La oportunidad del resucitado

Estamos comenzando Pascua, el tiempo de la vida nueva que se nos regala con la Resurrección. Se nos cuenta que a María Magdalena la invade un sentimiento de frustración y desconcierto cuando llega al sepulcro: “Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Con el trajín noticioso de las últimas semanas esa vida nueva que nos trae la Resurrección puede volverse difusa y lejana. “Se han llevado al Señor” cuando los políticos se han aprovechado de sus roles, cuando los empresarios han lucrado con el dinero de otros, cuando las autoridades eclesiásticas no han escuchado las palabras de la gente. A eso se suma la situación del norte de Chile, de personas que han perdido todo a causa de las lluvias, y en el sur, los incendios forestales que han destruido bosques milenarios.

Jesús no se conformó con aprenderse los mandamientos de memoria y repetirlos al pie de la letra. Al contrario, supo hacerse preguntas contundentes y cuestionar la realidad con los pies puestos en la tierra. Vivió en carne propia el fracaso, la confusión y el desconcierto. Eso fue lo que hizo que lo mataran. Eso fue lo que hizo que resucitara.

En tiempos como estos tendemos a quedarnos pegados en lo que no se hizo bien, a cuestionar las decisiones mal tomadas, los silencios intencionados, y la rabia y la pena que experimentamos. Sin embargo, como cristianos, la muerte y la resurrección de Jesús nos deberían impulsar a ir más allá.

Jesús fue un judío marginal que se atrevió a jugar fuera de la cancha. Se atrevió a experimentar la tensión de estar en la frontera. Y de esa forma su mensaje pudo llegar al mundo entero. Eso fue lo que hizo que muchos lo siguieran dejándolo todo. No se conformó con aprenderse los mandamientos de memoria y repetirlos al pie de la letra. Al contrario, supo hacerse preguntas contundentes y cuestionar la realidad con los pies puestos en la tierra. Vivió en carne propia el fracaso, la confusión y el desconcierto. Eso fue lo que hizo que lo mataran. Eso fue lo que hizo que resucitara.

El tiempo pascual puede ser un tiempo privilegiado para renovar nuestro compromiso con Jesús, con la Iglesia y con el mundo, con los que están más lejos y más cerca, con quienes compartimos la vida todos los días.

La resurrección nos regala la oportunidad de volver a elegir aquello que le da sentido a nuestra vida. No es sano quedarnos pegados en el pasado. Debemos enfrentar el presente con radicalidad y asumir el futuro con esperanza, sabiendo que a la vuelta de la esquina hay gente que sigue necesitando de nosotros. Hay políticos que siguen buscando la justicia, hay empresarios que siguen ayudando a los que tienen menos, y hay religiosos y religiosas que siguen escuchando y acompañando a la gente.

Si creemos en la Resurrección tenemos que ir más allá. No podemos quedarnos en lamentaciones que nos estancan y quitan libertad. Tenemos que sentirnos desafiados a dar lo mejor de nosotros. En tiempos difíciles ésa puede ser nuestra mejor denuncia frente al desamparo, a la falta de diálogo y la injusticia. En eso, nuestros hermanos del norte nos están dando ejemplo. Si somos capaces de hacerlo sabremos dónde está el Señor.

Chileno. Estudiante jesuita, licenciado en Filosofía por la Universidad del Salvador, San Miguel, Buenos Aires, Argentina. Redactor de Rezando voy. Actualmente realiza su etapa de magisterio en el Colegio San Mateo, en Osorno.

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