La religión no es (solo) un humanismo

Una metamorfosis se viene dando desde los inicios de nuestra era moderna: la transformación de los valores procedentes de ambientes religiosos en valores humanistas. Casi se podría asegurar que cualquier valor moderno -como libertad, justicia, igualdad o tolerancia- encuentra su génesis en algún valor de carácter religioso, y en el caso de Occidente, en el cristianismo.

Poco a poco la ciencia y la filosofía fueron emancipándose de la tutela de la teología y la religión, y el resto de los ámbitos sociales también pasaron por este mismo proceso de dejar a un lado cualquier rezago religioso. A este proceso se le puede llamar “secularización” o “desmitificación”, es decir, dejar a un lado lo “mítico”, que en estos ambientes suele tener una connotación de arcaico.

Se consideraba lo religioso como un estadio primitivo que necesitaba ser superado, aunque en la actualidad aún quedan vestigios, como en Estados Unidos, supuestamente el país más moderno, en donde se sigue jurando sobre la Biblia. El proceso de desmitificación, cuando mucho, lo que hizo fue quitarle el discurso puramente religioso a ciertos valores e ideas, al fundarlos no en un Dios sino en la pura razón. Al final, no es que hayamos abandonado los valores religiosos, sino que hubo un cambio en su supuesto fundamento.

Lo anterior me hizo reflexionar en una frase del autor cristiano Alessandro Pronzato: “El cristianismo no puede agotarse en humanismo”. Y no lo abordaré solo desde el cristianismo, sino como un fenómeno religioso.

Por Humanismo entiendo al término con el que se le ha denominado a esta serie de valores desmitificados. El humanista consideraba la liberación y el bienestar del ser humano un bien supremo. Claro que hay infinidad de humanismos. Se puede ser humanista y cristiano, musulmán o budista. Sin embargo, y esto es interesante, por más que los valores humanistas sean en el fondo valores religiosos desmitificados, se puede ser humanista sin necesidad de profesar una fe religiosa. Una victoria para la modernidad.

La desmitificación moderna ha llegado incluso a las propias religiones, específicamente al cristianismo, haciéndole tomar un giro humanista que nos ha hecho olvidar algo fundamental: nuestra relación con Dios. Así, hemos transformado nuestro cristianismo en una especie de activismo social.

Pero, si humanista y religioso están de cierto modo profesando valores aparentemente similares, ¿no estaríamos hablando casi de lo mismo? ¿Dónde radica la diferencia? Ya lo mencionaba antes, y tiene que ver con el fundamento: en el humanismo los valores se cimientan en lo racional y en lo humano como tal, mientras que en la religión los valores vienen por mandato divino, por tradición espiritual o por experiencia de fe.

Hoy en día, mientras en cierta medida el camino religioso pierde un poco de su seducción –digo sólo en cierta medida, pues realmente las religiones y los distintos caminos espirituales no están desapareciendo, como quiso o pensó la modernidad, sino que parecen más bien acentuarse-, más y más personas optan por la vida ética a través del humanismo. Incluso las religiones, hablando específicamente del cristianismo, han tomado algo así como un giro humanista. Es decir, los discursos religiosos van ubicando los valores humanistas más y más en el centro.

La lucha social, la liberación de los pueblos, el bienestar, la justicia, son conceptos cada vez más centrales en los discursos religiosos y, de este modo, se van articulando con otros grupos sociales no-religiosos pero que comparten visión política o social.

La desmitificación moderna ha llegado incluso a las propias religiones, específicamente al cristianismo, haciéndole tomar un giro humanista que nos ha hecho olvidar algo fundamental. Sabiendo que la religión es la relación con una Realidad Última –llamada Dios por muchas tradiciones-, el giro humanista nos hace olvidarnos de este Dios, este Misterio, transformando nuestro cristianismo nada más que en una especie de activismo social.

Con esto último no estoy menospreciando la opción del activismo humanista o laico. Tampoco pienso que el compromiso ético sea inferior al religioso ni viceversa. Hoy en día está muy superada la idea de que se necesita ser religioso para ser ético, el ateísmo de hombres y mujeres comprometidos por la justicia social es claro ejemplo de ello.  Simplemente, y en aras a la diversidad que implica el mutuo respeto y reconocimiento de lo que cada quién es, señalo y sostengo que, por lo menos en mi experiencia, una cosa es una opción ética humanista y otra una opción religiosa. Pueden convivir entre sí, pero no son lo mismo.

Expresándome principalmente como intento de creyente, lo que quiero decir junto con Pronzato, es que en tanto que creyentes no debemos de olvidar el sustento y fundamento de lo religioso: la relación con el Misterio. Nuestra vida espiritual corre el riesgo de agotarse en humanismo y perder así su carácter de religión.

Hemos, por lo tanto, recordar que nuestro ser religioso (o espiritual) no se agota en un activismo social o compromiso político, sino que tiene como fuente -y como centro- la experiencia de relación con el Misterio; experiencia que posibilita, fundamenta y dinamiza nuestras posibles acciones sociales, las cuales, divorciadas de esta experiencia espiritual, son humanismo y no religión.

¿Cuáles serían las características de este actuar desde nuestra relación con el Misterio? Este tema da para largo, por lo que me limitaría a decir que la acción social que procede y se nutre de la experiencia espiritual se mueve bajo la lógica de un proyecto distinto. Ya no es el proyecto de nuestras propias fuerzas sino que es un dinamismo comunitario en donde ese Alguien –Jesucristo para los cristianos- se mueve junto y con nosotros, haciendo posible esta transformación. Además, somos conscientes de que, al final, nosotros no somos los artífices del cambio, lo que nos libera del apego a los resultados tanto en su forma de vanagloria si tenemos éxito como de deshonra si fracasamos. Esto es porque creemos y estamos seguros de que el proyecto y el cambio es iniciativa de ese Alguien más.

Elías González Gómez. Mexicano. Estudió licenciatura en Filosofía y Ciencias Sociales en Guadalajara, México. Actualmente es estudiante del Máster en Mística y Ciencias Humanas en Ávila.

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