La carretera de la discordia

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La construcción de una carretera que facilite la mayor integración del país nuevamente se convierte en un tema de discordia. Los indígenas apoyan la construcción de la autopista, sin embargo, el desacuerdo está en si están o no de acuerdo en que ésta atraviese en medio del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).

Esta reserva ecológica, situada al norte de Bolivia, es frontera de dos departamentos -Cochabamba y Beni-, y constituye una de las principales fuentes para la oxigenación del territorio.

Muchas comunidades indígenas viven allí. Ellas manifiestan ser parte esencial del parque, pues tienen una conexión íntima con la naturaleza: así como ellos la cuidan, esta tierra también los cuida y les da lo necesario para vivir. Sin embargo, otro grupo manifiesta que, por estar en medio del parque, muchas comodidades, como las postas de salud y el transporte, no están a su alcance, afectando negativamente su modo de vida.

El tema adquirió relevancia nacional con la gran marcha indígena que se llevó a cabo el año pasado, cuando grupos que rechazaban la construcción de la carretera comenzaron una caminata de protesta hacia la sede de gobierno. El 15 de agosto de 2011 iniciaron la marcha desde el departamento del Beni hacia el departamento de La Paz. Tuvieron gran apoyo de los bolivianos, quienes colaboraron con víveres, ropa y medicamentos. Sin embargo, el gobierno actual no apoyó el movimiento, negándose a entrar en diálogo: Evo Morales no desistió de su posición de construir esta carretera.

La marcha fue intervenida por la policía el 25 de septiembre; los indígenas marchistas fueron brutalmente golpeados, sin distinción de género, pero aun así continuaron caminando. Una vez llegados a la ciudad de La Paz, fueron recibidos con grandes aplausos por sus habitantes y por delegaciones de varios de los departamentos de Bolivia. Hubo gran apoyo de la gente, mas no del gobierno. Se promulgó, sin embargo, la Ley 180, que declara al TIPNIS (el parque en cuestión) como zona intangible, y la prohibición de que la carretera  Villa Tunari – San Ignacio de Moxos atravesase el  Territorio Indígena y el Parque Nacional, estipulando, además, el respeto de la naturaleza jurídica del parque.

Los indígenas que sí deseaban la construcción de la carretera realizaron una contramarcha, exigiendo la anulación de la ley que los anteriores marchistas habían conseguido para que no se construyera la carretera por el parque. Pidieron ser escuchados, pese a que no contaban con el apoyo de la gente. Sin embargo, esta vez el Gobierno sí escuchó, pues los grupos indígenas afines al Ejecutivo los apoyaron y recibieron. Por otro lado, el Ejecutivo no puso impedimentos a esta marcha, alojándolos en un coliseo e, incluso, proveyéndoles de comida.

Después de varios meses, ahora el tema renace. El gobierno de Evo Morales insiste en que para que haya desarrollo en el país se tiene que construir la carretera. Dejó de lado el discurso de la defensa de la madre tierra para acuñar el del desarrollo para una mejor vida. Algunos analistas y la gente de a pie comentan por las calles que este empeño en la construcción de dicha carretera se debe a que así se podrá incrementar el cultivo de coca, con el consecuente aumento en la producción de droga en el país. Se hace evidente el cambio de un discurso de protección del medio ambiente por otro en pro del supuesto desarrollo.

El tema fue retomado por el Gobierno al plantear la posibilidad de realizar un referéndum de consulta a los pueblos indígenas habitantes del parque, para saber cuál es la opinión mayoritaria, y de esa manera poder anular la ley 180 que permitiría la construcción de la carretera. Los indígenas que rechazan la autopista se oponen a tal cometido, puesto que se teme la intromisión de otros sectores afines al Gobierno que manipularían los resultados en favor de su construcción.

El Gobierno ha manifestado que el dinero que se tenía presupuestado para la construcción de esta obra de conexión se perderá. Mientras tanto, los indígenas que marcharon en rechazo de la construcción están nuevamente en camino hacia la sede de Gobierno para impedir que se siga insistiendo en la realización de este proyecto vial. Su ofensiva responde, señalan, a las acciones del gobierno de Evo Morales, quien pasó por las distintas comunidades indígenas regalando todo tipo de objetos, con el fin de manipular a estos pueblos y levantar nuevamente el discurso de mejoras en la región si se construye esta autopista.

La novena marcha que ahora se desarrolla ha perdido fuerza por la poca participación de algunos sectores indígenas que apoyaron la anterior marcha. La estrategia del Gobierno “divide y vencerás”, parece estar siendo exitosa.

Además, el Gobierno ha atacado a la oposición, acusándola de ser la instigadora de esta marcha, menospreciando, de paso, a los indígenas, como si éstos no pudiesen organizarse por sí solos. No se puede imponer a los pueblos indígenas un modus vivendi distinto al que están acostumbrados, manipulando, para así dañar, confrontar a los indígenas y, sobre todo, a todos los bolivianos.

Es importante el desarrollo, ¿pero a nombre de qué desarrollo podemos destruir el medio ambiente y el hábitat de muchas personas? ¿Qué pasó con el discurso de defensa de la madre tierra? ¿No se iba a respetar a los pueblos indígenas en su manera de vivir?

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