La Alegría del Amor

Cuando me propusieron escribir para este espacio, mi respuesta espontánea fue SÍ. No le di muchas vueltas, solo pensé en ese momento que era una oportunidad para expresar mi opinión personal respecto de la Exhortación del Papa Francisco, y también, sentí que a través mío podía transmitir lo que he compartido con muchas otras personas, laicas y laicos miembros de la Iglesia que, al igual que yo, vamos de a pie construyendo esta Iglesia que es de todos, y dando testimonio de la buena nueva del Evangelio en la cotidianeidad de nuestras vidas.

De a poco me fui dando cuenta que no iba a ser tan fácil escribir, porque al hacerlo me expondría y comprometería públicamente, y eso a veces tiene sus costos. Sin embargo, a lo largo de mi vida he ido descubriendo y confirmando que quiero vivir la vida intensamente, aprovechando todo lo que se me regala y también lo que se me quita, y para eso no puedo ser turista ni observar de lejos la vida que me toca vivir, sino ser protagonista de ella.

Hace ya varios años, cuando conocí la homosexualidad de mi hijo, me comprometí no solo conmigo misma, sino también con él y con la Pastoral de la Diversidad Sexual (Padis+) de la cual formo parte, a ayudar a mi Iglesia a avanzar y reconocer en plenitud la existencia de miles de personas que, como mi hijo, buscan un trato justo y respetuoso en la sociedad y en la comunidad cristiana. Hoy, gracias a los cambios que como país y como Iglesia hemos ido experimentando en relación a las personas LGBTI[1] , reconozco también un deseo de buscar juntos nuevos caminos de inclusión y acogida para vivir el amor en las distintas situaciones de vida que las familias experimentan hoy día.

Por esto es que todo lo vivido en los Sínodos previos al texto de la Exhortación despertó en mí muchas expectativas y esperanzas. Los documentos emanados en cada una de las Asambleas daban cuenta de una apertura, un nuevo tono pastoral. Muchos esperábamos que el Papa Francisco se pronunciara respecto de asuntos que tocaban directamente la vida de nuestros hijos e hijas. ¿Cambiaría la doctrina, dejarían de hablar de “tendencias” o “comportamientos desordenados”? ¿Qué nos diría a nosotros, sus mamás, papás, hermanos y amigos? No puedo dejar de esperar y confiar que las cosas cambiarán. Quizás no ahora, no para nosotros. Pero sí para las generaciones que vengan.

Doy fe y puedo dar testimonio de cómo la buena nueva del evangelio se hace vida en cada papá y mamá que llega desesperanzado y angustiado al grupo, buscando formas de ayudar y acompañar a su hijo o hija tras conocer su homosexualidad. Muchos de nosotros hemos experimentado el rechazo y las culpas que por años nos han paralizado y alejado de nuestros hijos, la vergüenza y el sin sentido, la violencia y la agresión que algunos hemos recibido incluso en nuestras comunidades cristianas y desde nuestras propias familias.

Por eso escribo, y desde aquí también quiero hacer mi aporte y mostrar lo que otros no ven, ya sea porque no pueden, o porque no quieren. Pero yo sí puedo, quiero y debo hacerlo. Porque en la Padis+ he encontrado una nueva misión en esta etapa de mi vida, por la que me juego y entrego en plenitud. Desde esta vereda he descubierto el llamado del Señor a ser testigo de su amor misericordioso en medio nuestro. A proclamar, alabar y agradecer por la vida de Padis+, la “Alegría del Amor” encarnada.

Mi experiencia de acompañamiento pastoral

Lo que vivimos a diario en la Padis+ [2] habla de esa Iglesia acogedora que queremos y añoramos; esa Iglesia de Jesucristo que no pregunta ni cuestiona, sino que abre sus brazos para acoger a quien se le acerca, sin condiciones de ningún tipo. Habla de un sacerdote que se conmovió como Jesús lo hizo ante el dolor del hombre y de la mujer de su tiempo; que supo escuchar y descubrir en ese primer encuentro el año 2010 a Jesús mismo encarnado en esos jóvenes que lo visitaron. Ellos, al igual que nosotros, “desnudaron” su fragilidad, sus deseos y alegrías. No les exigió explicaciones, ni tampoco les ofreció grandes respuestas. La Padis+ habla de una comunidad eclesial, la Comunidad de Vida Cristiana (CVX), que sabiendo leer los signos de los tiempos, quiso ir a la frontera y embarcarse en un camino inédito de acogida e inclusión en la Iglesia chilena para personas LGBT, sus madres, padres y familia.

Doy fe y puedo dar testimonio de cómo la buena nueva del evangelio se hace vida en cada papá y mamá que llega desesperanzado y angustiado al grupo, buscando formas de ayudar y acompañar a su hijo o hija tras conocer su homosexualidad. Muchos de nosotros hemos experimentado el rechazo y las culpas que por años nos han paralizado y alejado de nuestros hijos, la vergüenza y el sin sentido, la violencia y la agresión que algunos hemos recibido incluso en nuestras comunidades cristianas y desde nuestras propias familias.

La Padis+ nos ha regalado una mirada esperanzadora y nos ha permitido salir del círculo que nos mantenía encerrados y estancados. En ella hemos reafirmado que pese a todas nuestras dudas y temores, el amor hacia nuestros hijos e hijas no cambia, que la alegría que nos dieron con sus vidas sigue intacta, y que nuestro compromiso como mamás y papás permanece, aun cuando creamos que todo está perdido. Todos llegamos con dudas y dolores. Sin embargo, a pesar del desgarro y la incertidumbre, nos alegramos y llenamos de gozo al encontrar en la Pastoral de la Diversidad Sexual, ese lugar que en el seno de la Iglesia da vida y regala esperanza. Reconocernos en comunidad y sabernos acompañados por otros en el camino, hace que todos quienes formamos parte de esta Pastoral, hayamos podido experimentar el Tabor del que Jesús nos habla en el Evangelio, exclamando juntos, al igual que los discípulos: qué bien se está aquí, armemos nuestras tiendas. Esto lo anhelamos no sólo para nosotros, sino también para nuestros hijos y todos los que aún no se sienten plenamente invitados a instalar sus tiendas en la Iglesia.

Desde este lugar es que valoro el tono pastoral de la Exhortación, y me alegro que la clave de lectura de la misma sea el amor. Veo al Papa consecuente con lo que nos ha ido mostrando desde que asumió como obispo de Roma, de querer ser un obispo con olor a ovejas, que ha salido e invitado a la Iglesia a buscar a todos sin excepción, sin discriminación de ningún tipo. Su invitación a que seamos una Iglesia que sirva como hospital de campaña, derrochando misericordia y en actitud de escucha, nos recuerda una y otra vez que nuestra fe debe ser callejera, que Jesús sale con nosotros y debe ir al encuentro del otro. Esta imagen es la que a muchos de nosotros nos ha re-encantado y reafirmado en nuestras esperanzas.

Todo esto ha sido y es nuevo aire para la Iglesia, y a través de Francisco hemos sentido y reconocido el soplo del Espíritu como un grito de auxilio para recuperar el camino que la Iglesia había descuidado. El Papa ha estado dialogando constantemente con la sociedad y ha sido también autocrítico de su actuar y el de sus compañeros sacerdotes, invitándolos a ser humildes y cercanos, a reconocer que también han sido responsables de las maneras con que han presentado nuestras convicciones y creencias como Iglesia, especialmente en materias vinculadas con nuestra sexualidad y vida afectiva. Valoro enormemente que se restituya a la persona como centro de la acción pastoral, y que parte de su labor como pastores sea formar y acompañar nuestras conciencias, en ningún caso sustituirlas. “Porque la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”(AL, N° 310).

Los Desafíos

Es en este sentir que no puedo quedarme sólo en la complacencia de la novedad que nos muestra el Papa en su tono y enfoque pastoral. Todavía la Iglesia queda en deuda y también el papa Francisco. No me detendré en todos los puntos de la Exhortación, pero sí me referiré al lenguaje utilizado para describir la realidad de nuestros hijos, y a lo que nos sucede como familias al conocer su homosexualidad. Si bien, valoro enormemente que no aparezca ninguna mención a las frases con que el Catecismo describe la sexualidad de nuestros hijos (comportamientos intrínsecamente desordenados), me preocupa constatar que para la Iglesia nuestra situación como familias siga siendo comprendida como una situación problemática e irregular. Como si tener un hijo gay o una hija lesbiana fuera siempre motivo de pena y dolor, una carga de la cual tenemos que sentirnos culpables. Agradezco que se considere nuestra realidad, por años omitida, pero creo que la aproximación debiera partir siempre desde lo positivo, no asumiendo de entrada que lo que vivimos es, per se, una situación compleja

Nuestros hijos e hijas NO tienen tendencias homosexuales, tampoco se vuelven homosexuales o están en una fase homosexual de su desarrollo. Ellos SON homosexuales, esa es su naturaleza, regalada y querida por Dios. No puede ser otra cosa. La palabra tendencias me habla de algo que se puede sacar o cambiar a fuerza de voluntad y capricho.

Explícitamente, la Exhortación se refiere a nuestra realidad en el artículo 250, dentro del capítulo sobre Algunas situaciones difíciles. Y lo hace describiendo la situación de las familias “que viven la experiencia de tener en su seno a personas con tendencias homosexuales” (AL, N° 250). Más allá de los problemas de traducción[3] entre las distintas versiones de Amoris Laetitia, el texto se expresa de manera incorrecta e inaceptable para mí. Nuestros hijos e hijas NO tienen tendencias homosexuales, tampoco se vuelven homosexuales o están en una fase homosexual de su desarrollo. Ellos SON homosexuales, esa es su naturaleza, regalada y querida por Dios. No puede ser otra cosa. La palabra tendencias me habla de algo que se puede sacar o cambiar a fuerza de voluntad y capricho. Es la trampa en la que caemos muchos papás y mamás cuando preferimos no creerles a nuestros hijos, y los mandamos a terapias para que cambien y corrijan sus tendencias. No es lo que veo en mi hijo, sus amigos y amigas; no es la forma en que me refiero a los heterosexuales. No entiendo por qué insistir con ese lenguaje.

Quizás en esa insistencia se esconde la dificultad de la Iglesia de ajustar su doctrina a la realidad de las personas LGBTI. No reconocer la homosexualidad como otra expresión de la sexualidad humana, sólo nos mantiene en el mismo estado de invisibilidad que la Iglesia ha mantenido a lo largo de la historia, y no da luces de querer ser esa Iglesia profética que hace lío y se indigna con las injusticias, la violencia y el maltrato.

Tal como dijo Pedro Labrín sj. en una entrevista radial, no es necesario que cambie la doctrina para que la Iglesia erradique y condene todo tipo de prácticas discriminatorias, injustas y violentas hacia las personas LGBTI. Cuando entendamos que el lenguaje también hace daño, y mucho, comprenderemos por qué muchos de nosotros seguimos considerando ofensivo que se reduzca la experiencia de nuestros hijos a un mero conjunto de tendencias. Esto mismo hace que la Iglesia siga mirando con recelo y sentido de amenaza cualquier iniciativa que reconozca el derecho universal al amor y el cuidado entre personas del mismo sexo. Yo deseo que mi hijo sea feliz. Si su vocación es al amor, y por su propia naturaleza ese amor es con una persona de su mismo sexo, lo voy a apoyar y voy a luchar por su felicidad y por la de muchos más. Porque la felicidad de mis hijos, la deseo para todos por igual.

La lógica de la misericordia pastoral que nos propone el Papa es para todos. “A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios” (AL, N° 311), y para que podamos ser esa Iglesia acogedora que derrocha misericordia, la casa paterna donde hay lugar para todos, debemos avanzar todos juntos

Más adelante, en el capítulo octavo de Amoris Laetitia, el Papa nos habla de la Pastoral de Acompañamiento y señala que “los presbíteros tienen la tarea de acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento de acuerdo a la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del Obispo” (AL, N° 300). Yo me pregunto: ¿quién y cómo se acompaña a los presbíteros, para que también ellos puedan hacer este itinerario de acompañamiento y de discernimiento? Porque todos quienes somos Iglesia, laicos, religiosas y presbíteros estamos llamados a realizar este itinerario.

La lógica de la misericordia pastoral que nos propone el Papa es para todos. “A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios” (AL, N° 311), y para que podamos ser esa Iglesia acogedora que derrocha misericordia, la casa paterna donde hay lugar para todos, debemos avanzar todos juntos. El mundo homosexual también espera y está necesitado de la comprensión, perdón e inclusión plena, para seguir creciendo y participando de la Iglesia. Nadie debiera verse obligado a elegir entre su fe y su sexualidad. La Iglesia debiese favorecer los procesos, no entorpecerlos, ni menos contribuir a que la vida sea un problema.

Como laicos que somos, debemos confiar en nuestras autoridades eclesiásticas y esperar de ellas el modo como se va a bajar este documento. Dios nos sigue conduciendo en la Iglesia, a pesar de todas nuestras fragilidades. La Padis+ es uno de los medios que Dios le ha regalado a la Iglesia. Así como nosotros, hay muchos más trabajando por una sociedad más justa, respetuosa e inclusiva. Ojalá que el clero chileno y la sociedad en su conjunto podamos trabajar unidos y de manera colaborativa, para que ninguna persona se sienta hijo de segunda clase.

Que este tiempo de Pentecostés nos permita salir de nuestros encierros y reconocer la vida que hay afuera de nuestros círculos. Que el espíritu de discernimiento se nos regale y sople fuerte en medio nuestro, especialmente entre quienes tendrán la responsabilidad de bajar la Exhortación y hacer de La Alegría del Amor una experiencia que toque a todos por igual.

[1] Sigla que identifica a las personas lesbianas, gay, bisexuales, transexuales e intersex
[2] Para conocer más acerca de lo que hacemos en la Padis+, les recomiendo leer este reportaje de la Revista Viernes: “Papás por la Diversidad Sexual” link
[3] Al respecto, les recomiendo leer la declaración de la “Red Global de Católicos Arcoiris” de la cual Padis+ forma parte: link

Integrante Grupo de Padres de la Pastoral de la Diversidad Sexual (Padis+)

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