Los hechos, hechos son

El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos ha colocado la deportación de los extranjeros como la pieza central de su programa político. Ha prometido un muro en la frontera sureña. Con tantas cosas importantes pendientes, la inmigración se ha vuelto el único asunto que resuena con sus seguidores. Es una campaña basada en el temor, no en los hechos. Este no es liderazgo responsable. Es el populismo de un demagogo.

La democracia depende de un pueblo electoral educado. El nuestro es un pueblo ignorante, al menos en el tema de la migración, y los candidatos se aprovechan. Eso es un peligro para la democracia. Pero la verdad está para quien la quiera percibir, y la verdad te hará libre.

Muchas de las creencias más comunes sobre la inmigración son falsas. Tal vez, parecen verdaderas. Además, la paranoia sensacionalista da a entender de que son necesarias, pero son falsas. La verdad no es popular, muchas veces. Eso explicaría por qué los demócratas tampoco han podido aclarar nada. Más aún, los periodistas tienen la función de desafiar las posturas retóricas vacías en el ámbito político. Pero se han rendido. Ellos también aceptan las generalizaciones mal concebidas sobre la inmigración como verdades obvias.

Se discute sobre el remedio, pero el error no está ahí. Está en el diagnóstico. Asumo el riesgo de ser otra voz que clama en el desierto, pero quiero invitar a los partidos políticos y, sobre todo, a los periodistas e investigadores, a comprobar los hechos.

Aquí presento algunos de los mitos más aceptados sobre la inmigración, y algunas pistas sobre lo que realmente está pasando[1]. Entiendo que algunos lectores van a quedar molestos.

  1. Mito número uno. Los inmigrantes cometen crímenes. La estadística muestra que la delincuencia entre los inmigrantes es significativamente menor que entre los ciudadanos norteamericanos naturales. La psicología tiene un nombre para este fenómeno. Se llama proyección. Culpamos a los de afuera por los males propios. El hecho es que los inmigrantes se comportan mejor que los nativos.
  2. Mito número dos. Los inmigrantes nos quitan el trabajo. Los inmigrantes mexicanos fueron invitados por el gobierno durante la Segunda Guerra Mundial para cubrir los servicios básicos abandonados por los soldados que se fueron a pelear contra los nazis. El papel del inmigrante en la economía norteamericana hoy es la continuación de ese mandato original. No es por la guerra, ahora. Es porque los norteamericanos tienen pocos hijos. Si algún gobierno lograra deportar a los once millones de trabajadores indocumentados actualmente empleados en los Estados Unidos, habría una gran escasez en la mano de obra. Algunos hablan de colapso económico. La agricultura, la construcción y los servicios de limpieza son algunas de las áreas que dependen casi exclusivamente de la mano de obra inmigrante.
  3. Mito número tres. Un camino a la ciudadanía. Incluso aquéllos que más apoyan la causa de los inmigrantes suelen creer que todo aquel que llega a Estados Unidos quiere convertirse en ciudadano. Era la tradición cuando llegaron los irlandeses y los italianos por barco, un siglo atrás, sin esperanza de volver a su tierra. Para los trabajadores mexicanos y centro-americanos actuales, la cosa es diferente. Hasta 1980, volvían todos los años a pasar la Navidad con sus familias. Mantenían sus raíces en la tierra natal. Ahora, no van, porque al volver, les disparan. Pero no por eso quieren naturalizarse. Claro que aquí tenemos Disney y tenemos Dairy Queen, pero no son tan buenos. Ciertamente, no son motivo suficiente para dejar la familia y el hogar. Algunos, tal vez, pedirán naturalizarse a futuro, pero ése es otro asunto para otro día. Por ahora, los trabajadores indocumentados necesitan visa de residencia y permiso para trabajar. Hay que autorizarlos para cosechar el tomate y reparar la carretera estatal legalmente. Hay que autorizarles para abrir una cuenta bancaria y para sacar la licencia de conducir. Luego, hay que agradecerles por haber hecho todo el trabajo que el norteamericano no está dispuesto -ni es capaz- de hacer durante tanto tiempo.
  4. Mito número cuatro. Deben hacer la fila como todos los demás. Los trabajadores inmigrantes entran sin visa de residencia porque Estados Unidos ofrece una cantidad irrisoriamente diminuta de ellas. La cuota es algo así como 65 mil por año. Y ya hay más de once millones de trabajadores. Hay que hacer la matemática. La fila para venir y limpiar las habitaciones de hotel puede demorar más de ciento sesenta años. Es, sin embargo, más corta para estudiantes y profesionales, pues la cuota es mayor, y, los postulantes, menos. Así también para los familiares y cónyuges de ciudadanos norteamericanos. Pero si te pones a la fila para venir a cosechar la fruta en California, -como es el caso de la mayoría-, tus bisnietos podrían a morir de viejos antes de que seas atendido.
  5. Mito número cinco. Sí, se puede. En 2008, la campaña del Presidente Obama utilizó el lema, Yes, we can. Lo robaron de los indocumentados que realizaron una marcha por el centro de Dallas un día domingo en el verano de 2006. Ahí, quería decir, sí, se puede terminar con la persecución de los trabajadores indocumentados mediante una legislación que les permitiera obtener residencia legal. Para la campaña de Obama, quería decir, sí, se puede cerrar la prisión en Guantánamo, dejar de espiar a todo el mundo, dejar de invadir otros países sin motivo alguno y dejar de torturar a los extranjeros sólo para demostrar la arrogancia. Pero no se pudo adaptar las políticas y los procedimientos con respecto a la inmigración. No se pudo porque no se quiso. Al pueblo televidente le gusta la historia ocasional de alguna moza que se gana la lotería regularizando su situación. Para sentirse bien. Pero, lo que más le gusta son las otras historias; sobre aquellos que pillaron, sobre aquellos que murieron en el anonimato en algún centro de detención en el sur de Texas o Arizona.
  6. Mito número seis. Ellos traen drogas. La demanda norteamericana alimenta el negocio del narcotraficante latinoamericano. Si los estudiantes universitarios dejaran de cargarse la mesada del papito por la nariz, los traficantes quedarían en bancarrota en un día. Ellos no te imponen la droga. Tú la exiges. Hay que poner atención en la clase de economía. Más importante, no tiene nada que ver con los inmigrantes. Los narcotraficantes están cómodamente instalados en sus escondrijos, viviendo la buena vida con el dinero que el gringo fiestero malgasta en cocaína.
  7. Mito número siete. No pagan impuestos. Pagan impuestos. El impuesto de valor agregado se paga con cada compra. Cuando pagan su arriendo, una parte va para las contribuciones. Además, los patrones, para evitarse problemas, suelen pagar los impuestos de renta y seguridad social para cada empleado. Lo que sí, el inmigrante indocumentado tiene poca esperanza de, alguna vez, cobrar los beneficios que corresponderían por haber cotizado en el sistema.
  8. Mito número ocho. Cobran indemnización por cesantía. No tienen derecho ni resquicio para cobrar la indemnización por la cesantía (Welfare)
  9. Mito número nueve. Reciben tratamiento médico gratuito. No reciben tratamiento médico gratuito. En Estados Unidos la salud es pagada para todo el mundo. Se trata del sistema de salud más caro del planeta, y uno de los más malos del mundo desarrollado. El mexicano hace un esfuerzo muy grande para no enfermarse en los Estados Unidos. Cuando se enferma, no va al doctor. Llama a la mamá, larga distancia, por el celular, para preguntarle cuáles agüitas de hierba debe tomarse.

El patriotismo no se debe confundir con el chauvinismo. La democracia depende de un pueblo electoral educado. El nuestro es un pueblo ignorante, al menos en este tema, y los candidatos se aprovechan. Eso es un peligro para la democracia. Cualquiera puede apuntar el dedo. Cualquiera puede mover la bandera. Cualquiera sabe condenar al chivo expiatorio. Pero eso no es de democracia. Es propio de dictadura populista. La historia se repite. La tontera no tiene límites. Pero la verdad está para quien la quiera percibir, y la verdad te hará libre.

[1] Vamos a concentrarnos en la inmigración de la frontera sur estadounidense procedente de México y Centroamérica.  Algunos comentarios generales son relevantes para todo inmigrante, sin embargo, trataremos los temas específicos de Asia, África y Medio Oriente en otra ocasión.

Jesuita, ha trabajado muchos años en Chile y Brasil, en pastorales diversas. Actualmente está de sabático en Texas, EE.UU., su tierra natal.

Sus columnas en TAbierto

Artículos relacionados

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.