¡Libres!, por Juan Diego Galaz, SJ. « en Territorio Abierto

¡Libres!

(cc) Norma Desmond

Brasil fue el último país en abolir la esclavitud (1888) y las comunidades de afroamericanos lo recuerdan con frecuencia. Acaso por eso se danza y se canta con tanta alegría para la Pascua: porque Dios es confiable, Dios es liberador. Algo semejante sucede con los miles de haitianos que están llegando para trabajar. Vienen dispuestos a muchas cosas, pero no toleran ser tratados como esclavos. Conscientes de su dignidad, no van a tranzarla por unos pocos pesos. Experimentan que Dios está de su lado y será propicio en su camino de personas libres.

Eso es lo que nos recuerda la Pascua, que somos llamados a ser libres y que nadie tiene la autoridad para impedirlo. La memoria del pueblo de Israel, que es también nuestra memoria, reconoce que su Dios -que también es nuestro Dios-, muestra su fidelidad liberándolo de la esclavitud a la que estaba sometido en Egipto. Y Dios no lo libera a su pueblo porque se lo “haya merecido” siendo bueno, santo o justo, sino simplemente porque es suyo. La libertad es un don que expresa la radical dignidad con la que Dios dota a su pueblo, a cada creatura. Es un don gratuito, que no se gana a fuerza de virtudes, disciplinas o sobornos. Dios, que no quiere a unos sometidos a los otros, se da a conocer a Sí mismo en el gesto de la liberación.

La misma experiencia adquiere su máxima expresión en Jesús de Nazaret. En él, como en ninguno, se cumple la plenitud de esta promesa.  A Jesús lo mataron, pero la muerte no tuvo la última palabra en su vida. Si la muerte no tiene poder, desaparece el último reducto de esclavitud, y ya no queda nada a qué temer. Eso es lo que creemos.

Recordarlo en Semana Santa, una semana cargada de nuestras contradicciones, demoras y miserias, es volver a reconocer nuestra libertad y decir que nada ni nadie tiene autoridad para amordazarla.

La experiencia de la resurrección, al igual que las comunidades de afroamericanos o de haitianos en Brasil, nos constituye como comunidad de testigos, y no como un club de personas que tienen que defender la misma teoría. El magisterio de nuestra Iglesia declara como principio irreductible, aunque no lo repitamos con frecuencia, la primacía de la conciencia ante la experiencia de Dios[1]; y nuestro camino de libertad más auténtica (y quizá a veces dolorosa) es actuar conforme a ella.

La libertad de la resurrección no es metafísica, en sentido de una contemplación vertical. Al contrario, la experiencia de la resurrección es aquí y ahora en la práctica del amor con alegría. Si no entramos en el ámbito de la resurrección con nuestra vida (en eso la resurrección es como el fútbol o la danza, para disfrutarla no se trata de aprenderla mecánicamente, sino de de seguirle el ritmo), el riesgo es quedarnos atemorizados en la frágil zona de los enigmas de la fe, perdiéndonos el gozo de entrar en la rica profundidad de su Misterio.

La experiencia de Dios precede a toda norma (no sólo en jerarquía, sino también en el tiempo) y reconstruimos permanentemente nuestras comunidades desde ella. La historia nos muestra que primero son los actos de fidelidad de las comunidades creyentes y después las normas que los reconocen como tales. Libres, volquemos nuestra alegría a la vida cotidiana, hacia los que sufren, a los excluidos, a las causas de los que reclaman justicia y dejemos que los que sospechan sean seducidos por el amor que se dona en nuestros actos. Como nos enseñan las comunidades afroamericanas, la libertad y la dignidad la recibimos como un regalo, pero está nosotros vivir conforme a ella.

* Juan Diego es chileno, jesuita, abogado de la Universidad de Chile, y actualmente estudia Teología en Belo Horizonte, Brasil.


[1] Cf. Rahner, Karl “Libertad y manipulación, en la sociedad y en la Iglesia”. Ed. DINOR, S. L., Pamplona, 1971. Aquí se trata con mucha claridad este tema. Es una lectura actual y sugerente.

Artículos relacionados

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.