Los pernos del curso

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Terminó el año, e inevitablemente las miradas se dirigen al pasado a evaluar lo hecho, en busca de una resolución concreta y provechosa para el año que comienza. Está lo obvio, lo bueno, lo malo y lo feo. La Teletón, la U, movilizaciones, Camila y Giorgio, crisis política, bautizazo, Jordi vs. Kramer, cambio de gabinete, La Polar, los pollos, las Isapres, los indignados, en fin… cada quien podrá poner sus favoritos bajo el adjetivo que crea correspondiente.

Y en ese repaso, vuelvo una y otra vez a una imagen: Colegio. Trabajo en grupos. El perno del curso. Hace todo el trabajo.  Solo. ¿Todos aportaron? -Pregunta un docente suspicaz- Silencio incómodo, mirada al suelo, ganas de reconocimiento, lealtad mal entendida: Sí profesor. Bien, un 7…para todos.

Y qué tiene que ver esto con nuestro año. Pues todo…

Todo, porque el verdadero problema de Chile, el que explotó en las calles este año, no es la educación. Al menos no es sólo eso. Es también el trabajo, la salud, la cultura, las oportunidades; son las tarjetas de créditos y los que se endeudan para comer; es La Polar, los pollos, los bancos, las isapres; es la sensación de que no hay salida, de indefensión, de impotencia pura. Es la desigualdad. Es la injusticia. El verdadero problema de Chile es la injusticia. Pero es más que la sola injusticia…

El problema de Chile, el verdadero problema, es que todos la avalamos. El problema de Chile es que aún los supuestamente llamados a condenar la injusticia jugamos de acuerdo a sus reglas. El problema de Chile es que ha hecho costumbre un sistema en el que mientras unos abusan, otros -los supuestos justicieros- vamos dóciles y serviles limpiando imágenes. El problema de Chile es que los mismos que hablamos de justicia, no tenemos problemas en mirar para el lado cuando el contexto lo requiere…

Y  así, los mismos que emiten fariseos gritos contra la Teletón -que al menos se andan sin dobleces y siempre han apelado a la caridad y buena voluntad de los donantes- no tienen problemas en hacer la vista gorda con sus socios: la RSE como cambio de pintura. Y así, no hay problema con recibir los vueltos de instituciones con prácticas laborales que dejan mucho que desear; y así, se justifica aparecer de la mano con un proyecto ligado a fuertes cuestionamientos ecológicos; y así, hacemos campaña con un banco que apareció durante el año ligado a abusos con sus clientes. Y así, a veces sin darse cuenta, la mano derecha lava a la izquierda (¿o viceversa?).

Qué tiene que ver la imagen del colegio entonces. Todo. Porque el gran problema de Chile somos nosotros, que nos comportamos como los pernos del curso. Nosotros, las instituciones sin fines de lucro, las ONG, los paladines de la justicia, las obras sociales. Nosotros que no dudamos en hablar, en llenar de correspondencia al director, en indignarnos con la mediatización de la Teletón, pero que aceptamos servilmente nuestro lugar como engranaje final para completar el círculo de la injusticia. Nosotros que hacemos la pega… y capacitamos, educamos, construimos, formamos, acompañamos a los más pobres. Nosotros que nos quejamos en público y privado contra la injusticia. Nosotros, que frente a la suspicaz mirada de nuestra gente, de nuestros pobladores, de nuestros trabajadores, cuando nos preguntan si respondemos por el comportamiento de nuestros compañeros de grupo, hacemos la del perno: Silencio incómodo, mirada al suelo, ganas de reconocimiento, lealtad mal entendida… Parece que por ahí va la resolución del 2012.

* Diego es abogado de la P. Universidad Católica de Chile y actualmente trabaja en Infocap, la Universidad del Trabajador.

Chileno. Abogado UC. Ex Director de la Escuela Sindical de Infocap. Profesor ayudante de Derecho Penal. Trabaja actualmente como abogado en litigios.

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