La elite tiene miedo

votaciones2El español León Felipe escribía:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos (…).

Los versos del poeta me hacen recordar Chile, especialmente estos días, cuando estamos ad portas de una nueva elección presidencial y nuestra elite se duerme con los cuentos que su miedo le susurra al oído.

La desigualdad intrínseca de nuestro modelo de desarrollo trae consigo muchas consecuencias. Dejando de lado las más evidentes, largamente expuestas por sociólogos, políticos y opinólogos, hay una en particular que me parece interesante abordar.  Y es que tanto privilegio concentrado en unos pocos trae consigo un hermano bastardo: el miedo. ¿O no impresiona acaso el nivel de resistencia a cualquier cambio? Desde una AC en la papeleta (Asamblea Constituyente), pasando por educación, salud, pensiones, impuestos, trabajo, hasta el tipo de familia que, con implícita soberbia, atrevemos a calificar como válida.

Tal vez podemos aferrarnos a estas preguntas, conversarlas, compartirlas y ofrecerlas al diálogo con otros, pero no sólo con aquellos que viven en esas casitas con reja y antejardín, sino que con todos. Asumir el miedo, y fortalecer de esta manera la reflexión y el debate público.

Nada debe cambiar. ¿Por qué habría de hacerlo, si todo funciona en la vida de los míos? Es otro ejemplo de cómo esta elite, de la cual también soy parte, comprende el mundo desde un sitial privilegiado, haciéndose incapaz de entender la vida de  esos otros que no nacieron de este lado del río. Otro ejemplo del recelo con que percibe que sus logros son menos suyos de lo que quisiera; otro ejemplo de la tibieza ante la posibilidad de un camino distinto. En definitiva,  otro ejemplo del miedo de los poderosos convertido en la mano que les mece la cuna.

Los hijos de la elite, aunque algo más atrevidos, también vivimos con miedo. Hay demasiado que perder. Un paso en falso y podríamos terminar como “ellos”. Mantenemos el control: vidas seguras, profesiones seguras, carreras seguras, familias seguras, barrios seguros… estadios seguros. Ya lo intuyó George Orwell con su Gran Hermano. El miedo siempre se disfraza de cuentos que adormecen e inmovilizan: seguridad, orden o tranquilidad; desarrollo profesional o preparación para el futuro. Y el peor de todos: el cuento de la normalidad. El costo, sea cual sea el cuento, es, nada más y nada menos, que nuestra libertad.

No sé por quién votar. Tampoco tengo claro qué propuestas son las mejores para todos, ni cuáles son los cuentos. Dudo constantemente de las verdaderas razones de mis elecciones. Soy un hijo de la elite. Y mirando algunas fotos del pasado, me pregunto si acaso la adultez trae consigo una cuota de cinismo. Quiero pensar que ése es sólo otro de los cuentos.

Ante la imponente presencia de nuestra propia inseguridad, ¿qué nos queda a los hijos de la elite? Tal vez podemos aferrarnos a estas preguntas, conversarlas, compartirlas y ofrecerlas al diálogo con otros, pero no sólo con aquellos que viven en esas casitas con reja y antejardín, sino que con todos. Asumir el miedo, y fortalecer de esta manera la reflexión y el debate público. Constituirlas en experiencia común, y preguntarnos si vale la pena vivir un país, una vida, de la mano de una elite asustada.

¿Qué nos queda entonces? El propio León Felipe ofrecía, quizás en un acto reivindicatorio, algo similar a una respuesta:

Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco, 

soy nuevo en la ciudad… y esto quiere decir:

Me durmieron con un cuento…

Y me he despertado con un sueño.

Los  cuentos siempre vienen desde fuera, imponiendo una realidad con esa extraña sensación ajena. Los sueños, por el contrario, nacen en el fuero interno, mueven los límites de lo posible, y movilizan al ser compartidos. Mi voto, entonces, será al primer candidato que venga a contarme un sueño.

Chileno. Abogado UC. Ex Director de la Escuela Sindical de Infocap. Profesor ayudante de Derecho Penal. Trabaja actualmente como abogado en litigios.

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