La invisibilidad de lo esencial

(cc) concerta2.com

Durante estas últimas semanas los grupos sociales y estudiantiles organizados han llevado a movilizar a todo un país, haciendo que cobre cada vez más sentido el problema sobre  la de la educación y su gratuidad. Se han organizado desde marchas masivas, conciertos, paros y tomas de establecimientos educacionales hasta huelgas de hambre. El malestar ha sido tan notorio que nos ha permitido tomar conciencia y reafirmar como sociedad el derecho a una educación gratuita y de calidad. Urgía despertar y salir del conformismo y dejar atrás los típicos “es lo que nos toca”, “nada es gratis en la vida”, “ Pa’ que te esfuerzas tanto, si con suerte aprenderá a leer”, “yo lo más bien que tuve que pagar… que ellos paguen igual”, u “otra vez estos subversivos”.

La sociedad chilena está dispuesta a manifestarse y a luchar por lo que cree justo. Ya no quiere recibir las migajas de la infinitamente mencionada “educación de calidad”, sino que quiere ser partícipe directa de los cambios que tiene que hacer el país en beneficio de sus hijos o de las futuras generaciones. Sin embargo, existen muchos temas esenciales que en las acaloradas discusiones de hoy parecen invisibles. Temas que es necesario visibilizar para cumplir nuestro sueño de país.

La sociedad pareciera no notar el hecho de que hoy ejercemos nuestro derecho a manifestarnos sin importar que nos traten de indisciplinados, y sin distinción de clases sociales, credos o color político. Con líderes educacionales y sociales aprobados -o no- por el gobierno, con edad -o no- para opinar sobre políticas educativas, según los expertos. Pareciera que no vemos que la llamada “organización ciudadana” de estos últimos días ha dado claros ejemplos de unidad, creatividad y generosidad en la tarea por acortar las brechas de desigualdad social y educacional en el país. Basta con observar cómo marchan secundarios de colegios particulares pagados junto a secundarios de escuelas municipalizadas. Ejemplo de solidaridad y conciencia social.

Al analizar  la cobertura de los medios de comunicación, pareciera que predominaran los actos vandálicos por sobre la capacidad de organización social civilizada, y la tranquilidad con la que la ciudadanía, en general, se ha unido en las marchas en estos días.

Mirando a los temas propiamente educacionales, parece invisible la necesidad de empaparse del ejercicio docente, yendo más allá de la promulgación y propuesta de reformas educativas desde un escritorio, hacia un análisis que arranque desde la realidad misma de las diferentes escuelas, liceos y universidades del país. Es necesario encariñarse con el “ser profe”, y disponer el corazón a todo lo que esto significa.

También parece invisible la enorme diversidad que encontramos en las salas de clases y las infinitas responsabilidades que se le han otorgado al profesor básico y medio en estos últimos años; aspectos que antes eran responsabilidad de la familia, y que hoy parecieran ser parte inherente de la labor docente. Si creyéramos que sólo basta con la gratuidad de la educación para que exista equidad y calidad, estamos equivocados. No nos puede ser invisible la urgencia de comprometer a las familias, no sólo en los procesos sociales o en las manifestaciones en bien de la educación; sino también en el quehacer cotidiano de los procesos educativos de sus hijos.

¿Se ha planteado -por otra parte- la necesidad de reducir el número de alumnos por sala, sabiendo que con 45 estudiantes en el aula se hace más complejo el ejercicio docente? Está comprobado que mientras más personalizada sea la educación, más óptimos serán los resultados, considerando sobre todo la diversidad de necesidades que tienes hoy los estudiantes de nuestro país.

Es necesario también darnos cuenta de que la calidad en la educación no se fundamenta solamente con obtener mejoras en la prueba SIMCE y PSU, o por medio de la creación de los emblemáticos liceos de calidad; sino también en la capacidad de formar niños(as) y jóvenes solidarios, íntegros, capaces de desenvolverse en los medios que los rodeen, responsables y con conciencia social, a pesar de las diferencias y desventajas con las cuales nos enfrentamos.

Es urgente que lo que hoy sucede en el país nos permita ofrecer una mirada esperanzadora hacia los que poseen menos, ayudándoles a sentir que pueden ser mejores, a pesar de sus limitantes sociales y culturales. Más allá de estigmatizar con colores la capacidad de aprendizaje (en las  últimas evaluaciones del SIMCE  se clasificó por colores el nivel de cada escuela o colegio en los resultados de la prueba, produciendo estigmatización y descalificación, sobre todo en los sectores más vulnerables) o de esperar una carrera universitaria para todos los estudiantes chilenos.

A veces parece simplemente invisible suponer que una educación de calidad y equidad la construimos todos. Es imprescindible confiar en que esto se puede lograr, a pesar de las dificultades que se nos presenten día a día.

Observo con ilusión y esperanza todo este proceso, siendo parte de él desde una mirada como educadora y formadora. Y espero en Dios, que en un futuro no muy lejano, podamos compartir la alegría de lo que hoy por hoy es tan soñado.

* Oriana es profesora básica y de educación ambiental, y actualmente colabora en el equipo de formación de la parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

Sus columnas en TAbierto

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.