La Argentina, entre coimas y deserciones

Tras las últimas noticias que llegaron sobre Argentina, podemos confirmar el hecho sintomático que se repite una y otra vez en mi país, a saber, el acto de robar. No es difícil adivinar cómo esa acción repercute comunitariamente, generando caminos de esterilidad y muerte. De ahí que, volver reflexivamente al punto crítico de esa acción, allí donde la elección se consuma y produce el yerro, se torna entonces para todo argentino -sea que esté dentro o fuera del país- una imperiosa necesidad. Pues, sólo en ese paso atrás del examen reside la dilucidación de aquella alternativa de salud y fecundidad que una y otra vez dejamos de lado. Volvamos entonces a ese punto de la encrucijada: ¿qué sucede cuando sucede el robo? ¿Por qué en general los argentinos robamos? Y con ello, ¿qué acciones diferentes de vida acaso puedan inscribirse en ese punto de elección?

En resumen, si miramos con atención el momento en que acontece el robo, podemos pensar que en esa instancia reside también la posibilidad distinta de acometer un paso de avance y maduración. Dicho paso requiere cierta capacidad para soltar y destruir aquella representación de futuro controlado –renunciando así al placer de sentirse omnipotente-, y, de modo más positivo, la valentía de abrirse a la zona desierta de nuestras fragilidades, de cuya necesidad brota únicamente la riqueza afectiva del mutuo compartir.

En mi opinión, robar significa un querer asegurarse para sí y los suyos un futuro de placer, honor y poder. No hay clases sociales ni grupos que estén inmunizados contra esta fantástica tentación: ¿acaso no hay osadía más grande que la de un mortal controlando y dándose a sí mismo el futuro que quiere? El robo pone en obra este movimiento y trae consigo la gratificación de sentirse omnipotente, capaz de darse a sí el futuro que quiere según su propia medida. Pero este goce es parasitario y no engendra sino peste a su alrededor. Lo que termina de sacrificarse en ello no es otra cosa que la propia humanidad, cuya nota de finitud, no dueña del tiempo, es la condición para una relación adecuada con las cosas y con los otros.

Pero en el punto en que esta opción del robo emerge como posible, también otra posibilidad contraria se levanta con su promesa de vida y futuro abierto. Tal como viene inscrita en el símbolo del Martín Fierro, el gaucho acomete la deserción y abraza el desierto. Es decir, deja el placer de lo seguro, el honor europeo-civilizado y la omnipotencia para tomar el camino hacia la pampa, donde encontrará los recursos y los símbolos para el sacrificio de la amistad y de la paternidad. En esa deserción hay un soltar y destruir explícitos las solemnidades de esos futuros representados. Con esa deconstrucción, el futuro abierto y siempre insospechado adviene como un regalo que se recibe y se vive con otros. Trae consigo la gratificación de una novedad abierta y compartida, en nada controlada unilateralmente, sino sobre-determinada por la participación múltiple de los encuentros libres y siempre inéditos.

En resumen, si miramos con atención el momento en que acontece el robo, podemos pensar que en esa instancia reside también la posibilidad distinta de acometer un paso de avance y maduración. Dicho paso requiere cierta capacidad para soltar y destruir aquella representación de futuro controlado –renunciando así al placer de sentirse omnipotente-, y, de modo más positivo, la valentía de abrirse a la zona desierta de nuestras fragilidades, de cuya necesidad brota únicamente la riqueza afectiva del mutuo compartir. Para dicha destrucción de futuros solemnes y asunción del propio desierto, contamos con la ayuda de cuántas relaciones (familiares, religiosas, sociales y políticas) nos acompañen en dicho tránsito difícil, ofreciéndonos la escucha de aquello que padecemos junto con las referencias simbólicas pertinentes para la aclaración tanto de la crisis como de los caminos que en ella se abren.

Jesuita argentino. Estudia Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile y forma parte del equipo de Vocaciones Jesuitas.

Sus columnas en TAbierto

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.