Los caminos con corazón

Marzo_2013_OBerríos

cc: patagoniaelements.cl

Los progresos de la globalización y del desarrollo del país han impulsado una forma de vida que nos aleja del respeto y el cuidado del medio ambiente.

Nos hemos convertido en seres materialistas y poco espirituales, y nos mostramos indiferentes ante temáticas que tienen que ver con prácticas poco sustentables, o la aprobación de leyes que transgreden derechos humanos o la conservación de los recursos naturales y energéticos.

El consumismo y el desarrollo económico del país justifican todo. ¿Cómo pensar en no seguir creciendo económicamente? Eso dicen las encuestas. Sin embargo, olvidamos preguntarnos, ¿qué hay detrás de estos supuestos estándares?

Perdemos nuestro camino… nos enceguecemos, no logramos mirar desde lo fundamental y verdaderamente humano.

Poco sabemos de la explotación de litio en el norte del país y el abuso laboral que se comente contra quienes trabajan allí. Y es que eso no parece importante… ¡seremos los pioneros en la exportación de este recurso! Tampoco nos interesamos en conocer cómo los ríos -El Loa principalmente-, son contaminados a causa de las mineras que no respetan el cauce ecológico natural estipulado en la ley. Todo lo anterior, además, ha ido deteriorando la vida de los trabajadores y sus familias. Las comunidades son testigos de cómo los recursos agrícolas que les permitían subsistir han ido desapareciendo, a causa de la contaminación y de la sequía. Pero –nuevamente- eso no es importante… las minas son necesarias para que el país progrese.

A pesar de la lucha de algunos por evitar la instalación de hidroeléctricas en el sur del país, continúan construyéndose en lugares en que la riqueza natural, virgen a la mano del hombre, es imposible de reemplazar. Da igual, el progreso del país lo justifica todo… y nosotros justificamos esta política porque es lo que nos acomoda. Llamamos terroristas a los Mapuche sin mirar su historia; no somos capaces de entender su modo de vivir la vida y su conexión con la naturaleza. Nos quedamos simplemente con lo que vemos en los medios de comunicación, haciendo propias sus ideas y maneras de interpretar los hechos, sin detenernos a mirar. Y así, validamos el progreso económico por encima de la consideración por las culturas indígenas, que ya mucho nos han enseñado sobre el respeto a la vida y al medio ambiente. Nos cuesta mirar lo que ocurre. Recorremos caminos que nos llevan al individualismo y nos ayudan a maquillar nuestras vidas, conformándonos con lo que tenemos y vivimos. Continuamos siendo parte de esto, como si todo lo que conseguimos a costa de lo anterior lo valiera.

Si bien el desarrollo humano forma parte imprescindible de nuestras vidas y de la sociedad, tenemos que asumir que nuestras ideas de desarrollo humano son muy diversas. A pesar de aquello, como sociedad es necesario encontrar sentidos comunes, que ayuden a privilegiar el valor humano por sobre el valor económico, para el progreso de una sociedad más justa.

Desde tiempos de la conquista, nos han hecho creer que todo progreso viene acompañado de destrucción y no de cambios armónicos y sustentables.

La necesidad urgente de estar en sintonía con lo que el desarrollo humano y la globalización nos imponen, nos ha alejado de lo que importa verdaderamente. Parece que nos resulta más fácil acomodarnos a lo vivido cotidianamente. Resulta más fácil, y así pasamos el día a día maquillando nuestras vidas.

Pero hay algo que continúa siendo esencial para cualquier persona en nuestra sociedad globalizada: la verdadera necesidad vital de mantenernos en contacto con la propia esencia, a través de actividades que den sentido a nuestra existencia. Son precisamente estas actividades, las que constituyen el “camino con corazón”, las que favorecen nuestra evolución a la vez que nos permiten experimentar plenitud y bienestar, aun en medio de los inevitables problemas a los que la vida nos enfrenta.

Se hace necesario recorrer aquellos caminos que nos acercan a lo más propiamente humano, a lo verdaderamente importante. De esta manera podremos, en ciertas ocasiones, detenernos y mirar a nuestro alrededor. Solo así nos haremos conscientes de lo vivido, de lo compartido, de lo soñado… y contemplaremos a dónde nos llevan los caminos por los que circulamos.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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