creado una comunidad terrenal sobre la base de una visión de justicia y de paz. El pacto es un don de gracia que no se vende en el mercado (Is 55,1) (…).
  • En consecuencia, rechazamos (reject) el orden económico mundial actual impuesto por el capitalismo neoliberal global y todo sistema económico, con inclusión de las economías planificadas absolutas que cuestionen el pacto de Dios y excluyan de la plenitud de vida a los pobres, los vulnerables y toda la creación.
  • Creemos que Dios es soberano sobre toda la creación(…).
  • Creemos en Dios, Creador y Sustentador de toda la vida, que nos llama asociados en la creación y redención del mundo(…).
  • La Asamblea General de la Alianza Reformada Mundial, que ha visto los signos de los tiempos, habla a partir de la tradición reformada afirmando que la justicia económica mundial es esencial para la integridad de nuestra fe en Dios y nuestro discipulado como cristianos. Creemos que la integridad de nuestra fe corre peligro si guardamos silencio o nos negamos a actuar frente al sistema actual de globalización económica neoliberal, por lo tanto, confesamos (we confess) ante Dios y ante los demás.
  • (…) Se trata de un sistema mundial que defiende y protege los intereses de los poderosos. Nos afecta y atrapa a todos. Desde la óptica bíblica se entiende que tal sistema de acumulación de riquezas a costa de los pobres no es fiel a Dios y ocasiona sufrimientos evitables a las personas. Se denomina Mamón. Jesús nos dijo que no es posible servir a Dios y a Mamón (Lc 16,13).

La Confesión de Accra se expresó 12 años antes de la Encíclica del Papa Francisco. Laudato Si’, de alguna forma, refleja su estructura confesional, confesando la fe católica y rechazando el orden socioeconómico actual.

Cito Laudato Si’: “No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada (LS, 67). No podemos sostener una espiritualidad que olvide a Dios todopoderoso y creador. De ese modo, terminaríamos adorando a otros poderes del mundo, o nos colocaríamos en el lugar del Señor, hasta pretender pisotear la realidad creada por él sin conocer límites (LS, 75). La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia (LS, 189)”.

La Confesión de Accra ha sido discutida en muchas iglesias reformadas en el mundo. Mucha gente la encontró demasiado radical, como ahora también mucha gente en la Iglesia Católica va a tratar de suavizar la radicalidad de la Encíclica Laudato Si’.

Creo que es importante ver un poco esta palabra radical en el contexto de momentos Kairós. Radical significa “de raíz”. Los cambios que se necesitan no son un maquillaje, como dice el Papa, sino son cambios estructurales. Laudato Si’, y, antes, Evangelii Gaudium, comparten el diagnóstico que hace la Confesión de Accra y claman una mirada radicalmente nueva. Hace un tiempo el primer ministro holandés dijo: “La sustentabilidad está bien, mientras no dañe a la economía”. Él y mucha gente con poder en el mundo tienen que darse cuenta que el asunto es al revés: “La economía está bien, mientras no se dañe la sustentabilidad”.

Necesitamos confesar no solo nuestra fe en Dios, sino también confesar nuestros errores en lo que hemos construido y nuestro temor al cambio. Una confesión de fe es también la posibilidad de mirarnos con humildad, y revisar nuestros motivos más profundos.

Laudato Si’ busca las causas más profundas de nuestra situación y hace preguntas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Para qué se quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo? (LS, 57) ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? Para que pasamos por este mundo? ¿Para qué venimos a esta vida? ¿Para qué nos necesita la tierra? (LS, 160).

Haciéndonos estas preguntas radicales, de raíz, podemos llegar a una conversión.

  1. Conversión

La Encíclica Laudato Si’ llama a una conversión ecológica profunda. En un momento Kairós, y de necesidad de confesión, esta conversión no puede solo ser interior, o de corazón, como he escuchado decir a algunos obispos en charlas. Implica una conversión del corazón, eso sí, pero esta conversión, si es verdadera, automáticamente llevará a actos proféticos.

Si nos llega al corazón el sufrimiento de tantas comunidades en Chile que viven con 25 litros de agua por persona al día, llevada por camiones aljibes, porque la ley prioriza el agua para las grandes empresas, no podemos callarnos frente a esta ley.

La Encíclica Laudato Si’ llama a una conversión ecológica profunda. En un momento Kairós, y de necesidad de confesión, esta conversión no puede solo ser interior, o de corazón, como he escuchado decir a algunos obispos en charlas. Implica una conversión del corazón, eso sí, pero esta conversión, si es verdadera, automáticamente llevará a actos proféticos.

Si nos llega al corazón el sufrimiento de muchos y muchas por la contaminación del aire en Santiago, no podemos callarnos frente a personas que siguen usando sus autos, o usando estufas de leña en días de emergencia. No podemos ser nosotros/as esta gente.

Si nos llega al corazón la posibilidad que nuestros hijos e hijas van a vivir en un planeta inhabitable si no actúan los gobiernos ahora con coraje, ¿cómo es que no vamos en masa a las puertas del gobierno para pedir que representen a nuestros hijos e hijas?

¿Pero no transforma esto la fe en política?

Al parecer, no hay mayor miedo en las iglesias que responder a esta pregunta. Por eso creo que es importante, igual a la palabra radical, revisar la palaba “política”. Lo político, en distinción con la política, en una definición del último reporte del PNUD, son los asuntos sobre lo cual tenemos derecho a decidir todos y todas en conjunto como sociedad; son asuntos del “bien común”, concepto tan importante en la Encíclica. Son asuntos que no podemos dejar en manos de algunas pocas personas con mucho poder y dinero, porque podemos sospechar que no nos van a representar.

En este sentido: ¿Nuestro modelo de desarrollo y nuestra sobrevivencia como seres humanos tendrá suficiente importancia para ser “un asunto político”?

La conversión que propone Laudato Si’, en mi percepción, tiene dos niveles.

Tiene un nivel político, en el sentido que describí, y no hay que negarlo. Es importante que las iglesias y universidades nos sumemos al peso político de esta Encíclica en este momento Kairós, y saquemos la voz pública y profética frente a multinacionales y gobiernos que no trabajan para el bien común, y que siguen acumulando riquezas a costa de las personas pobres y de la creación.

Pero Laudato Si’ también tiene el lado de la conversión personal y comunitaria. El Papa dice que todos los pequeños gestos de humanización y de cuidado frente a la naturaleza ayudan, son semillas en la creación de una cultura ecológica integral.

En Alemania, grupos de iglesias han tomado muy en serio este tipo de conversión. Tienen el proyecto de hacer su iglesia CO2 neutra antes de 2050. Eso significa que revisan su consumo energético, que aíslan sus catedrales, ponen paneles solares en el techo, chequean de dónde viene su comida, se vuelven vegetarianos, tratan de reciclar todo en eventos que organizan, etc… así, estas iglesias se han vuelto ejemplo y testimonio de esperanza para la comunidad a su alrededor.

Porque al final es eso lo que el Papa nos recuerda con fuerza en toda la Encíclica: ser cristianos y cristianas significa enfrentar momentos de Kairós, de confesión y conversión profunda con esperanza, con la fe que los seres humanos, hechos de libertad y amor, podemos cambiar, podemos levantarnos y caminar cantando, para que: “nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza (LS, 244).”

Coordinadora Área Justicia Ambiental del Centro Ecuménico Diego de Medellín. Miembro de Coalición Ecuménica por el Cuidado de la Creación y ACT Alianza.

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