Del desaliento a la esperanza: Una ilustración de los Ejercicios de San Ignacio

Imagen:http://www.subdivx.com/

Un niño de seis años, inquieto y de mirada inocente, con toda una vida de posibilidades por delante, en medio de una conversación de adultos en la que no comprende absolutamente nada. Así comienza La tete haute (2015), película de Emmanuelle Bercot, sobre el joven Malony Ferrandot (Rod Paradot), adolescente que tendrá diversos problemas con la justicia debido a sus continuos delitos. Volviendo a las escenas iniciales, la película nos presenta al protagonista en la oficina de la jueza de menores Florence Blaque (Catherine Deneuve) debido a su inasistencia a la escuela. Junto a él está su madre, una joven de 25 años, inmadura, impaciente y que habla sólo con garabatos. Ese diálogo inicial es una manera de introducir al espectador en la infancia de Malony, chico que se desarrolla en un ambiente complejo y disfuncional, para así generar una relación de empatía y comprensión respecto de los futuros actos del protagonista. Nueve años después Malony es un caprichoso adolescente cargado de delitos.

La vida de Malony es un constante ir y venir a la oficina de la jueza Blaque. Un adolescente con dificultades para relacionarse, que parece sentir placer al no cumplir las reglas sociales. Conduce sin permiso, fuma, pelea con los demás, bebe alcohol, roba, agrede verbalmente, no estudia… en resumen, está totalmente dedicado a cultivar sus vicios. Los años siguen y él es arrestado, enviado a un Centro Educativo de Recuperación, y se le asigna un tutor con el objetivo de acompañarlo y ayudarlo a conseguir empleo y motivación en los estudios. Todas las oportunidades que la legislación le ofrece le son dadas al protagonista, sin embargo, Malony persiste en su actitud de rebeldía, demostrando continuamente desprecio a lo que se le ofrece. Pero, como a cualquier persona, existe algo que Malony valora en su vida: su familia.

Debido al vicio de su madre con las drogas, la justicia había enviado a un orfanato a su hermano menor, hasta que su madre encontrara un tratamiento para curar su adicción. Ante esta situación, Malony, en un momento de furia, rapta a su hermano del orfanato, roba un auto y provoca un accidente que coloca en riesgo la vida de su hermano. Malony es enviado a la cárcel para ser enjuiciado. Está acostumbrado a tomar malas decisiones en su vida, no piensa en las consecuencias de sus actos, que son muchas veces autodestructivos. Está encarcelado en sus propios vicios y deseos. Las actitudes inconsecuentes y los deseos desordenados impiden que Malony se percate de las personas que están a su alrededor y que desean ayudarlo: la jueza Blaque, su tutor Yann (Benoît Magimel), su polola Tess (Diane Rouxel), o la profesora del Centro de Recuperación.

Volviendo a la oficina de la jueza Blaque, Malony y ella están frente a frente, separados por una mesa que representa la autoridad de la jueza. Él está sentado delante de ella, pero con la cabeza hacia abajo, mostrando su desconfianza (en Blaque o en el sistema que ella representa). Él llora con desesperación, siente rabia y dolor… hay una lucha interna en el personaje. En este instante en que Blaque ve al joven expresar sus sentimientos, busca comprenderlo y le ofrece literalmente la mano. Malony tímidamente la extiende hacia la jueza; sus manos se encuentran, y ella le solicita que acepte la ayuda que los otros le quieren dar. Blaque no habla como jueza, como la representante del Estado, sino como una persona mayor que desea que el joven encuentre su camino con dignidad. La escena se desarrolla en la mitad de la película, pero no se trata de un momento de inflexión, en que Malony se convierta; por el contrario, él prosigue en sus delitos. El espectador puede perder entonces la esperanza en el protagonista, debido a la sucesión de infracciones que continúa cometiendo, Malony parece no hacer el esfuerzo por ser mejor, aprovechar las oportunidades que se le ofrecen, o reconocer la dedicación de Yann, su tutor. Al parecer, es alguien que no puede ser recuperado… quizá lo mejor es que Malony vaya a la cárcel.

La película de Bercot es una ilustración de un ejercicio de Primera Semana. Dios es como la jueza Blaque, paciente y siempre confiada en la persona; por eso no desiste en ofrecer una nueva oportunidad. Es quien extiende la mano, toca y conversa. A su vez, el ejercitante está en la condición de Malony, en una disputa interna entre sus equívocos y afectos desordenados.

Esta escena me hace reflexionar del modo como Dios debe sentirse delante de la humanidad de cada persona. De ahí que La tete haute contribuye a entender más la Primera Semana de los Ejercicios Espirituales (EE.EE.) (nn. 43-90) de San Ignacio: el actuar de Dios con cada ser humano. El resultado que se desea es que en la Primera Semana de los EE.EE el ejercitante logre la experiencia fundamental del cristiano, que, reconociéndose pecador, a la vez se sabe amado por un Dios que salva. Más que meditar el pecado, las sombras de nuestra historia de manera algo masoquista, lo que se busca es alcanzar, por medio de la memoria, el entendimiento y la voluntad, la consciencia del amor misericordioso de Dios. El conocimiento del propio pecado es la comprensión de su poder letal y de su cerrazón al proyecto divino. Pronto se entiende el segundo ejercicio espiritual: que lo principal no es el pecado, sino el rechazarlo, y, conscientes de nuestra condición pecadora, reconocer la gracia de la misericordia que conduce el ejercitante a un coloquio lleno de gratitud con Dios, a una nueva vida.

La película de Bercot es una ilustración de un ejercicio de Primera Semana. Dios es como la jueza Blaque, paciente y siempre confiada en la persona; por eso no desiste en ofrecer una nueva oportunidad. Es quien extiende la mano, toca y conversa. A su vez, el ejercitante está en la condición de Malony, en una disputa interna entre sus equívocos y afectos desordenados. El pecado encierra en uno mismo, conduciendo a un infierno personal y de desaliento. Muchas veces impide notar la presencia de un Dios que está con la mano extendida para ayudar a salir del desaliento y hacer que ahora estemos con La tete haute, con la cabeza en alto. Un Dios que no desiste, que está siempre presente, y no solamente como el personaje de la jueza, sino que también como el tutor, la polola u otros.

El final de la cinta no termina con la redención de Malony, pero muestra que hay esperanza en la vida de este joven que, ahora como padre, es responsable de una nueva vida. Ahora tiene la posibilidad de ser distinto a su madre. Ahora, como el Dios paciente, tiene una nueva oportunidad, una nueva esperanza, ante esta nueva vida.

Brasileño, estudiante de teología en la P. Universidad Católica de Chile; trabaja apostólicamente en la parroquia Jesús Obrero, de Estación Central.

Sus columnas en TAbierto

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.